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Residentes del municipio de Vertientes, en la provincia de Camagüey, denuncian la creciente ola de violencia e inseguridad en esa localidad, marcada en las últimas semanas por el aumento de robos e intimidación a los pobladores por bandas de encapuchados.
Reportes de sucesos violentos en redes sociales y medios de prensa independientes reflejan la escalada de la delincuencia en el municipio camagüeyano y ponen en evidencia la falta de acción eficaz de la policía para frenarla.
El portal de noticias Vertientes, Camagüey reseñó cuatro hechos recientes en los que delincuentes con los rostros cubiertos han entrado armados a las viviendas de sus víctimas para robarles motos, dinero y otras pertenencias. En uno de los eventos, a inicios de febrero, fue ultimada una mujer con un arma de fuego, un crimen que las autoridades siguen sin resolver, mientras el asesino continúa libre.
En otro hecho ocurrido recientemente, dos hombres con capuchas irrumpieron de noche en una casa del reparto Los Chinos, próximo al central Panamá, y amenazaron a su propietaria con un cuchillo en la garganta, exigiéndole las llaves de su moto eléctrica, según una denuncia publicada en el sitio por el periodista Luis Enrique Perdomo Silva la semana pasada.
Los sujetos le advirtieron a la mujer que “si hablaba, la mataban a ella y al niño”, por lo que ella accedió y les dio las llaves, tras lo cual se fueron “campantemente”, denunció un miembro del grupo de Facebook “Vertientinos por el Mundo”, de forma anónima.
“Es mucha la inseguridad que se está viviendo, de ser un municipio tranquilo a un municipio inseguro. ¡De qué hablamos!, ¿de seguridad?, no jodan”, exclamó la persona.
A una joven residente en una zona cercana al Comité Militar, varios encapuchados la asaltaron también dentro de su domicilio, en horas de la noche, y tras amenazarla, le llevaron la moto eléctrica.
Otra víctima de la delincuencia fue un señor identificado como “Goyito”, a quien le robaron 300,000 pesos en una finca ubicada en el camino a la comunidad rural El Chorro. Vecinos atestiguaron que los autores del atraco también tenían las caras cubiertas.
El caso que más conmoción ha causado fue el asesinato de Cristina Guerra, de 54 años, el 3 de febrero, en su casa en el barrio de San Antonio, por un sujeto encapuchado que aún sigue en libertad debido a la ineficaz actuación de la PNR (Policía Nacional Revolucionaria).
Pese a las constantes críticas de la población, el régimen continúa impulsando en redes sociales una campaña informativa de exaltación de la labor de los llamados “héroes de azul”, reportando la detención de individuos que han cometido múltiples delitos. Sin embargo, estos hechos representan apenas una fracción de los numerosos incidentes que están ocurriendo en el país y, específicamente, en Vertientes.
“Clausuras de vallas de gallos, acoso a campesinos, multas, robos y decomiso de mercancías o carne de res forman parte del aparente accionar de la policía”, señala el periodista del sitio alternativo, y advierte que “la emisora de radio, subordinada al aparato propagandístico del régimen, y las ciberclarias adiestradas en amplificar estos contenidos no se atreven a mencionar los que reseñamos”.
La nota recoge el reclamo de otra persona en el grupo “Revolico Vertientes 2025”: “Caballero, aquí la gente tiene que parar, hasta cuándo con los robos y el raterismo!!! Están destruyendo familias. No les importa matar ni que los maten. Casi todos son jóvenes que tienen tremendo lomo para trabajar. ¿Hasta cuándo con el descaro?”.
Luego de insistir en negar el incremento de la delincuencia y atribuirlo a una percepción potenciada por las redes sociales, el gobierno cubano se ha visto obligado a reconocer que los delitos han aumentado en el país, aunque “con tendencia a la disminución”.
Sin embargo, la realidad en Cuba es muy diferente a lo que plantean los dirigentes. Las denuncias ciudadanas crecen por día, ante la desprotección de la policía.
Asesinatos, robos, asaltos -muchos a plena luz del día- son muy frecuentes, según revelan los testimonios de los cubanos, que ya no perciben la supuesta seguridad de la que antaño presumía el gobierno.
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