En un giro significativo que ha generado alivio en los mercados internacionales, Donald Trump anticipó este martes que habrá una rebaja "sustancial" de los aranceles impuestos a las importaciones chinas, al tiempo que aseguró que no tiene intención de destituir al presidente de la Reserva Federal (Fed), Jerome Powell.
La doble declaración representa un cambio de tono por parte del presidente de EE.UU. en dos de los frentes más tensos de su política económica: la relación con el banco central y la guerra comercial con China.
Ambas posturas habían provocado incertidumbre entre los inversores, lo que llevó a una fuerte retirada de capitales en los mercados estadounidenses a inicios de esta semana.
Respecto a la Fed, Trump aclaró que no tiene "intención de despedirlo”, en referencia a Jerome Powell, pese a sus críticas reiteradas a la política de tasas de interés del banco central.
El presidente añadió que le gustaría ver a Powell “un poco más activo” en cuanto a la reducción de las tasas, pues considera que “es el momento perfecto para hacerlo”, según reveló este miércoles la agencia EFE.
Incluso relativizó su propia retórica agresiva de días anteriores: “Si no lo hace, ¿es el fin? No”, afirmó, rebajando la tensión después de haber calificado a Powell como “gran perdedor” en una declaración anterior.
Guerra arancelaria: De la escalada a la desescalada
Sobre la disputa comercial con China, Trump sorprendió al señalar que los aranceles del 145% que su administración impuso sobre numerosos productos chinos “van a bajar sustancialmente”.
Aunque no ofreció una cifra específica, sí adelantó que “no quedará ni cerca de ese número”, aunque “tampoco será cero”.
Cabe recordar que estos aranceles fueron inicialmente justificados por motivos como el papel de China en la distribución de fentanilo y prácticas económicas consideradas injustas por Washington.
Pekín respondió con medidas equivalentes, imponiendo aranceles del 125% sobre bienes estadounidenses, lo que intensificó una guerra comercial que ha tenido efectos adversos en el comercio global.
El presidente chino, Xi Jinping, también se pronunció con contundencia este miércoles, al advertir que los conflictos arancelarios “socavan los derechos e intereses legítimos de todos los países, dañan el sistema multilateral de comercio e impactan en el orden económico mundial”.
Tensiones internas y presiones externas
La presión para una desescalada proviene también desde el propio gobierno estadounidense.
El secretario del Tesoro, Scott Bessent, señaló en un evento privado que los aranceles actuales “equivalen a un embargo comercial recíproco”, y expresó su confianza en que se logrará una reducción progresiva de las tensiones.
En palabras de una fuente presente, Bessent ve “una desescalada en el futuro cercano”.
Howard Lutnick, secretario de Comercio de EE.UU., también ha abogado por una “tregua arancelaria”, posicionándose en oposición a la línea más dura promovida por Peter Navarro, uno de los asesores más cercanos a Trump en temas comerciales.
Por su parte, la portavoz de la Casa Blanca, Karoline Leavitt, subrayó que el gobierno “va muy bien con respecto a un potencial acuerdo comercial con China”.
Según Leavitt, “el presidente y el gobierno están preparando el escenario para un acuerdo”, ya que “la bola avanza en la dirección correcta”.
Las consecuencias económicas y la postura de la Fed
Las tensiones comerciales han tenido efectos tangibles en las proyecciones económicas.
Jerome Powell, jefe de la Fed, ha advertido en repetidas ocasiones que la guerra comercial podría representar un lastre significativo para la economía estadounidense.
El Fondo Monetario Internacional (FMI) ha revisado a la baja sus previsiones para EE.UU., situando el crecimiento en un 1,8% para este año, lo que supone una reducción de 0,9 puntos porcentuales respecto a su pronóstico anterior.
Powell, cuyo segundo mandato culmina en mayo de 2026, ha optado por una estrategia de cautela ante el dilema que enfrenta: mientras una reducción acelerada de las tasas de interés podría estimular la economía facilitando el crédito, también conlleva el riesgo de una mayor inflación, especialmente si se mantienen los aranceles altos.
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