Abuela de autor de la masacre de Texas podría no volver a hablar tras disparo en el rostro

"La bala entró en la mandíbula de Sally justo al lado de su boca y le destrozó todos los dientes. Si la bala estuviera a una pulgada en otra dirección, le habría volado la cabeza", dijo el primo de la anciana.


La abuela de Salvador Ramos, responsable de la muerte de 19 niños y dos maestras de la escuela primaria Robb de Texas, podría no volver a hablar nunca más por el disparo en el rostro que le hizo su nieto.

Celia "Sally" Martínez Gonzales, de 66 años, recibió un tiro en la cara el pasado 24 de mayo, cuando Ramos le disparó en su propia casa minutos antes de ir hacia la escuela, donde perpetró la matanza.

"La bala entró en la mandíbula de Sally justo al lado de su boca y le destrozó todos los dientes", dijo a New York Post Jason Ybarra, primo segundo de la anciana.

El hombre detalló que hasta el momento su prima solo se comunica por escrito.

"Ella lo está haciendo bastante bien, considerando lo que sucedió. Pero es posible que nunca pueda volver a hablar", agregó.

La mujer se ha sometido a varias cirugías por sus lesiones, pero aún le faltan varias más.

"Si la bala estuviera a una pulgada en otra dirección, le habría volado la cabeza", dijo Ybarra.

El día de los hechos, Salvador Ramos disparó a su abuela en la casa donde el joven vivía desde hacía meses tras una pelea con su madre. La mujer recibió un balazo que le entró por el lado derecho de la cara y salió de su cuerpo.

Después, el agresor tomó el auto de la familia y se dirigió a la escuela, donde asesinó a 19 alumnos de cuarto grado y sus dos maestras.

Aquella mañana el ambiente en la vivienda era normal. Ramos tuvo una discusión con su abuela sobre el pago de una factura telefónica, pero nada significativo, según relató luego su abuelo, Rolando Reyes, el esposo de Celia.

Reyes, de 72 años, aseguró que si hubiese sabido que su nieto tenía armas en la casa, lo habría denunciado.

El anciano puntualizó que él tiene antecedentes penales y la ley no le permite tener un arma en su hogar.

"No me gustan las armas. No puedo estar cerca de las armas. Odio cuando veo todas las noticias, todas esas personas a las que les disparan", dijo a ABC News.

También comentó que sale cada día a trabajar y no tenía mucho tiempo para estar con su nieto, aunque hablaba con él todos los días.

"Era callado, y era todo, no era malo, no hacía drogas, no hacía nada", señaló.

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