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En medio de la escasez y la falta de ingresos, hasta una oficina de correos en Cuba termina convirtiéndose en punto de venta de productos básicos.
Esta vez, fue la Empresa de Correos de Pinar del Río la que anunció que su oficina del municipio Viñales comenzó a vender mercancías al público, en lo que puede describirse como una especie de “correocuevita”.
La iniciativa, según una nota publicada por el Grupo Empresarial Correos de Cuba en su perfil de Facebook, forma parte de su estrategia de “diversificación de servicios” y encadenamiento con actores económicos.
En este caso, la alianza fue con la mipyme “Mi Casa Peti”, que le suministra mercancías en consignación para la venta directa.
En la oficina postal se comercializan ahora productos de aseo, alimentos, ropa, útiles del hogar y otros artículos de primera necesidad.
Todo, según la empresa, sin interrumpir los servicios postales y financieros que ya ofrecían.
Aunque presentada como una medida para mejorar ingresos y condiciones laborales del personal, la escena de una oficina de correos convertida en tienda genera suspicacia y comentarios entre usuarios en redes sociales.
Xavier González Benitez resumió con ironía: “¿En serio? Cuando parece que nada va a sorprender… cachán… la correocuevita”.
En un país donde la supervivencia cotidiana obliga a reinventar hasta las funciones institucionales más básicas, que una oficina postal venda comida o detergente parece más una consecuencia que una innovación.
Mientras oficinas postales como la de Viñales apuestan por "diversificarse" con la venta de productos básicos, ropa o alimentos, se evidencia un incumplimiento persistente de uno de los objetos económicos clave de Correos de Cuba: garantizar el servicio seguro y eficiente de paquetería.
Constantemente numerosos usuarios han denunciado irregularidades graves en el servicio. Entre los casos recientes destaca el de una cubana que envió un celular y entregaron un objeto distinto, así como el de una joven que denunció el robo de artículos personales de un paquete internacional. Estos hechos, lejos de ser aislados, se suman a una larga lista de quejas sobre manipulación indebida, pérdidas y entregas incompletas.
Incluso quienes envían paquetes desde el extranjero enfrentan dificultades. Un cubano en misión en México compartió su experiencia al utilizar los servicios de Correos para ayudar a su familia, una gestión marcada por la falta de seguimiento y la desconfianza generalizada hacia el sistema postal.
Pese a esta situación, el gobierno ha intentado presentar una imagen de avance, al presumir supuestas mejoras en las entregas de paquetes. Sin embargo, las denuncias ciudadanas contradicen ese discurso y revelan una desconexión profunda entre las prioridades institucionales y las necesidades reales de los usuarios.
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