Cubano al gobierno: Tú trabajas con el miedo, y con el odio

Te hiciste una espada que no puedes usar, solo mostrar.

Javier Bobadilla Foto © Facebook / Javier Bobadilla

Yo no soy valiente. Ni siquiera estoy seguro de qué cosa es el valor. Es algo que hace hacer estupideces. En la naturaleza, los valientes no existen, todos se extinguieron ya. El valor es para amateurs.

¿Y tú? Tú trabajas con el miedo. Y con el odio.

Primero me muestras los instrumentos. Los describes paso por paso. Ejemplificas, para mostrar en qué caso los usarías.

Recuerdo que en los tiempos de la Inquisición se hacía eso mismo. Al reo se le mostraban los instrumentos. Las cadenas de estirar hasta romper los ligamentos. El aparato de aplastar los pies. El embudo para llenar el cuerpo con agua. La parrilla, para asar lentamente. Muchos confesaban de sólo verlos. Muchos confesaban cualquier cosa que se les ordenara confesar. Muchos confesaban, y después acusaban a cualquier otro de cualquier cosa, sin importar que fuera o no verdad, sólo para no ver más los instrumentos.

Así que ahí estás tú, mostrando orgulloso tus leyes medievales. Seguro de que no tendrás que usarlas.

Pero tú no eres la Inquisición, y vienes a mostrarme esas leyes medievales después de que, hace unos días, uno de los tuyos me dijera, en un discurso lleno de esquemas del lenguaje, muletillas y clichés, enterrado debajo de toneladas de palabras de relleno, QUE NO SABÍA LO QUE IBA A PASAR CON EL PETRÓLEO.

Expones -entre serio y burlón- la panoplia de antigüedades que planeas usar para defenderte, y entre el metal oxidado y la madera carcomida, recuerdo que uno de los tuyos me dijo hace unos días, en un discurso plagado de falsa calma y triunfalismo fingido, empaquetado en un lenguaje impersonal y automático, QUE SE ESTABA ACABANDO LA HARINA PARA EL PAN Y QUE NO SABÍA CUÁNDO HABRÍA DE NUEVO.

Y en las tiendas MLC estás vendiendo productos en fecha de vencimiento, muy por encima de su valor.

¿Y yo? Yo quisiera sentir ese sano miedo que me enseñaron en mi casa cuando niño. Todo fuera más fácil. Pero no siendo valiente, pienso mucho las cosas antes de hacerlas. Y desgraciadamente, también pienso mucho antes de tener miedo.

Te veo agarrado de 2 o 3 puntos clave. El resto cuelga en el vacío. Te estás basando en el Odio Artificial que estás inyectando en el Pueblo -esperanzado de que el Pueblo te defienda contra el Pueblo-, en el miedo individual que, esperas, produzca el recordar esas leyes, y en la historia de que "ahora sí estamos construyendo el socialismo", que tiene 60 años.

¿Si de verdad tienes esas leyes, qué haces que no las aplicas? ¿Por qué Alcántara está preso en un hospital y no en la cárcel? ¿Por qué Maykel Osorbo está en su casa, junto con todo el que te levantó la voz? Si tienes todo el derecho de tu parte. Las leyes son tuyas.

Porque te hiciste una espada que no puedes usar, solo mostrar. Yo he visto esas espadas. Se quedan de adorno, porque son inútiles en el campo de batalla. Demasiado grandes, demasiado engalanadas, demasiado trabajadas, demasiado pesadas. Porque supuestamente no tienes presos políticos, y de eso depende que alguien se digne a ayudarte en los meses que vienen. Porque sueñas con EEUU y con la Unión Europea, pero ellos no se acuerdan de ti.

Todo el andamiaje de leyes está orientado a protegerte de que "el pueblo se tire pa' la calle", como dicen en Miami. Eso te aterroriza, porque es lo que te enseñaron desde niño que no podía ocurrir. Y te diré: tienes razón. Detrás del pueblo en las calles no viene la victoria del Pueblo, viene la invasión, viene otro loco en el poder, viene la guerra entre los generales de Alejandro por el reino. Pero sabes que el pueblo va a tener hambre y COVID, y no va a tener electricidad ni agua, y no puedes hacer nada. No vas a tener petróleo ni comida, porque ahora hay poco dinero y ustedes son muchos a repartir, y no son buenos trabajando en equipo. Si usas tus leyes, cada vez que las uses pierdes credibilidad internacional, y para ti, credibilidad internacional = dinero fácil. Si vuelves a abrir las fronteras para que se vaya la escoria y después mande dólares, nos parquean un portaviones clase Nimitz en el Malecón. Si tiras UNA BALA, aunque sea de goma, te lo parquean en la piscina de tu casa.

Si sigues inyectando Odio Artificial, tarde o temprano alcanzará masa crítica. El Odio tiene su dosis exacta, y estás empezando a echar demasiado.

Yo no me alegro de tu infortunio. Yo voy a estar del lado sin comida, ni agua, ni corriente. Yo me voy a ahogar en la balsa. Yo me voy a perder en la selva. El balazo de goma va a ser para mí. Si viene el portaviones, yo voy a coger el primer bombazo. Voy a ser la carne de cañón en la guerra incivil de los generales. Salga como salga, no voy a dejar de ser bicitaxista.

Si tengo mucha, mucha suerte, yo soy quien va a vivir toda mi vida en un país extraño, lejos de mi tierra y de los míos. Quizá dentro de unos años esté gritándole a los que dejé aquí "que hasta cuándo, que acaben de tirarse pa' la calle".

Para mí no hay victoria posible en esto, ni la ha habido nunca. Espero que lo hayas entendido. Eso no me hace más valiente, pero me libera. El día que nos hundamos JUNTOS en el mar, antes que traicionar la gloria que se ha vivido, tú habrás vivido tu vida en miedo, y yo en paz.

Yo habré sido un buen intento de ser humano. Tú habrás sido un lamentable error.

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Javier Bobadilla

Javier Alejandro Bobadilla Díaz, La Habana, 1979. Estudió ciencias de la computación, artes marciales japonesas y fotografía, sucesivamente. Relee las obras completas de Borges, periódicamente. Usa todo lo anterior -a falta de talento real- para escribir de política y sociedad

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