The New York Times detalla el caso de Alina López-Miyares, la norteamericana presa en Cuba acusada de espionaje

López-Miyares, afectada por serios problemas de salud, cumple sentencia en la isla desde el 2017.

Alina López Miyares Foto © Cortesía familia Miyares

Un reportaje de la periodista Frances Robles, publicado este domingo en el diario norteamericano The New York Times, analiza en detalle el caso de la ciudadana cubanoamericana Alina López Miyares, acusada de espionaje en 2017 y condenada a 13 años de prisión en la isla.

López-Miyares, con doble nacionalidad cubana y estadounidense, lleva tiempo pidiendo ayuda al gobierno de EE.UU. tras verse envuelta, según Robles, en "una turbia historia de amor impregnada de espionaje internacional".

La historia de López Miyares comenzó como la de muchos otros cubanoamericanos: su familia huyó a Estados Unidos en 1966, tras la llegada al poder de Fidel Castro. Construyeron una vida en Nueva Jersey, donde ella creció y se convirtió en pianista y profesora, siguiendo los pasos de su madre.

Siendo una joven de 20 años, conoció en una fiesta a Félix M. Milanés Fajardo, un diplomático cubano que trabajó en la sede de Naciones Unidas de 1989 a 1993. Noviaron, pero a mediados de la década de 1990 la pareja tomó caminos separados. El diplomático regresó a Cuba y López siguió a su madre a Miami, donde trabajó como profesora de educación bilingüe y realizó un doctorado en la Universidad Nova Southeastern. Se casó y se divorció dos veces, y crió a un hijo de su primer matrimonio.

Años después, se reencontró con su antiguo novio, el diplomático cubano y, en 2007, sin decírselo a su familia, se casó con él.

Milanés había sido durante años agente de la inteligencia cubana, con los grados de teniente coronel. Así se lo confesó a Alina poco después de casarse, en la víspera de Navidad de 2007.

Para entonces, Milanés vivía en Cuba. No se le permitía salir de la isla, por lo que su esposa pasó la siguiente década visitándolo con frecuencia. Según los registros judiciales cubanos, Milanés era alcohólico y dependía de ella económicamente.

En enero del 2017, López Miyares recibió una críptica llamada telefónica de su marido pidiéndole que fuera a Cuba.

La llamada era una trampa. Milanés había sido capturado en una embarcación en Baracoa, cuando trataba de huir de Cuba. Había llamado a su mujer desde la cárcel, atrayéndola a la isla tras pactar con la Seguridad del Estado. "Tenía una historia que contarles", aseguró.

López Miyares voló a La Habana y fue detenida en el aeropuerto, cuando trataba de regresar. A las autoridades cubanas les confesó la historia que compartía con Milanés Fajardo: en 2011, el Buró Federal de Investigaciones de EE.UU. (FBI) la había contactado proponiéndole que sirviera de enlace entre esa agencia y su esposo para obtener supuesta información confidencial.

Tras informar a su marido de la oferta del FBI, este decidió cooperar con los estadounidenses. A través de su esposa, les dio los nombres encubiertos de agentes cubanos en Estados Unidos y detalles de algunas de sus propias misiones.

Según los documentos judiciales, en el interrogatorio Miyares explicó a los cubanos que los agentes norteamericanos le ofrecieron ayuda para sacar a su marido, y a la hija que él tenía en Cuba, de la isla a cambio de información.

Aconsejada por un abogado cubano, López llamó a su madre en Miami y le pidió que recogiera tres libretas en su apartamento y las llevara a Cuba. Los militares utilizaron esos documentos para armar el caso contra ella, según los registros del tribunal cubano y su actual representante legal en la isla, Edilio Hernández.

Una de las libretas contenía nombres de oficiales de servicio de la inteligencia cubana, así como de tres agentes cubanos activos y tres jubilados, según los registros del tribunal cubano; otra libreta tenía los nombres y números telefónicos de agentes especiales estadounidenses “conocidos por López”.

López habría recibidos dos pagos del FBI: 400 dólares para cubrir gastos y 10.000 dólares para ayudar a Milanés a pagar a un contrabandista y escapar de la isla, según documentos judiciales. Ella asegura que hizo todo eso por amor.

A finales de 2017, López Miyares y su esposo fueron juzgados por un tribunal militar cubano, que los consideró culpables de trabajar a favor de los servicios especiales estadounidense. El exdiplomático y ex agente recibió una condena de 17 años de prisión. Su esposa, una de 13. El proceso, que duró una mañana, transcurrió en el más completo hermetismo.

Ahora, cuatro años después, Hernández, actual abogado de López-Miyares en la isla, ha pedido el indulto de su clienta al Consejo de Estado y al gobernante Miguel Díaz-Canel.

El pasado mes de febrero, a través de una llamada telefónica con su abogado defensor en EE.UU., Jason Poblete, Miyares apeló directamente al presidente norteamericano Joe Biden.

“Soy inocente. Por favor, ayúdenme a volver a mi país”, declaró la cubanoamericana, quien hasta el momento no ha podido recibir ninguna visita de funcionarios norteamericanos

A sus 62 años, López Miyares padece una nefropatía crónica, y tras estar en varias prisiones ha sido trasladada recientemente a una especie de campamento en Caimito, donde trabaja como profesora.

Su madre, Alina Miyares, una ex maestra de escuela de 93 años, lleva tiempo luchando por su liberación. Ha apelado a miembros del Congreso norteamericano y a diversas organizaciones en Estados Unidos, con poco éxito. A pesar de su avanzada edad, solía ir a Cuba todos los meses para llevarle a su hija medicinas y alimentos, hasta que el coronavirus interrumpió sus visitas.

“Caminé todo Miami buscando apoyo y nada”, cuenta la anciana a la periodista del New York Times. “Ni una sola persona del gobierno, o político, me ha ayudado con mi hija. Nadie. No me queda adónde ir”.

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