Colas en La Habana, en una imagen de archivo. Foto © CiberCuba

¿No hay motivos para rendir cuentas este año en Cuba?

El Consejo de Estado ha anunciado este miércoles que quedan suspendidas las asambleas de Rendición de Cuentas en los barrios de Cuba por tres motivos: la situación higiénico-sanitaria del país, los efectos de la pandemia y el impacto de la COVID-19 en la economía.

En un país serio, la decisión de eliminar un mecanismo de participación democrática no se camuflaría en los párrafos centrales de una noticia titulada: "Sesionó el Consejo de Estado", como recogió el periódico Granma. Es una maniobra política inadmisible. Como suelen decir los linces de las cloacas de la comunicación política: si quieres esconder algo, ponlo donde todo el mundo lo vea.

En efecto, nadie podrá echarle en cara al Granma que haya ocultado la supresión de las reuniones en las que los cubanos tienen la única oportunidad de patalear para que les arreglen un bache o se busque remedio a los minibasureros en los barrios. 

La decisión del Gobierno cubano de eliminar durante lo que queda de año las más de 68 mil reuniones de Rendición de Cuentas que se celebran a lo largo del país en la práctica apenas tiene impacto en la vida de la gente. En nuestros ciudades hay huecos en las calles que están ahí desde el inicio de la era 'revolucionaria' y a estas alturas ya forman parte del paisaje de una Cuba destruida por la desidia y la mala gestión. 

Eliminar esas reuniones, sin levantar ampollas en el pueblo, demuestra que están temiendo a un proceso intrascendente creado por el propio sistema para lanzar falsas señales de participación social.

El propio Gobierno admite que de los 195 mil planteamientos que los ciudadanos hicieron el año pasado en esas reuniones para rendir cuentas, se quedaron sin compromiso de solución 91 mil de ellos. Ahí imagino que entran las miles de familias que viven en viviendas precarias y para las que el gobernante Partido Comunista de Cuba no tiene desde hace años una solución a mano.

Pero por muy superficiales que sean las reuniones de Rendición de Cuentas, es aún más banal el argumento que da el Gobierno para suspenderlas. Atribuir a la COVID-19 la interrupción de esa válvula de escape, una semana después de decretar el fin del confinamiento en La Habana y de reabrir los aeropuertos internacionales y reactivar el transporte interprovincial nos lleva a pensar que, como mínimo, la persona o el equipo de personas que ha tomado esa decisión tiene trastornos de la personalidad.

Hay peligro de COVID para rendir cuentas a los electores, pero no lo hay en las colas multitudinarias frente a las tiendas del país. Es más, decir que se suspenden esas reuniones por la situación económica es casi lo mismo que admitir que no hay un centavo en Cuba y que los compromisos adquiridos con la ciudadanía el año pasado no se van a cumplir debido a esta situación extraordinaria. Nos toman por tontos.

Vamos a refrescarle la memoria al Consejo de Estado. En septiembre pasado el Instituto Nacional de Deportes, Educación Física y Recreación (INDER) convocó una carrera para celebrar el 60 aniversario de los Comités de Defensa de la Revolución (CDR). La propaganda estatal invitaba a participar en ella a los vecinos de los barrios, en pleno confinamiento por la situación supuestamente crítica de la pandemia en La Habana. 

¿No hay peligro para echar el potaje corriendo por los CDR pero sí lo hay para ejercer el derecho a pedir explicaciones a los delegados de la Asamblea del Poder Popular? El argumento del Consejo de Estado, como ven, hace aguas.

Como maniobra política era de esperar. Nadie que ha faltado a su palabra quiere que la gente le eche en cara la escasez y el hambre. En estos casos, cualquier asesor político recomendaría suspender las reuniones en las que este año, con toda seguridad, no se iba a hablar del bache de la calle, de la acera rota o de que pongan teléfono.

La gente está alterada. Por eso el despliegue militar y por eso la movilización de efectivos paramilitares en las colas de todo el país. La economía cubana está en terapia intensiva. El problema es que nuestra Isla no tiene quien la ayude porque hay crisis por todas partes.

Hay, además, precariedad en el empleo en todo el mundo y esto afectará inevitablemente a las remesas que enviamos los cubanos. Pero también hay una afectación mayúscula del turismo. Quienes tienen trabajo no se arriesgan a perderlo. Hay miedo a viajar al extranjero y a no poder regresar. La movilidad internacional está herida de muerte y lo están notando las aerolíneas y los países que viven del turismo.

Vivimos tiempos muy duros y esto va a ir a más. La chispa puede prender, como prendió en la primavera árabe, por problemas comunes y endémicos.  La rebelión tunecina empezó en 2010 cuando un joven universitario, vendedor ambulante, se quemó a lo bonzo para protestar porque la Policía le había confiscado su puestecito de frutas.

En 2018, Alhucemas, una localidad siempre rebelde del norte de Marruecos, se lanzó a la calle en masa porque a un vendedor le decomisaron su pescado y se lo echaron a un camión de la basura. El hombre se metió dentro a recuperarlo y terminó triturado. 

¿Podría pasar en Cuba? Claro que sí. Hay 250 mil pequeños empresarios que han cesado su actividad. El Estado no tiene trabajo para todos y la gente no está preparada para enfrentarse a un segundo Período Especial a pecho descubierto.

Por eso el Consejo de Estado elimina las reuniones de Rendición de Cuentas. No tienen nada que decirle a la gente para tranquilizarla y no han tenido el valor de dejar en manos de los delegados municipales la labor diplomática de explicarle a una madre que no hay carne para su hijo, pero sí hay dinero para desplegar patrullas de la Policía y camiones militares por todo el país.

Es un golpe a la participación democrática, aprovechando un año que no es normal. Entre el teque del bloqueo y el coronavirus, Díaz-Canel encontró excusas para eliminar el "Poder Popular".  Y todavía no hemos llegado a Navidad.

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Tania Costa

(La Habana, 1973) vive en España. Ha dirigido el periódico español El Faro de Melilla y FaroTV Melilla. Fue jefa de la edición murciana de 20 minutos y asesora de Comunicación de la Vicepresidencia del Gobierno de Murcia (España)

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