Cuba atraviesa una de las peores zafras azucareras de su historia reciente y, a pesar de discursos de “resistencia creativa” y recorridos de autoridades políticas por los centrales, los números no mienten: varios ingenios clave han producido menos del 15 % de su plan, otros apenas sobreviven entre apagones, la maquinaria es obsoleta y la caña escasa.
En Calimete, Matanzas, el central Jesús Sablón Moreno acaba de cumplir 100 días de zafra sin haber logrado todavía el objetivo de las 16,700 toneladas previstas, aún le restan 5,000 por producir, y todo depende de “que las condiciones climáticas lo permitan”, reconoció el diario oficial Girón.
El periódico señaló que, a pocas semanas del cierre de la campaña, la rutina es una lucha diaria contra los frecuentes apagones, roturas de equipos, falta de piezas de repuesto y reparaciones urgentes. El esfuerzo humano, que no falta, no compensa el desgaste de un sistema productivo en estado crítico.
La situación se repite con mayor gravedad en Santiago de Cuba, donde el central Dos Ríos, único activo en la provincia, apenas había producido el 13 % del plan (unas 3,000 toneladas de 20,811) tras 73 días de campaña.
Las autoridades locales reconocen que la zafra está en crisis, pero insisten en “producir más azúcar, salvar la zafra y la industria, tanto en la parte agrícola como en la industrial”, como exhortó recientemente la primera secretaria del Comité Provincial del Partido, Beatriz Johnson Urrutia.
Las Tunas no se queda atrás en el desastre. El central Antonio Guiteras, el mayor del país, apenas superaba el 11 % del plan a mediados de abril. Durante una visita al ingenio, el viceprimer ministro Jorge Luis Tapia Fonseca, “pidió un esfuerzo extraordinario de su gente para lograr un repunte”, según publicó el periódico provincial 26.
Incluso, el primer secretario del partido comunista en esa provincia, Osbel Lorenzo Rodríguez, admitió públicamente que “la producción de azúcar tocará mínimos históricos”, durante un reciente análisis del desempeño de la economía en el territorio durante los tres primeros meses de 2025.
En medio de esta debacle, la prensa oficial destacó el 30 de abril que Sancti Spíritus se había convertido en la primera provincia del país en cumplir el plan de azúcar.
El periódico oficial Escambray “celebró” los indicadores del central Melanio Hernández, en Taguasco, sobresaliente, a su juicio, por “superar todos sus parámetros de rendimiento industrial, optimizar el aprovechamiento del potencial de la caña, garantizar la producción de un grano de alta calidad para el consumo y aportar más de 4,000 MW/h al Sistema Electroenergético Nacional”.
Sin embargo, el medio no informó cuántas toneladas se produjeron realmente, lo que genera dudas sobre la magnitud de ese supuesto logro. Se trata de un silencio llamativo si se considera que, según reportes previos, el plan era de más de 19,000 toneladas, a cumplirse antes del 11 de marzo. No sólo no se transparentan los números, sino que buena parte de la caña utilizada provino del vecino central Uruguay y del “Heriberto Duquesne”, de Villa Clara, lo que relativiza el mérito local.
En enero, la zafra azucarera en Cuba atravesaba una de sus peores crisis: de los 14 centrales previstos para la campaña, sólo seis estaban operativos.
Ese panorama crítico se atribuyó a la arrancada tardía y a la no incorporación de ocho centrales hasta ese momento, responsables del 75 % de la deuda productiva del sector.
La preparación de las industrias para iniciar la molienda fue severamente afectada por la falta de recursos. La crisis energética retrasó las reparaciones en centrales, talleres de mecanización y centros de limpieza, además de limitar la fabricación de partes y piezas necesarias para la maquinaria.
La zafra 2022-2023, con sus 350,000 toneladas de azúcar, se convirtió en la peor cosecha desde 1898, cuando, en plena Guerra de Independencia, los ingenios de Cuba produjeron 300,000 toneladas.
El dato confirma el retroceso brutal de un sector que llegó a ubicar a la isla entre los principales exportadores de azúcar del mundo.
En diciembre de 2023, el gobierno reconoció que es “vergonzoso” que el país, tradicionalmente uno de los principales productores de azúcar de América Latina, se viera obligado a importar este producto.
Más que una zafra, lo que vive Cuba en 2025 es el entierro lento y oficial de su industria azucarera. El problema ya no es cumplir un plan, es que cada central que sobrevive parece hacerlo por milagro. Y el azúcar, que un día endulzó la economía del país, hoy es otro símbolo de su decadencia.
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