The Pact Foto © Cartel de la película

Lo que hay que ver: The Pact

Entre las rarezas que tiene Netflix, está este pequeño material, de tan solo cincuenta y cuatro minutos.

Rápido y fácil de ver. Como toda eficaz receta audiovisual.

Realizado de una manera, bastante chea y/o picúa - como estéticamente se hacía más habitual en la televisión europea, desde alrededor de los años setenta y esto es del 2014 - tiene, sin embargo, un tema atractivo, e interesante.

Por lo menos, para aquellos a quienes les apasione la historia. Como a mí.

Empecemos, entonces, en honor a la verdad, por señalar que NO se titula THE PACT, tal y como lo anuncia, inexplicablemente, la cadena de transmisión digital.

Sino, LE SERMENT DES HITLER.

Que, traducido al español, significa: EL JURAMENTO DE HITLER.

E indaga sobre la vida de una rama desconocida, de la familia de Adolfito, "el siniestro".

¿Quién si no, con semejante apellido?

Yo no sabía que el Fürher había tenido hermanos.

Ni que un sobrino - del que más se encarga el metraje y es el eje, centro, de toda la investigación - había combatido, contra Alemania, como parte de las tropas aliadas.

Y, además, que está enterrado, con otro nombre, en un cementerio norteamericano.

Ni que otro de sus descendientes, vive actualmente en Israel.

Bastante loco, ¿no?

Pero, aunque utiliza algunas fotos y otro poco material de archivo, la verdad, es que, al final, en mi modesta opinión, todo parece más una gran "especuladera".

No creo que sea mentira, pero es que... me explico:

El asunto es que ya el documental de estos tiempos, ha tenido que enfrentarse con el, cada vez más frecuente, FALSO DOCUMENTAL.

Eso ha hecho que todo espectador actual avezado, desconfie siempre.

Lo que es lo mismo: tienes que ser muy convincente y demostrar con hechos ciertos. No con conjeturas, o elucubraciones.

Y, aún así, SE ACABÓ EL CREER.

Ya, hasta las noticias "reales" de cada día, nos causan desconfianza.

Y las ponemos en dudas.

Que se me aparezcan tres tíos, delante de cámara, con cara de estudiosos bobalicones y se presenten como "especialistas en los parentezcos familiares del peor monstruo que ha pintado la humanidad - Stalin, Kim Il Sung, Mao, muchos otros y quién tú sabes, no se quedaron atrás - me hace más preguntarme: ¿qué hacen esos "abelarditos" para sobrevivir? ¿Averiguar eso y mas ná? ¿Con eso se come? O, ¿cómo se come eso?

¿Y porque lo dicen ellos, ya, es verdad?

No sé. Solo sé que no sé nada. Y cada día sé menos, aunque veo más.

Finalmente - y después de dar muchas vueltas, en un árbol genealógico, tan enmarañado, que uno como que necesita de un GPS histérico, no histórico, para orientarse - aterrizan con los, supuestamente, últimos, últimos, últimos, requete últimos, hiper postreros, parientes relacionados con el "terrorcito hijo pródigo malcriado de la Wehrmatch".

Quienes, al parecer, han jurado NO hablar nunca jamás del tema.

Con nadie.

¿Se entendió?

¡CON NADIE!

Ni siquera entre ellos mismos.

Y aquí es donde entra el dichoso pacto del que se habla en el título.

¡Qué rocambolesco!

Y como esa es la hipótesis disparatada gala... y eso no se puede quedar así...

En los últimos minutos, para allá va el "director de cine francés", con una cámara encubierta en sus espejuelos, a filmar la negativa de uno de ellos a hablar sobre eso.

Es decir, el realizador va dejar constancia... de un silencio.

Y luego lanza la "teoría conspirativa" de que los sucesores del pérfido apellido, se juraron no procrear, para así NO traer más descendientes de esa malasangre al mundo.

Porque el personaje principal, en lugar de huir de la influencia nazista, le hacía un homenaje encubierto a la admiración de la oveja negra, maldita, de la familia.

¿Mon Dieu, que aporta eso al mundo?

Lo que sí es comprensible es que para esos seres relacionados con esos tamaños monstruos, sea necesario el asumir nuevas identidades para sobrevivir y no llevar la carga encima de los malos pasos de sus antecesores.

Aquí va un poco de historia, mal mezclada con revistas de chismes, cine detectivesco y telenovela mexicana; explicada por unos "eruditos" ingleses, con más cara de pingustia, que la gobernadora obesa que se come la comida de las provincias orientales en la "siempre fidelísima isla de Juana y su real gana americana".

Entretenido, y hasta, un poco macarrónico, oír a los letrados catedráticos entrevistados, hablar en inglés, ser doblados al francés, al tiempo que son subtitulados al español.

Ah, y el cartel que acompaña a esta recomendación, tampoco, tiene nada que ver.

Pero, es el único que sale en Internet para promocionarla.

No me explico el porqué.

Lo curioso, además, es que yo no vi esa imagen en todo el metraje.

A lo mejor, pasó muy rápida, o pestañeé.

Que también los cineastas pueden dormirse, sobre todo, viendo cine.

La verdad es que no sé si esto es una recomendación, o un chisme de pasillo, para dejar desecho en menudos pedazos, a un ordinario pasatiempo.

Porque eso es: volátil esparcimiento.

Cincuenta y cuatro minutos, sentado frente a una pantalla, conociendo de algo más, que no sea parte de la rutina que nos rodea a diario.

Si le interesa escapar por esta vía... ¡aproveche!

No le cambiará la existencia, empero, sí, se la mantendrá, por un rato, distraída.

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Juan Carlos Cremata Malberti

Director de cine y guionista cubano. Se graduó en 1986 de Teatrología y Dramaturgia, en el Instituto Superior de Arte (ISA) de La Habana, posteriormente cursó estudios en la Escuela Internacional de Cine de San Antonio de los Baños graduándose en 1990.

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Juan Carlos Cremata Malberti

Director de cine y guionista cubano. Se graduó en 1986 de Teatrología y Dramaturgia, en el Instituto Superior de Arte (ISA) de La Habana, posteriormente cursó estudios en la Escuela Internacional de Cine de San Antonio de los Baños graduándose en 1990.

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