El Sistema Eléctrico Nacional (SEN) continúa reportando altos niveles de afectación, sin señales de mejora en la generación ni en la distribución de la electricidad. Según el parte oficial de la Unión Eléctrica (UNE) correspondiente al 2 de julio de 2025, el servicio eléctrico se mantuvo interrumpido durante las 24 horas del martes y la madrugada de este miércoles.
La máxima afectación registrada fue de 1,672 megavatios (MW) a las 9:50 p.m., coincidiendo con el pico de demanda, y superó lo previsto inicialmente. A las 7:00 a.m., la disponibilidad del SEN era de 1,995 MW frente a una demanda de 2,900 MW, lo que provocó una afectación de 925 MW. Para el mediodía, se estimó una afectación de 880 MW.
Durante el horario pico nocturno, se prevé una disponibilidad de 2,055 MW y una demanda máxima de 3,550 MW. De mantenerse estas condiciones, el déficit podría alcanzar los 1,495 MW, con una afectación estimada de hasta 1,565 MW.
Desde hace días, los datos reales de afectación han sido mayores que los pronósticos divulgados por la propia UNE. El lunes, por ejemplo, el déficit superó en casi 200 MW lo previsto, debido a la no entrada de unidades en Mariel y Nuevitas, así como a la salida imprevista de Energás Jaruco.
El sistema continúa sufriendo múltiples fallas: están en avería la unidad 3 de la CTE Santa Cruz y la unidad 2 de la CTE Felton; y en mantenimiento, la unidad 2 de Santa Cruz, la 4 de Cienfuegos y la 5 de Renté. Las limitaciones térmicas afectan 407 MW.
Además, se encuentran fuera de servicio 99 centrales de generación distribuida por falta de combustible (860 MW), y 20 MW adicionales están paralizados por escasez de lubricantes. Solo se espera recuperar 60 MW durante el horario pico.
La generación renovable tampoco logra compensar la demanda: los 18 parques solares fotovoltaicos generaron apenas 1,698 megavatios hora en el día, con un pico de 404 MW al mediodía.
Sin alivio y sin esperanza
Mientras los partes oficiales reflejan una situación crítica en términos técnicos, en las calles de Cuba la percepción ciudadana va más allá de los números: la desesperanza se instala como un sentimiento generalizado ante el empeoramiento de las condiciones de vida.
Un reportaje reciente del medio independiente Cubanet recoge testimonios en La Habana que evidencian el impacto social de los apagones prolongados. Una mujer relató que sus hijos tuvieron que cenar pan con agua con azúcar; otro entrevistado aseguró que en provincias como Cienfuegos, Oriente y Sancti Spíritus, las interrupciones del servicio eléctrico han llegado a durar más de 40 horas consecutivas.
“¿Esperanza? Estamos perdidos”, dijo un joven encuestado. “Esto es sálvese quien pueda”, expresó otra mujer, reflejando el agotamiento y la falta de expectativas de mejora entre la población.
En la capital, los cortes eléctricos alcanzan hasta ocho horas diarias, incluso durante la madrugada. Aunque las autoridades aseguran que las afectaciones se distribuyen equitativamente y llaman a seguir canales oficiales, la percepción ciudadana es que la situación se deteriora sin soluciones a la vista.
El verano apenas comienza y, con él, se intensifican los apagones, la escasez de alimentos y el malestar social. Para muchos cubanos, la oscuridad no solo es eléctrica: es también un símbolo de un futuro cada vez más incierto.
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