Un derrame de un residuo de combustible no comercial se produjo la mañana de este jueves en uno de los tanques de la antigua termoeléctrica José Martí, ubicada en la provincia de Matanzas.
Según informó el periódico oficialista Girón en su perfil de Facebook, la instalación, fuera de servicio desde 2015, todavía conserva estructuras que contienen restos de materiales derivados del petróleo.

El incidente se produjo específicamente en uno de los tanques aún presentes en el área, subrayó la nota.
En otra publicación, el periódico Girón precisó que se trató de un derrame de residuo de crudo y fueloil contenido en dos tanques de aproximadamente 500 metros cúbicos, con los que operaba la antigua termoeléctrica.
Aunque se habían iniciado acciones para trasladar ese combustible, aún permanecía en el sitio. El residuo está contenido en el cubeto de seguridad, y en el lugar se encuentran autoridades y el Comando 2 de Bomberos, adoptando medidas para evitar daños.
De acuerdo con una publicación del periodista José Miguel Solís, el derrame fue contenido por el cubeto, una excavación de seguridad que rodea al tanque para evitar que el combustible se extienda al exterior.
Solís indicó que fuerzas especializadas, junto a personal de la CTE Antonio Guiteras, actual propietaria del enclave, y técnicos del CITMA, trabajan en el proceso de mitigación y evacuación del combustible derramado.
“El derrame data del 2015”, explicó el periodista, quien definió el hecho como un “menudo susto. Sólo eso”.
El derrame registrado en la antigua termoeléctrica José Martí de Matanzas no es un hecho aislado, sino parte de una serie de eventos que reflejan la vulnerabilidad ambiental en zonas industriales y portuarias del occidente cubano.
En julio pasado, un nuevo salidero provocó un derrame de petróleo en la bahía de Matanzas, atribuido a deficiencias en las redes de conducción desde la base de supertanqueros.
Meses antes, se reportó un derrame de una sustancia tóxica en la bahía de Cárdenas, cuyos efectos aún estaban bajo investigación por parte de autoridades ambientales y marítimas.
El evento provocó preocupación entre los residentes por el posible daño al ecosistema marino y la salud pública, lo que pone en evidencia las consecuencias de una infraestructura industrial poco mantenida y con escasa fiscalización ambiental.
En ese mismo mes, también se produjo el descarrilamiento de un tren que transportaba combustible, hecho que fue rápidamente vinculado a posibles riesgos ambientales por la carga involucrada.
Aunque las autoridades descartaron un sabotaje, el incidente reafirmó las carencias en las medidas de seguridad industrial y el transporte de materiales peligrosos en el país.
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