
Vídeos relacionados:
En una época en la que el boxeo cubano era sinónimo de gloria internacional, Félix Lemus fue una de las figuras que aportó brillo al medallero nacional, aunque su historia no tuvo el mismo final glorioso que otros contemporáneos.
Hoy, este cienfueguero de 64 años vive lejos del ring y aún más lejos del reconocimiento que merece. Su voz, rota por el desencanto, resuena como testimonio vivo del abandono que han sufrido muchas figuras del deporte cubano tras su retiro.
En una reciente entrevista concedida al periódico oficial Trabajadores, Lemus hizo pública una situación que arrastra desde hace años: vive apartado en el campo, trabajando la tierra para sobrevivir, con apenas algo más de 3 mil pesos mensuales —una cifra simbólica por su condición de combatiente internacionalista— y una salud quebrantada por el esfuerzo.
"Nadie se preocupa por mí, ni saben dónde estoy", lamenta.
Félix Lemus no fue un boxeador cualquiera. Campeón nacional en 1985 y subcampeón en 1984 y 1986, también conquistó medallas en torneos Playa Girón, el Córdova Cardín y se colgó el oro en los Juegos Centroamericanos y del Caribe de 1983.
Fue protagonista en los duros pesos completos durante los años en los que Teófilo Stevenson dominaba la categoría. De hecho, uno de sus méritos menos reconocidos es que nunca fue noqueado por él, algo que sí ocurrió con muchos de sus rivales.
"Siempre perdí ante él, una vez por votación de 3-2. Pero nunca me noqueó", comentó con orgullo. "Sinceramente iba confiado a esos combates. Hacía mi pelea. ¿Qué podía pasar? ¿Que me noqueara? Eso le pasaba a casi todos", añadió.
Enfermedad, pobreza y olvido institucional
Hoy Lemus arrastra secuelas físicas graves: tiene cuatro hernias discales, una cervical operada y sufrió un infarto. Está imposibilitado físicamente. Su esposa, operada de cáncer, tampoco puede trabajar ni cuenta con pensión alguna.
"Vine aquí para subsistir. En la ciudad (...) es imposible", subrayó.
"Hice gestiones hace años para que nos cambiaran de vivienda. Vivíamos ocho personas en un apartamento de dos cuartos. Nunca recibí respuesta. Mi situación era conocida incluso por el gobierno provincial", denunció, con una claridad que deja en evidencia la indolencia de las instituciones.
Una anécdota que pinta de cuerpo entero el desinterés del gobierno: "Hace muuuuchos años la Comisión de Atención a Atletas me dio un juego de baño. Prometieron comprarme las losas. Todo se quedó ahí".
Una de las razones por las que Lemus no recibe el apoyo que otros atletas retirados sí disfrutan es su clasificación burocrática: no es considerado una "gloria deportiva", sino una "figura relevante". Esa diferencia limita su acceso a ciertos beneficios y ayudas.
"No sé qué es eso", dijo con evidente frustración. "No peleé en Juegos Olímpicos ni en Campeonatos Mundiales ni Panamericanos. Ahí estaba Teófilo Stevenson. Fui oro en torneos Playa Girón y Giraldo Córdova Cardín, titular del Campeonato Centroamericano y del Caribe de 1983 y logré medallas en varios eventos en Europa".
La diferencia no es menor. En Cuba, las glorias deportivas suelen recibir cierto respaldo estatal. Las figuras relevantes, sin embargo, muchas veces caen en el olvido, como si sus logros no hubieran sido suficientes para merecer memoria ni gratitud.
Racismo y una salida forzada del boxeo
Lemus también reveló las razones más dolorosas por las que abandonó el boxeo: una fuerte discusión con el histórico entrenador Alcides Sagarra y una experiencia personal marcada por el racismo.
"Yo sentí el racismo. Digo la verdad. En el boxeo no llevaban bien a los blancos cuando se decidía quién iba a las competencias. Si reclamabas, te decían que era una decisión técnica", detalló.
"En algún momento de mi carrera fueron injustos conmigo. Estar en unos Juegos Olímpicos hubiera sido tremendo, pero ahí estaba mi amigo Teófilo Stevenson. Era imposible", admitió.
Una historia común entre atletas olvidados
La historia de Félix Lemus no es única. En los últimos años, han salido a la luz otros casos similares de atletas cubanos que, tras dar sus mejores años al deporte y representar a Cuba en múltiples escenarios internacionales, terminan sus días en el abandono, con ingresos miserables y sin acceso a una vida digna.
Lemus, desde su pedazo de tierra, sigue luchando. Ya no en el cuadrilátero, sino contra la indiferencia. Y sus palabras no deberían caer en saco roto. "Nadie se preocupa por mí, ni saben dónde estoy". Ojalá alguien, más allá de una entrevista esporádica, escuche.
Archivado en: