Piden ayuda para el actor cubano Samuel Claxton, aquejado de problemas de salud



Samuel Claxton y Libia Batista © Facebook / Libia Batista Mora
Samuel Claxton y Libia Batista Foto © Facebook / Libia Batista Mora

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Este artículo es de hace 1 año

En Cuba, la gloria de los escenarios y las pantallas no garantiza dignidad en la vejez. Pese a sus aportes a la cultura nacional, numerosos artistas terminan sus vidas en condiciones de extrema vulnerabilidad, víctimas de un sistema institucional que olvida a quienes una vez engrandecieron el arte en la Isla.

El caso del popular actor de cine y televisión Samuel Claxton, muy querido por generaciones de cubanos, ha reavivado el debate sobre la desatención estatal hacia sus intérpretes.

Samuel Claxton y Libia Batista. Foto: Facebook / Libia Batista Mora

Claxton, de 82 años, enfrenta un delicado cuadro de salud desde hace tiempo, según denunciaron colegas y amigos en redes sociales.

Samuel Claxton y Libia Batista. Foto: Facebook / Libia Batista Mora

Vive en el reparto Alamar, en La Habana del Este (aunque en este momento no está allí), y sus necesidades médicas básicas, como sondas vesicales y bolsas colectoras de orina, no están siendo cubiertas por las instituciones que deben velar por su bienestar.

Samuel Claxton y Libia Batista. Foto: Facebook / Libia Batista Mora

En Facebook, la plataforma Cubaactores compartió fotos tomadas de la cuenta de Libia Batista, directora de casting y figura clave en la red de apoyo a actores cubanos, en las que se ve a Samuel bastante delgado.

Captura de Facebook / Cubaactores (Actores y Actrices Cubanos)

En su cuenta de lnstagram (la publicación en Facebook ya no existe) Libia relata: "Llevaba días pensando en este actor, Samuel Claxton. Lo llamaba y nadie contestaba. Y hoy me fui con Anita hasta Alamar y cuando llegamos no lo tenían en su casa, qué triste, hasta que empezamos a preguntar y nos dijeron que su esposa se lo había llevado para su casa, ya que él no debe subir escalones".

Captura de Instagram / Libia Batista Mora

"Su alegría fue tremenda. Está malito, necesitamos sondas No. 16, 18 y 20 y bolsas para la recogida del orine. Este excelentísimo actor de más de 60 filmes, con su carisma de siempre, tenemos que ayudarlo. Por favor, cualquier ayuda a mi teléfono 52648942".

Samuel Claxton y Libia Batista. Foto: Facebook / Libia Batista Mora

La actriz Yaneisy Sánchez también compartió públicamente los detalles del pedido, sumándose al llamado de Cubaactores y de Libia Batista.

Captura de Facebook / Yaneisy Sánchez

Todo el que esté dispuesto a donar puede llamar al número 53164696.

Captura de Facebook / Cubanos en el mundo

Las denuncias son claras y dolorosas: artistas que entregaron su vida al teatro, la televisión o el cine nacional, hoy dependen de la solidaridad ciudadana para sobrevivir.

"Lo mínimo es que pueda tener sus sondas vesicales y su recolector de orina sin necesidad de pedir", escribió una internauta en el post de Cubaactores .

Ese clamor resume la frustración ante el abandono sistemático del Ministerio de Cultura y la Unión de Escritores y Artistas de Cuba (UNEAC), entidades que se limitan a emitir homenajes póstumos pero se muestran ausentes cuando sus miembros más lo necesitan.

Nacido en Camagüey en 1943, Samuel Claxton es un reconocido actor con más de cinco décadas de carrera en televisión, cine y teatro.

Uno de sus personajes más queridos en la pequeña pantalla fue el Mantilla de la gustada serie policiaca "Su propia guerra". En el cine, protagonizó el filme "En 3 y 2" y participó en títulos como "Los días del agua", "Retrato de Teresa", "Caravana", "Operación Fangio" y "La última cena".

En el teatro actuó en obras como "María Antonia", "Unos hombres y otros", "Divinas palabras" y "Santa Camila de La Habana Vieja".

Las denuncias son claras y dolorosas: artistas que entregaron su vida al teatro, la televisión o el cine nacional, hoy dependen de la solidaridad ciudadana para sobrevivir.

"Lo mínimo es que pueda tener sus sondas vesicales y su recolector de orina sin necesidad de pedir", escribió una internauta en el post de Cubaactores .

Ese clamor resume la frustración de muchos ante el abandono sistemático por parte del Ministerio de Cultura y la Unión de Escritores y Artistas de Cuba (UNEAC), entidades que se limitan a emitir homenajes póstumos pero se muestran ausentes cuando sus miembros más lo necesitan.

El de Samuel Claxton no es un caso aislado.

En enero pasado, falleció el actor Lázaro Guillermo Gómez Jiménez en condiciones deplorables.

Según denuncias en Internet, Gómez -quien había perdido una pierna y sufría graves complicaciones de salud- fue rechazado en varios hospitales. Fue un transeúnte, el médico Lázaro Daniel, quien lo encontró tirado en la calle y lo trasladó al hospital Calixto García, donde finalmente murió.

La indignación creció cuando se supo que, pese a su prestigiosa trayectoria en el teatro y la televisión, ninguna institución se movilizó en su auxilio.

Otro nombre que ha sufrido el peso del olvido es el del actor Jorge Losada. En 2024 trascendió que necesitaba una silla de ruedas para movilizarse, pero no podía adquirirla.

Luis Lacosta, director de arte del ICAIC, acudió al Consejo de las Artes Escénicas y a la UNEAC, pero le respondieron que no contaban con ninguna disponible. "Aquí la cosa no es nada fácil ni con los actores famosos", lamentó.

Años antes, Losada ya había enfrentado una anemia severa y una alarmante escasez de medicamentos, por lo que sus allegados recurrieron a las redes sociales para solicitar ayuda.

Estos episodios son síntomas de una descomposición institucional que castiga con la indiferencia a quienes dieron lo mejor de sí por el arte cubano.

Actores, músicos y otros creadores envejecen en el anonimato, muchas veces sin acceso a una pensión digna, ni medicamentos, ni una red estatal que garantice cuidados básicos.

Las publicaciones que denuncian estos hechos, además, enfrentan restricciones en plataformas digitales, lo que obliga a quienes quieren ayudar a recurrir a vías informales para ofrecer asistencia.

La Cuba que alguna vez ovacionó a estas figuras, hoy los deja en la penumbra. La narrativa oficial sobre la cultura como "pilar de la Revolución" contrasta drásticamente con el abandono real que padecen sus protagonistas cuando ya no están en el escenario.

Mientras las instituciones se mantienen en silencio, la solidaridad popular -esa que no requiere decretos ni aplausos- sigue siendo el único salvavidas para los artistas cubanos en su vejez. Pero no debería ser así.

Honrar a quienes construyeron el patrimonio cultural de un país no puede depender de la caridad ciudadana. Se requiere una política pública seria, sostenida y sensible, que retribuya con dignidad a quienes dedicaron su vida al arte y hoy claman por no ser olvidados.

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