Maíz híbrido cubano Foto © Captura de video / NTV

Cuba importa más de $1800 millones de dólares en alimentos al año

Cuba importa más de $1800 millones de dólares en alimentos cada año, una cifra ilustrativa de la ineficiencia productiva y la dependencia alimentaria del país. 

Un artículo del diario oficialista Granma señala que solo tres productos básicos, el maíz, la soya y el arroz, representan más del 30% de esas importaciones, lo cual pone a la isla muy lejos de alcanzar la "independencia alimentaria".

En el texto, el doctor en Ciencias Mario Pablo Estrada García, director de Investigaciones Agropecuarias del Centro de Ingeniería Genética y Biotecnología (CIGB), abordó el caso del maíz, que ha tenido muy bajo rendimiento, con alrededor de una tonelada por hectárea en los últimos años.

"Las causas de tan baja productividad obedecen a varios factores, desde la dificultad para adquirir en tiempo los insumos del paquete tecnológico, que lleva su cultivo, hasta los problemas asociados al procesamiento industrial", señaló el experto.

Aunque afirma que para revertir esa tendencia fue adoptado un grupo de medidas que estimularán la producción, y se ejecutó un plan de inversiones que mejoraron la maquinaria agrícola y el procesamiento industrial del grano, Cuba no avanza en su producción alimentaria.

Ahora, el gobierno cubano promete salir de la crisis con las controvertidas variedades de semillas híbridas desarrolladas por sus científicos, que según Estrada García tienen un rendimiento de 4.5 toneladas por hectárea en el caso del maíz transgénico. 

El total que Cuba dedica a la importación de alimentos rebasa los $1500 millones de dólares hace casi 10 años, y eso según las maquilladas cifras oficiales. 

El pasado mes de julio el gobierno de Cuba anunció un decreto ley para el uso de organismos genéticamente modificados (transgénicos) en la agricultura, una vía cuestionada por movimientos sociales afines al régimen pero que ahora este pretende usar para aliviar la grave escasez de alimentos en isla.

Tras décadas de prácticas ineficientes en el sistema estatal de la agricultura, que han convertido al país –otrora exportador de productos–, en uno netamente importador, las autoridades quieren incorporar los transgénicos "como una alternativa para desarrollar la productividad".

Armando Rodríguez Batista, viceministro del Ministerio de Ciencia, Tecnología y Medio Ambiente (CITMA), llegó a decir que estas variedades de cultivo impulsarían la "soberanía alimentaria" sobre la base de la ciencia, la tecnología y la innovación, un concepto creado por la organización La Vía Campesina que rechaza en sí todo lo transgénico y aboga por la agroecología y la sostenibilidad de los suelos. 

Algunas voces en la isla, por su parte, consideraron que las siembras transgénicas constituyen "una falta de respeto mayúscula a la labor de muchísimos agroecólogos y campesinos" cubanos.

Según la periodista Mónica Baró, los productores han probado, a través de sus investigaciones y sus propios resultados de trabajo durante décadas, que en Cuba es posible "producir alimentos con eficiencia y costos mínimos" sin necesidad de recurrir a los polémicos granos modificados.

"Cuba tiene un potencial agrícola extraordinario. Los problemas de la producción de alimentos no tienen que ver con falta de capacidades sino de políticas democráticas y justas e inversiones", afirmó. 

Mientras la escasez arrasa las ciudades de Cuba, en los campos se pudren las cosechas por la ineficiencia estatal para recoger y distribuir la producción.

Ante esa situación los campesinos, uno de los sectores que más propuestas han presentado al régimen cubano para erradicar la escasez de alimentos que padece el país, han pedido al mandatario cubano Miguel Díaz-Canel el "levantamiento del bloqueo interno a las fuerzas productivas agrícolas" de la isla para poder impulsar las cosechas. 

En mayo, la Liga de Campesinos Independientes y la Federación de Mujeres Rurales Latinoamericanas dijeron a las autoridades que los trabajadores del campo estaban dispuestos a cooperar, pero solicitaban al Gobierno un grupo de medidas para aliviar su trabajo, que ya no solo se centra la tierra o los animales, sino en gestionar un sinnúmero de trabas burocráticas que entorpecen la producción.

Entre ellas, pidieron la libre producción y distribución, así como la autonomía para fijar los precios de acuerdo al mercado.

También solicitaron libertad para importar y exportar sin mediación del Estado, la eliminación -al menos por una década- de los impuestos a productores y procesadores de alimentos y la entrega de los títulos de propiedad permanente de las tierras.

En agosto último la Liga de Campesinos Independientes de Cuba y la Federación de Mujeres Rurales también enviaron una carta a Naciones Unidas con el fin de "prevenir una hambruna" en el país.

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