Las bestias del Ministerio de Cultura de Cuba

Definitivamente se les ha ido la cabeza. Están fuera de control. Son peligrosos y por mantener sus prebendas y sus casitas en Miramar son capaces de matar. Pero esto ya no hay quien lo pare.

El ministro de Cultura, agrediendo a manifestantes frente al Mincult. Foto © Tremenda Nota / Facebook

Hemos asistido con desasosiego, desde la distancia, a la brutalidad desatada hoy frente al Ministerio del Cultura en La Habana contra manifestantes pacíficos que han querido interceder para parar las detenciones arbitrarias de periodistas, artistas y activistas cubanos, cuando se cumplen dos meses del 27N.

Da vergüenza ver a funcionarios de un Ministerio de Cultura, señores, calzarse las chancletas 'metedeo' y enfundarse licra revolucionaria y guayabera para agredir a jóvenes pacíficos que no piensan como ellos, que no creen en lo que ellos creen; que no repiten lo que les dictan y que quieren dialogar.

Los comunistas están desquiciados. Han perdido los nervios y el relato. Por eso no les ha quedado más remedio que cortar internet y soltar por el noticiero una noticia infame que no se la cree ni quien la escribió.

Imagínense: una periodista del NTV dice que estaba en el Mincult, donde estaba teniendo lugar la manifestación, pero no nos cuenta lo que vio. Se limita a leernos un comunicado del Ministerio de Cultura, que dista mucho de la realidad, que millones de cubanos hemos visto en directo a través de la prensa independiente. Para eso no hacía falta levantarse de la silla, jovencita. Se podía haber ahorrado el viajecito. 

Lo peor es que lo que cuenta el noticiero cubano ni siquiera se parece a las imágenes que nos han conmocionado a todos. Justifican la violencia del ministro y sus secuaces con la defensa de unas ideas que sólo han traído hambre, miseria y oscuridad a Cuba.

Hoy hemos visto al funcionariado chusma y chancletero del Ministerio de Cultura agredir a jóvenes indefensos y pacíficos. Hemos escuchado los gritos de las personas detenidas y montadas, en contra de su voluntad, en una guagua sin que a esta hora sepamos adónde los han llevado.

Hemos visto a Fernando Rojas, el viceministro de Cultura, con su camisa chavista, pedir a los manifestantes que desalojaran el exterior del Mincult porque "lo digo yo que soy el viceministro" y, por supuesto, por la pandemia.

Hemos visto que vuelven a utilizar la Covid 19 para castigar a quienes piensan diferente; para disolver manifestaciones, para intimidar y reprender.

Las colas no son contagiosas, pero veinte personas guardando la distancia de seguridad frente al Mincult son un peligro. ¿Y saben por qué? Porque nuestros revolucionarios se cagan de miedo. Están nerviosos. Han perdido la voz cantante y los papeles. Ya no tienen quién les crea su cuento de hadas. 

Hoy hemos visto en directo a un oficial de la Seguridad del Estado negándose a mostrar su identificación a la periodista Camila Acosta y hemos sido testigos de cómo la ha agredido para quitarle el teléfono. Un hombre contra una mujer. Un funcionario público del Ministerio del Interior intimidando y maltratando a una periodista. Un machista con autorización para hacer lo que le salga de la entrepierna. Esa es la Cuba comunista. Esa es la gente que recluta el PCC.

Hemos escuchado la voz de un animal que gritaba a un joven que se callara. Lo hemos visto todo, señores, y ha sido en directo. Da mucha impotencia ver a esas bestias en acción, pero esto renueva nuestras esperanzas de que al totalitarismo le queda nada y menos.

Es hora de que el mundo deje de mirar para otro lado y vea quién agrede; quién machaca; quién abusa y a quién se le va la cabeza.

Lo que han visto los cubanos de la Isla en el noticiero es una versión apócrifa de lo ocurrido hoy en el Mincult. Es mentira, propaganda barata. ¿De verdad creen que cortando Internet hoy, las imágenes del Ministerio de Cultura no circularán por los teléfonos en Cuba?

Nuestro país ya no aguanta más. No podemos permitir que esta gentuza del Partido Comunista siga acumulando pólvora para hacer estallar la Isla a escondidas, sin voces que narren la explosión.

Cuba necesita romper las cadenas y hay un grupo de jóvenes dispuestos a conseguirlo. De nada sirve que los acusen de mercenarios. Vuelvo y repito: no hay dinero en el mundo para pagar a todos los cubanos descontentos con un Gobierno que no sabe gestionar un país. 

No saben de economía, pero tampoco saben lidiar con el talento. Todo el que no piense las cuatro mierdas que ellos piensan, es enemigo; es terrorista. Han banalizado tanto el terrorismo, que ya hasta las moscas que les sobrevuelan están pagadas por Estados Unidos, ese monstruo al que están deseando acercarse.

Definitivamente hoy se han retratado. Están fuera de control. Son peligrosos y por mantener sus prebendas y sus casitas en Miramar son capaces de todo. Después que pase todo esto, porque esto pasará, Miramar se convertirá en un museo del horror.

Pero el horror pasará también. No les quepan dudas. Esta gentuza tiene que soltar las riendas de nuestro país. Cuando uno quiere dialogar es porque espera conseguir algo. Estamos abiertos al diálogo, pero sin que unos pocos (los comunistas) se arroguen el derecho a decidir quiénes son los artistas honestos con los que están dispuestos a hablar y quiénes son mercenarios y, por tanto, están invalidados para sostener una conversación sobre la violación de derechos humanos fundamentales en nuestra nación.

Déjense de historias. Ustedes no quieren dialogar. Les encanta hablar en lugares donde todos piensan lo mismo. Eso no es un debate, es un coro. Es muy fácil hablar con quien piensa como tú, lo difícil es hacerlo con quien no te aplaude; con quien te tutea porque no te debe nada. De tú a tú.

Cuba es hoy más reaccionaria que nunca. Hemos retrocedido décadas y la gente ya no aguanta más. 

Queremos un país próspero; una nación unida, queremos que nunca más vuelva haber colas ni hambre en nuestra Isla. Pero por encima de todo, queremos democracia. Y eso no lo vamos a conseguir con el payaso de la continuidad ni con los agresores del Mincult. Nadie dice que sea fácil. Nos va costar, pero vamos a lograrlo. 

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Tania Costa

(La Habana, 1973) vive en España. Ha dirigido el periódico español El Faro de Melilla y FaroTV Melilla. Fue jefa de la edición murciana de 20 minutos y asesora de Comunicación de la Vicepresidencia del Gobierno de Murcia (España)

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