Médicos cubanos a su llegada a Italia. Foto © Cubadebate/ Consulado de Cuba en Milán

Médicos cubanos confirman negocio redondo para el gobierno por misiones en el exterior

La venta de servicios médicos de Cuba en el extranjero resulta rentable para las arcas del régimen castrista que hasta la semana pasada estuvo negando un negocio evidente, disfrazándolo de solidaridad, según testimonios de profesionales de la salud que cumplieron misiones por el coronavirus.

CiberCuba habló con tres galenos cubanos que regresaron recientemente de Honduras e Italia, donde trabajaron atendiendo a enfermos de COVID-19.

Emilio Díaz, médico residente en Santa Fe, en el oeste de La Habana, ha vuelto desencantado de Honduras, pese a calificar de "positiva" la experiencia, desde el punto de vista de conocimiento del virus, del que "no conocíamos nada y nos fuimos entrenando por el camino, asesorados desde Cuba por el doctor [Francisco] Durán y su equipo, que nos mantenían al tanto de los principales descubrimiento en cuanto a la profilaxis y las medidas para detener el contagio.

El médico cubano asegura que causaron una buena impresión en los pacientes hondureños, afecto que se puso de manifiesto en la despedida que la municipalidad de San Pedro Sula les dispensó antes de regresar a Cuba.

"Pero esa es solamente la cara feliz de la historia, la otra cara nadie la cuenta por miedo a ir preso, o que no te dejen salir a ninguna otra misión, me refiero a la cara de soldados que tenemos todos los integrantes de las misiones, que trabajamos bajo coacción y debemos reír y aplaudir los desmanes de nuestro empleador: El estado cubano”, dijo Díaz.

Según el médico, trabajó gran cantidad de horas extras de su servicio en la ciudad de su estancia en la ciudad de San Pedro Sula sin que se las pagaran, además de que el Estado cubano se queda con un tercio de lo que abona el país anfitrión.

En declaraciones a la televisora hondureña HCH, la doctora Blanca Toymil, coordinadora de los médicos cubanos que trabajaron en ese país centroamericano, señaló que su equipo influyó en una orientación del sistema de salud local, encaminada al fortalecimiento de la atención primaria, pero el doctor Díaz matiza: "El gobierno cubano hizo un negocio redondo y, cuando sumas todo el dinero que quita a los médicos que alquila a otros países arroja una cifra de miles de millones de dólares al año, y además nos felicitan por resultar unas victimas patrióticas, solidarias y altruista".

Organismos internacionales como Naciones Unidas, han responsabilizado a Cuba de someter a sus médicos a trabajo forzoso.

José Miguel Vivanco, director de Human Rigth para América Latina, ha pedido a los gobiernos que contratan a médicos cubanos, que animen al régimen castrista a revisar el sistema orwelliano de sus misiones, diseñado para conocer con quién viven sus colaboradores, de quién se pueden o no enamorar, y hasta con quién se les permite hablar.

“En Honduras, viví mi tercera experiencia de trabajar en el extranjero, bajo contrato con el gobierno cubano y, en todas, sucedió lo mismo: Total restricción de movimientos, quitándonos los pasaportes desde el primer día; nos exigían informar a nuestros superiores si surgía alguna relaciones amorosa y nos prohibieron cualquier contacto cercano con personas críticas con la revolución, así como permanecer en lugares indecorosos”, recordó Díaz.

Agregó que cualquier suceso de un colega se debe informar inmediatamente a la dirección o eran acusados de complicidad.

"Los castigos por faltas cometidas iban desde una reprimenda pública, hasta la retención del salario, pasando por la exclusión de la misión y el traslado a otra región lejana dentro de Cuba”, detalla el doctor Díaz.

Otro médico que regresó recientemente a Cuba tras una misión en Italia es Diego Varela, quien confiesa que estaba loco por volver a su casa, porque la pandemia en Italia era de locura.

“Por cuatro pesos casi cojo el COVID-19. Gracias que nos fuimos a tiempo, porque allí los muertos se contaban por miles. Yo estuve loco por viajar, jamás había salido del país, y soñaba con conocer otro mundo. Pero cuando me vi preso tan lejos, y sabiendo que más de la mitad del salario era para ellos, me disgusté, pero nada se podía hacer, si te quejaba te mandaban para Cuba y posiblemente te quitaran el título de médico, una amenaza que nos mantenía atado de pies y manos”, manifestó Varela.

El doctor Varela trabajó en Turín y, cuando les dijeron que regresaban a casa le volvió el alma al cuerpo. “Nos despidieron con bombo y platillo en el Parco Doria, con más de 400 personas aplaudiendo. También estaban los pacientes curados y sus familiares y hasta el embajador cubano en Italia”, recordó.

Varela rememora las palabras del jefe del hospital de campaña para pacientes del Covid-19, Sergio Livigni, cuando dijo que los cubanos habíamos creados en Turín un modelo nuevo, multidisciplinar e internacional para tratar a los enfermos.

“Sonaba bonito y con el vino hasta resultaba estupendo, sobre todo que regresáramos a Cuba, pero para muchos de nosotros era como si les anunciaran a los reclusos que había llegado una extraña, pero ansiada carta de libertad”, sentenció.

Un médico cubano desplazado a Crema, Lombardía, y que pidió el anonimato, por las represalias que pudiera sufrir por su testimonio, cuenta los detalles del acto:

“Fue toda una fiesta. Se celebró en la céntrica Plaza del Duomo. Los médicos cubanos estábamos de pie en la explanada, con las mascarillas faciales puestas, manteniendo la distancia de seguridad para prevención del contagio; mientras se escuchaban los himnos de Italia y Cuba miré a mi alrededor y éramos como la estatuas de aquellos gladiadores de la antigua Roma alistados para morir y parecían jubilosos”.

El acto se extendió con oradores que largaron discursos de elogio y gratitud, pero el testimoniante confiesa que "no escuchaba, era un soldado del Cesar, timado, oprimido, censurado y aislado del mundo, con la única recompensa real de regresar a casa vivo”.

La semana pasada, el gobierno cubano reconoció de manera indirecta que la venta de servicios médicos es una de sus principales fuentes de ingreso, a través de un artículo en Cubadebate, que empezó hablando del embargo estadounidense y acabó admitiendo que vender médicos y enfermeras es un buen negocio.

El reconocimiento del beneficio lucrativo de las misiones médicas cubanas con denuncias por su desempeño en diferentes países se produce en vísperas de la próxima sesión del Consejo de Derechos Humanos de Naciones Unidas, donde La Habana aspira a sentarse por tercera vez.

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Yunia Figueredo

Palma Soriano 1980. Bibliotecaria y periodista independiente. Graduada en Tecnología de la Producción. Activista de la Sociedad Civil cubana desde 2010 y ha colaborado en diferentes medios de prensa independientes nacionales y extranjeros

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