Cúpula del porder en Cuba Foto © ACN

La verdadera faz de nuestro pueblo

Los actos de repudio en la Cuba de Fidel Castro no fueron inventados en 1980, cuando la fuga en masa del pueblo cubano hacia la democracia y el capitalismo norteamericanos. De hecho, el odio gubernamental hacia los cubanos existió desde el mismísimo triunfo de la Revolución, el primero de enero de 1959. Y aún subsiste opresivamente en la Isla, seis décadas después del rapto de nuestra República. Y, como legado del castrismo, lo más probable es que ese odio sobreviva hasta después de que Cuba recupere su libertad, incluso cuando el apellido Castro sea sólo un confuso nombre común más.

Sin embargo, 1980 sí marcó una diferencia fundamental: ese fue el año en que el resentimiento típico de los comunistas alcanzaría su expresión más perfecta y perversa.

Por supuesto, los negacionistas del holocastro, incluidos los intelectuales y académicos de la izquierda internacional, simplemente lo seguirán ninguneando. Para ellos, los cubanos libres nos merecemos esa soledad moral planetaria. Pero, por suerte, precisamente esa insolidaridad de los progresistas nos ha ayudado a comprender cuánta crueldad se cobija bajo el manto marxista de la intelectualidad y la academia en el Primer Mundo, con su cultura tan cómplice, siempre tan disfrazada de retórica racionalista y compasión comunitaria.

Esta semana, al contrario de mi costumbre, no será necesario usar las ideas en contra de la ideología de izquierda. Ante bien, le daré voz plena a los únicos cubanos que tienen toda la voz en Cuba, que son los déspotas de verde olivo que han devaluado hasta las palabras, dentro y fuera de nuestro país. Y, mucho peor, que han envilecido al lenguaje con sus patéticas parrafadas de caudillos con complejo de Edipo Estado.

Que hoy hable por mí, entonces, nada más y nada menos que el Partido Comunista en persona, monopolio que ha ilegalizado al resto de los partidos políticos en nuestra siniestrada nación.

Quiero que tú y yo seamos capaces de paladear ahora, como si fuera la primera vez, en aquel 1980 insular, las Orientaciones a nuestro pueblo acerca de la conducta a seguir con los apátridas, lumpens, flojos, traidores y vendepatrias que se marchan del país, una resolución oficial firmada por el Comité Provincial del Partido Comunista de Cuba en Camagüey.

Quiero que, en este verano de 2020, tú y yo sintamos hervir, en nuestras mejillas de nuevo siglo y milenio, la pena propia de los esclavos que en 1980 nos pusimos de parte del esclavista, riendo como idiotas demoniacos mientras el abusador violaba a sus víctimas. Es decir, mientras el pueblo uniformado humillaba impunemente y, en algunos casos, hasta asesinaba a sangre fría a nuestros amigos y familiares.

En estas aproximadamente mil quinientas palabras se condensa el trauma de millones de cubanos contemporáneos, gente que perdió sus biografías personales a cambio de un panfleto igualitario, lo mismo como inocentes que como verdugos.

La Revolución, en su fase agónica actual, necesita desesperadamente de la bendición del olvido. Borrar archivos. Desvirtuar torturas. Tragarse hasta el último de sus papelitos atroces.

A nosotros, los contrarrevolucionarios que a nadie debemos nuestra Contrarrevolución, nos queda al menos el consuelo de negarle ese don amnésico a la Revolución. Esa es nuestra venganza. Es decir, nuestra belleza. No olvidar nada, no olvidar a nadie, recordar hasta lo más ridículo.

Tal podría ser nuestra real reconciliación para no rumiar más rencores. Para dejar de recorrer ese cementerio incesante llamado el castrismo. Y, con suerte, para dejarles a nuestros hijos y nietos una memoria menos mala, menos malvada, menos maldecida. Donde la Historia ya no tenga ni siquiera la necesidad de absolvernos, porque entre todos tejimos y destejimos “la verdadera faz de nuestro pueblo”: su fascismo escondido en el corazón.

Orientaciones del Partido Comunista de Cuba / Imagen de archivo 

Compatriotas:

Los acontecimientos que se han producido en las últimas semanas ha concitado la justa indignación de nuestro pueblo. Su actitud firme, resuelta, enérgica y combativa frente al lumpen, los delincuentes, los flojos y vendepatrias, se ha patentizado en multitud de actos de repudio y acciones concretas en apoyo a las posiciones del Gobierno de Cuba. Momentos cimeros de esta amplia movilización popular han sido la “Marcha del Pueblo Combatiente” y la gigantesca concentración en la Plaza de la Revolución el día 1ro. de Mayo. La acción de las masas ha enseñado a nuestros enemigos cuál es la verdadera faz de nuestro pueblo, sus sentimientos, sus valores morales, su fuerza, su dignidad.

El propio pueblo se ha encargado de destrozar las cínicas y desvergonzadas calumnias de la propaganda imperialista, que trata inútilmente de distorsionar su imagen y de minar el prestigio de Cuba en el mundo, al pretender identificarlo con la fauna humana que abandona el país. Su alto espíritu combativo, patriótico, enérgico y firme evidencian su dignidad y decisión de lucha, su unidad monolítica en torno a la Revolución, al Partido y a nuestro entrañable y querido compañero Fidel. Se ha patentizado con realismo impresionante, el carácter totalmente voluntario y consciente de nuestra histórica misión de construir la Primera Sociedad Socialista en este hemisferio.

La justa indignación de nuestro pueblo se ha hecho patente de multitud de formas, todas llenas de intenso fervor patriótico y de combativa pasión revolucionaria. Esa actitud enérgica, resuelta y viril en defensa de la Revolución y de la Patria ha de mantenerse. Las manifestaciones combativas de intenso repudio a quienes traicionan a la Patria, no deben jamás limitarse.

Para evitar cualquier comportamiento irreflexivo y en ningún momento hacer el juego a posibles provocadores, que aprovechando la situación pudieran levantar cabeza, e intentar arrastrar a las masas enardecidas a acciones que pudieran servir de instrumento a la propaganda enemiga, es necesario orientar la conducta a seguir en lo adelante con los vendepatrias, parásitos, flojos, lumpens y demás especies de esta escoria humana, que traicionan a su pueblo y abandonan cobardemente el país.

Para ello se orienta:

1.-Organizar en cada municipio un grupo operativo integrado por los representantes de las organizaciones de masas, quien bajo la orientación de nuestro Partido, tendrá a su cargo atender todas aquellas incidencias que pudieran producirse al patentizar nuestro pueblo su repudio a todos aquellos que han manifestado su deseo de abandonar el país, y que no se encuentren reflejados en las presentes indicaciones. Todos los Comités de Defensa de la Revolución y demás organizaciones políticas y de masas deben conocer los teléfonos donde funcione este mecanismo organizativo, para poder acudir a él en busca de orientación en cualquier momento del día o de la noche.

En el caso de nuestro municipio Camagüey radicará en el local de los CDR Municipal con el teléfono 40 04.

2.-Al conocer de que algún ciudadano de la localidad ha pedido su salida del país, el pueblo tiene derecho a manifestar su opinión a través de actos de repudio a tal actitud, de muy diversas formas y en distintos grados de intensidad, según sea la irritación popular que tal conducta concite por los antecedentes de cada caso.

3.-En aquellos casos en que los que abandonen el país, por su podredumbre moral y descrédito social, no merezca siquiera la molestia de organizarles un mitin de repudio, se mantendrá hacia ellos solamente una actitud vigilante, advirtiéndoles terminantemente que no se les permitirá ninguna manifestación contra la Revolución, agazajos* ni despedidas. Que si están tranquilos en sus casas no se les molestará en ningún sentido, pero que si no respetan los sentimientos de los revolucionarios, recibirán la respuesta firme, enérgica y resuelta del pueblo, siendo ellos mismos responsables de los hechos que puedan ocurrir.

4.-En todos los casos, sin excepción, los CDR de las cuadras están responsabilizados con la custodia, en nombre de todo el pueblo, de las viviendas de aquellos que se marchen del país. No permitirán que persona alguna, que no conviva asiduamente en dichos hogares, se queden en las casas al marcharse estos, así como que sean extraídos de las mismas, ni distribuidos, muebles, autos, ni objeto alguno que no sean estrictamente de uso personal.

5.-El cuidado y conservación de estos bienes del pueblo deben ser preservados por la comunidad celosamente. Los Comités de Zona de los CDR, y en cada cuadra, garantizarán en coordinación con la Dirección de Vivienda del Poder Popular de cada municipio, el sellaje de las viviendas tan pronto sus moradores la abandonen. Sólo se exceptúa de esta medida aquellas viviendas donde conviven otros familiares de forma estable, reconocida y legítima.

6.-Los Comité de Defensa de la Revolución, en cada cuadra, recibirán información inmediata por los compañeros del Departamento de Inmigración del Ministerio del Interior, de todos aquellos ciudadanos que les haya sido concedido el permiso de salida del país, a fin de que a partir de ese momento, las masas comiencen a jugar el papel que les corresponde.

7.-Cuando la situación lo haga necesario o el repudio popular hacia alguno de estos elementos sea de tal magnitud que se produzcan manifestaciones públicas y masivas ante las casas de estos ciudadanos, deben tenerse en cuenta las siguientes indicaciones:

Evitar la espontaneidad. Debe organizarse el repudio a estos elementos de modo tal, que sin merma de la combatividad, ni perder la fuerza de choque de las masas, ni su respuesta enérgica y sin contemplaciones al enemigo, se mantenga el control necesario y la dirección de la manifestación por el CDR de la cuadra, a fin de evitar excesos innecesarios ni crear condiciones para que elementos provocadores inciten a las masas en este sentido.

No obstante, la irritación popular, y la justa indignación del pueblo, no es conveniente adoptar medidas tales como cortar la luz eléctrica, el gas, ni el teléfono a estas viviendas, ni mucho menos dañar físicamente las casas, ya que éstas son propiedad del pueblo y con ello no hacemos daño a los que se marchan, sino a los que en el futuro las ocuparán.

La Revolución es muy poderosa, su justa causa tiene una tremenda fuerza moral. No es necesario en los actos de repudio utilizar de forma superficial, burda ni chavacana*, el exceso de palabras obscenas para repudiar la actitud antipatriótica de los que se marchan. Sobran argumentos que gritarles con justa ira e indignación, que son mucho más contundentes y fuertes que el peor calificativo mal empleado. No es la palabra obscena la que ofende al apátrida, sino la verdad revolucionaria, nuestra fuerza moral. Cada acto de repudio, ha de ser una tribuna ideológica de la Revolución, no una simple cadena de insultos y groserías, que a veces son utilizadas cuando vienen a fortalecer una idea, o expresan una verdad, pero que de otra forma resultarían improcedentes.

No debemos olvidar, aun cuando ello nos irrite, que en la mayoría de estos hogares hay niños y ancianos, por lo que no debe impedirse tampoco que puedan alimentarse debidamente. Nuestro repudio es de carácter moral, eminentemente político, pero por ningún concepto nuestro pueblo puede perder, junto al sentido tan hondo que alberga de la justicia, el sentido humano de las cosas. Ello será también una lección moral que demos al enemigo, y un argumento menos que pueden esgrimir contra nuestro pueblo valeroso.

8.-Uno de los factores que más duele a nuestro pueblo son los niños. Víctimas inocentes del espíritu servil de sus padres, que les arrastran a una vida miserable. Ellos no son culpables. Pero con ellos debemos tener la mayor solicitud, junto al odio y el desprecio de quienes, por desgracia les dieron la vida. Todo joven o niño con la suficiente lucidez o raciocinio, que exprese su deseo de no marchar con sus padres, debe encontrar de inmediato el apoyo resuelto y firme de todos los revolucionarios. En su patria les sobrarán hermanos, no carecerán de lo necesario para vivir y educarse. Si voluntariamente alguno de ellos expresara ese deseo, los CDR le ofrecerán de inmediato su abrigo y protección. Más tarde se buscarían soluciones definitivas para todos.

9.-Nuestro pueblo, en todos los lugares, debe mantener un alto espíritu de cooperación con la Policía Nacional Revolucionaria. No actuar en contra de sus indicaciones, no interferir su actuación. La PNR actúa en nombre del pueblo, en nombre de la Revolución Socialista. Cualquier desacato a su autoridad, ha de ser interpretado como un desacato a la Revolución. La misión del pueblo es apoyarle en cada ocasión que ellos los soliciten, para mantener el orden o salir en defensa de la Revolución y de la Patria.

Estas orientaciones no persiguen en modo alguno mermar la combatividad, la fuerza de choque, la impetuosidad ni la iniciativa de las masas, son sólo normas que debemos observar para combatir mejor al enemigo, para que midan la grandeza moral de nuestro pueblo, su fuerza, su firmeza, su profundo espíritu revolucionario.

Cuando una situación especial surja, cuando la ofensa a la Revolución y a sus sagrados principios sólo se insinúe, cuando el enemigo intente levantar cabeza en cualquier lugar, en cualquier momento, o de cualquier forma, siempre encontrará la digna, resuelta, combativa y firme respuesta del pueblo. Aprenderá el enemigo a respetar a nuestro pueblo, pues con un pueblo digno, valiente, viril, enérgico y firme, no se puede jugar.

¡ANTE CADA OFENSA, UNA RESPUESTA!

¡ANTE CADA AGRESIÓN, UNA RESPUESTA!

¡ANTE CADA MANIFESTACIÓN, UNA RESPUESTA!

¡VIVA LA REVOLUCIÓN SOCIALISTA!

¡VIVA EL PUEBLO TRABAJADOR!

¡VIVA FIDEL!

¡PATRIA O MUERTE – VENCEREMOS!

______________

*El Partido podrá ser inmortal, sí, pero con faltas de ortografías de cara a la posteridad. Más allá de una falta de concordancia radical, propia del estilo totalitario, en español se escribe “agasajos” y “chabacana”, no “agazajos” y “chavacana” como creían a mediados de 1980 los comunistas camagüeyanos.

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Artículo de opinión: Las declaraciones y opiniones expresadas en este artículo son de exclusiva responsabilidad de su autor y no representan necesariamente el punto de vista de CiberCuba.

Orlando Luis Pardo Lazo

Escritor y bloguero de La Habana. Actualmente realiza un doctorado en Literatura en Saint Louis, Missouri, EUA.

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