En Sancti Spíritus, como en otras provincias cubanas, las transfusiones de sangre dependen cada vez más de la buena suerte o del bolsillo del familiar, pues mientras los bancos oficiales reportan mínimos históricos de donaciones, en grupos de redes sociales se multiplican las ofertas a cambio de un móvil o por hasta 100 dólares.
Lo que alguna vez fue un acto altruista, hoy se convierte -sin disimulo- en moneda de cambio, reconoció un extenso reportaje publicado en el periódico oficial Escambray.
La escena es conocida: alguien publica un post desesperado pidiendo un donante para una cirugía urgente. Las respuestas llegan rápido: algunas ofrecen ayuda solidaria; otras, un precio. Algunos usuarios de 3,000 hasta 12,000 pesos por una donación. Otros intentan negociar con comida o un teléfono celular de avanzada generación, confirman varios de los testimonios compartidos por el medio.

La situación no es nueva, pero ha tocado fondo. De acuerdo con la Oficina Nacional de Estadísticas e Información (ONEI), Cuba registró 357,665 donaciones de sangre en 2020. En 2023, esa cifra cayó a 254,845, una disminución de casi 29 %.
En Sancti Spíritus, el desplome fue de 13,634 en 2021 a 7,252 en 2024, lo que significó una caída de 46,8 %. Un retroceso que no se explica solo por el agotamiento económico del país, sino por el colapso total del sistema de captación y estímulo a los donantes.
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Las causas: más que escasez, es desarticulación
Detrás de las cifras hay una cadena de causas, muchas veces evitables. La doctora Mirta Santos León, directora de Asistencia Médica de la Dirección General de Salud en el territorio, reconoció que la planificación y organización del programa han sido deficientes.
“Ha sido irregular la situación del transporte para el funcionamiento de los bancos de sangre móviles y, también, el aseguramiento para las meriendas de los donantes. En 2024 hubo un período en que se careció de bolsas colectoras; este año no han faltado; sin embargo, el problema radica en la disposición para donar”, explicó.
La pandemia de covid-19 también dejó una herida abierta: interrumpió la rutina de los donantes regulares, muchos emigraron o pasaron los 65 años. “Los consultorios tienen la dispensarización de pacientes sanos y, antes, tenían sus donantes localizados y los llamaban cada tres meses”, algo que se ha perdido, agregó Raumara Ramos, directora en funciones del Banco Provincial de Sangre.
Los problemas logísticos son apenas la punta del iceberg. El desinterés de organizaciones de masas como los Comités de Defensa de la Revolución (CDR) ha sido determinante. Jorge Luis Nápoles, coordinador provincial hasta hace poco, lo admite sin rodeos: “eso no anda como antes; es una realidad que no la justifica ni el bloqueo ni la situación económica. El plan mensual del territorio es de 1 000 donaciones; hoy lo incumplimos”.
Añadió que, a diferencia de décadas atrás, ya no se tocan las puertas, ni se hacen audiencias sanitarias ni barrio-debates sobre el tema, pues se trata de una provincia que “cuenta con 308,000 cederistas y tiene un plan de 12,000 donaciones al año. Tenemos de sobra brazos para donar”.
En Topes de Collantes, por ejemplo, los donantes han sido citados hasta ocho veces y no pueden ser atendidos porque no acude el banco móvil. El centro de extracción de sangre de Trinidad, “hoy con los peores resultados en el territorio” y en mal estado constructivo, depende de que alguna entidad “preste un carro”. Y en zonas como Tunas de Zaza, los bancos móviles no llegan hace más de dos años.
Cuando donar no compensa: el estímulo perdido
Otro factor clave es la pérdida de incentivos. Antes se reconocía al donante con diplomas, módulos alimentarios o actividades comunitarias. “Es una chapucería que en un banco la merienda sea un bocadito y un refresco mal elaborados, o no tener un buche de café que darle” al donante, según palabras del excoordinador de los CDR.
Los propios donantes lo dicen: “no lo hago por voluntariedad, y sí por ayudar a un vecino”; “tengo 50 donaciones, pero ya ni me convocan”, “nunca he donado por interés; aunque ya ni diploma dan”; “la merienda no es la misma”, comentan en sondeos realizados por la prensa local.
Algunas iniciativas locales, como en Taguasco o La Sierpe, han logrado sostener resultados más decorosos gracias a la gestión activa de las autoridades. En provincias como Cienfuegos, el gobierno articula con mipymes para garantizar al menos un módulo básico a quienes donan. Pero son excepciones. En la mayoría de los municipios, la donación voluntaria es un recuerdo del pasado, analizó el reporte
Puertas cerradas, mercado abierto
Mientras las instituciones no logran reactivar el sistema, el mercado informal se fortalece. En la entrada del Banco de Sangre Provincial de Sancti Spíritus, trabajadores han detectado “movimientos sospechosos” de personas que coordinan donaciones pagadas. Aunque no se ha podido probar formalmente, todos en el sector lo saben: la compraventa de sangre ocurre “de la puerta para afuera”, señaló el medio de prensa.
Los grupos en redes sociales son otro escenario visible. Aunque los administradores afirman que bloquean a quienes intentan vender sangre, reconocen que los casos son frecuentes.
“La sangre no se vende. Si detectamos este acto detestable, eliminamos la persona del grupo de ayuda”, aclararon en el grupo de Facebook Donaciones de sangre en Cuba, los administradores Zoila Mora y Alier Proenza, quienes coincidieron en que no faltan los oportunistas que han interactuado con ellos para vender la donación.
El fenómeno no solo es ilegal -puede ser tipificado como actividad económica ilícita-, sino éticamente inadmisible. “Al pagar un precio comercial por la sangre, ya no se está frente a una donación, sino ante una compraventa; se está instrumentalizando el cuerpo y, en consecuencia, la forma en que los seres humanos deberían relacionarse entre sí”, argumentó el sociólogo José Neira Milián, de la Universidad de Sancti Spíritus.
Neira fue más allá: lo que está en juego es la erosión moral de una parte de la sociedad, que ya no se siente convocada ni representada por los valores que antes movilizaban. Y ante la permisividad, el fenómeno se normaliza. “Ya no es una señal, es un hecho y como tal se ha de obrar”, subrayó.
Una urgencia que se atiende con parches
En los hospitales, la realidad es cada vez más cruda. En el Hospital Provincial General Camilo Cienfuegos, las 20 o 30 transfusiones que se realizan a diario dependen exclusivamente de la sangre que traen los familiares. El 25 de abril, por ejemplo, el banco provincial tenía cero donaciones voluntarias disponibles.
Pese a eso, las urgencias se resuelven, asegura la jefa del Servicio de Transfusión, Sonia Sánchez. Pero todo lo demás -cirugías electivas, tratamientos programados- está condicionado a que el paciente “resuelva” por su cuenta.
Algunos se niegan a donar. Dicen: “No, yo no tengo que donar, la mía, cuando yo me enferme, tiene que estar aquí. Es lamentable que todavía se piense así, y no se entienda que la sangre corre por las venas y no la fabrica ningún científico en un laboratorio; no existe otro modo que donarla para salvar vidas”, lamentó, Aliosky Polo, director del hospital provincial general Camilo Cienfuegos, de Sancti Spíritus.
¿Puede reconstruirse un sistema roto?
El retroceso del Programa Nacional de Sangre no es solo una consecuencia de la crisis económica multisistémica que padece Cuba. Es el reflejo de una estructura desmovilizada, sin liderazgo real, sin incentivos ni condiciones. Se ha perdido capacidad de convocatoria, se ha normalizado el trueque y el cinismo, y el problema crece a la sombra de la inacción.
Hace más de un año, el Buró Provincial del Partido pidió reactivar el programa. Para 2025, Sancti Spíritus prevé sumar 12,000 donaciones, según los planes oficiales.
El panorama actual pone en duda que pueda materializarse tal propósito. Los bancos móviles siguen sin transporte. Los donantes no regresan. Las organizaciones de masas no articulan. Y mientras todo eso ocurre, en Facebook se sigue vendiendo sangre como si fuera un electrodoméstico.
Pero en medio del mercadeo, aún hay excepciones. Escambray mencionó el caso del joven Raikol, quien pese a necesitar múltiples transfusiones por leucemia, recibió sangre de decenas de personas de todo el país sin que nadie le cobrara un centavo, demuestran que la solidaridad no ha muerto. Solo necesita ser reconocida, estimulada… y protegida.
La falta de donantes, la disminución de campañas de captación y la precariedad de la infraestructura sanitaria son factores que las autoridades esgrimen como justificación para la falta de hemoderivados en el sistema de salud pública.
Sin embargo, a fines de abril el grupo empresarial BioCubaFarma admitió públicamente la intención de comercializar el plasma sanguíneo de donantes como parte de un nuevo proyecto de inversión extranjera.
Con esta iniciativa, el gobierno no solo oficializa la comercialización de sangre de sus ciudadanos, sino que también abre una nueva vía para financiar su sector farmacéutico en medio de la profunda crisis económica que atraviesa la isla.
En 2017, la ONG Archivo Cuba denunció que el gobierno cubano había obtenido 34,5 millones de dólares en un solo año por concepto de venta de plasma sanguíneo en el exterior.
Archivo Cuba reforzó en 2021 estas denuncias al anunciar que publicaría nuevos estudios sobre el negocio de exportación de sangre y órganos humanos por parte del régimen cubano.
Además señaló que las campañas oficiales de donación de sangre, promovidas por el gobierno como muestras de altruismo, escondían el verdadero destino comercial de muchas de esas extracciones.
La investigación de Archivo Cuba avanzó aún más en 2022, cuando reveló que entre 1995 y 2019 el régimen cubano había ingresado más de 1,323 millones de dólares mediante la venta de sangre y sus derivados, tejidos, glándulas y órganos humanos.
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