Aduana de Cuba visita a la niña discapacitada a la que decomisó una piscina inflable

Responsables de Ciego de Ávila viajaron a Vigía, un caserío de Jatibonico, a comprobar que tiene una malformación en los pies que le impide caminar. También, las condiciones precarias en las que vive la familia. Dicen que están investigando el caso.

Jessica, la niña cubana con discapacidad a la que Aduana le decomisó la piscina, en su casa. Foto © CiberCuba

Responsables de Aduana de Cuba visitaron este lunes a Jessica, la niña discapacitada a la que le decomisaron una piscina inflable enviada por su tío, residente en Uruguay.

Dos responsables de Aduana aparecieron sin avisar en la casa de Diannis Jiménez Oña, amigo del tío de la menor, Vladimir Valdivia, y le pidieron que los llevara a la casa de la niña.

La pequeña vive con su madre y una hermana en un caserío llamado Vigía, en la comunidad de La Yaya, en Jatibonico, Sancti Spíritus. Está creciendo en una familia monoparental, que sobrevive en condiciones precarias y así lo pudieron confirmar los dos funcionarios de Aduana que la visitaron.

Seis meses de espera

Desde el centro de la Isla, Diannis Jiménez Oña se desplazó la semana pasada a la sede de Aerovaradero en La Habana porque llevaba seis meses esperando que le enviaran los paquetes no acompañados que había facturado en Montevideo. Aunque lo intentó, no pudo comunicarse con la agencia de paquetería porque nunca le cogieron el teléfono.

Al llegar a la capital, los funcionarios que lo atendieron le dijeron que tenía que elegir entre un bulto propio que contenía ropa y la piscina para Jessíca, que le había encomendado Valdivia, como envío no acompañado. La explicación que le dieron es que supuestamente se pasaba de peso, aunque él asegura que no superaba los 125 kilos permitidos. Jiménez eligió la ropa pero intentó, sin éxito, reclamar la piscina.

Jessica tiene dos años y nació con pie equinovaro, una malformación que le impide caminar. Su tío le compró la piscina inflable, decomisada la semana pasada, para que se entretuviera jugando en el agua y, además, ejercitando las extremidades ya que aún no ha podido ser sometida a una intervención quirúrgica.

La piscina le costó en Uruguay aproximadamente unos 230 dólares, más los gastos de envío y aunque llegó a Cuba en diciembre de 2020, Valdivia no tuvo confirmación de su decomiso hasta este mes de junio.

Cansado de llamar por teléfono sin que le atendieran en La Habana, el amigo de Valdivia alquiló un carro por 5.000 pesos y se desplazó desde Jatibonico, Sancti Spíritus, a buscar la ropa y la piscina pendientes de entrega en la capital.

Fue entonces cuando se enteró de que, aunque las reglas de Aduana no prohíben enviar piscinas inflables a la Isla, los funcionarios que lo atendieron le dijeron que estaba pasado de peso y que tenía que elegir entre la ropa y la piscina. Aunque no estaba de acuerdo, no le quedó otra que aceptar. A esa hora estaba todo cerrado y no había nadie que atendiera su queja.

Acta del decomiso de la piscina. Foto: CiberCuba

Tras denunciar lo ocurrido en CiberCuba, la Aduana de Cuba se puso en contacto con Valdivia y aunque no le dio esperanzas sobre la devolución de la piscina, le recomendó que interpusiera su reclamación en una dirección de correo que le facilitaron (aduana@agr.aduana.gob.cu).

Además, le aseguraron que han iniciado una investigación sobre el motivo del decomiso que en teoría iba a concluir en cuestión de horas. Sin embargo, a día de hoy, Valdivia no sabe si la piscina será entregada a su sobrina discapacitada.

CiberCuba ha tenido acceso al acta de decomiso de la piscina (536684), que tuvo lugar este 4 de junio a las 11.20 am. Según consta, la sanción estaría presuntamente amparada en el decreto ley 22/20, artículo 13.

Artículo 13 del Decreto Ley 22/2020, publicado en la Gaceta Oficial el 10 de diciembre de 2020. Foto: CiberCuba

Ese artículo 13 alude no a que se ha pasado de peso sino a que el equipaje no puede sobrepasar los 1.000 dólares de valor. Al respecto, Valdivia aclaró que en la empresa de paquetería de Montevideo le dijeron que la carga no acompañada iba aparte de la maleta.

El joven se mantiene a la espera de que le confirmen si su sobrina podrá disfrutar de una piscina en la que pueda sentirse igual a otros niños que sí pueden mover sus pies.

CiberCuba se puso en contacto el sábado a través de email con Aduana de Cuba para interesarse por el caso y para saber si existe posibilidad de devolver la piscina a la niña discapacitada y aún no ha recibido respuesta.

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Tania Costa

(La Habana, 1973) vive en España. Ha dirigido el periódico español El Faro de Melilla y FaroTV Melilla. Fue jefa de la edición murciana de 20 minutos y asesora de Comunicación de la Vicepresidencia del Gobierno de Murcia (España)

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