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Activistas por los derechos de los animales, cuidadores voluntarios y numerosos residentes de Miami-Dade se han manifestado enérgicamente contra una propuesta de ordenanza —Item 4B en la agenda del 20 de mayo— que busca prohibir alimentar intencionalmente a gatos, perros y aves silvestres como los pavos reales en propiedades públicas o comerciales del condado.
La ordenanza, impulsada por la comisionada Raquel Regalado, alega razones de salud pública: sostiene que las colonias animales no controladas generan enfermedades, basura y un entorno insalubre.
Sin embargo, para quienes dedican sus días —y muchas veces sus vidas— a cuidar a estos animales, la medida es inhumana, injusta y contraproducente.
En una carta enviada a los comisionados, activistas expresaron su oposición tajante:
“Los albergues de Miami-Dade ya están saturados. Si esta ordenanza se aprueba, ¿cuál es el plan para los innumerables animales que dependen de estas alimentaciones para sobrevivir? ¿Eutanasia o muerte lenta por inanición?”, cuestionan.
Subrayan que los cuidadores no son el problema, sino parte de la solución: “Son residentes, en su mayoría personas educadas y compasivas, que ayudan a Miami-Dade sin reconocimiento, sin financiación y sin apoyo. Criminalizar sus esfuerzos no solo es ineficaz, es cruel.”
La dimensión humana detrás del conflicto ha cobrado protagonismo. Muchos cuidadores alegan que compran alimentos con sus propios sueldos, pagan consultas veterinarias, colocan agua durante las olas de calor y siguen alimentando aunque llueva, truene o haya huracanes.
Algunos llevan más de 15 años cuidando la misma colonia, conocen a cada gato, lloran cuando uno desaparece o muere, y aún hospitalizados se aseguran de que alguien más los alimente.
“Comemos todos los días, bebemos agua todos los días. Ellos también tienen ese derecho”, dicen. “Ya se viene el calor del verano. ¿Vamos a dejar que mueran por hambre o deshidratación?”, cuestionan activistas.
Además, veterinarios consultados por CiberCuba han afirmado que los gatos de colonias controladas suelen estar más sanos que los que viven hacinados en refugios, donde el estrés y las enfermedades se propagan más fácilmente.
Una cuidadora radicada en el Southwest de Miami asegura que comunidades en todo el mundo han demostrado que los programas TNR (captura, esterilización y retorno) funcionan:
“Los programas de TNR y los enfoques compasivos y coordinados realmente funcionan. Prohibir alimentar no resuelve el problema; solo lo hace más visible e inhumano. Esto está respaldado por datos.”
La ordenanza prevé sanciones civiles para quienes alimenten a los animales en espacios prohibidos, similares a una multa de tráfico. Pero para muchos, esto representa la criminalización de la compasión.
“¿Estamos preparados para ver esto suceder en nuestra comunidad como si fuéramos un país del tercer mundo sin recursos ni compasión?”, denuncian los activistas.
“Les pido a ustedes y a los demás comisionados que reconsideren esta ordenanza. Trabajemos juntos en una solución más humana y eficaz que refleje los valores de este condado y respete a las personas y a los animales que lo habitan.”, subrayan, y piden a los residentes escribir a district10@miamidade.gov (cambia por distrito del 1 al 13), para oponerse a la medida.
La votación será el lunes 20 de mayo. Los animalistas subrayan que está en juego no es solo una normativa urbana, sino —según muchos— el alma ética de Miami-Dade.
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