Miguel Díaz-Canel lo dejó claro este 5 de julio, en la clausura del X Pleno del Comité Central del Partido Comunista de Cuba: “Somos un país en guerra”. No es una metáfora. Es la consigna con la que pretende galvanizar a un país exhausto, con apagones diarios, inflación desbordada, desabastecimiento generalizado y una emigración sin freno.
Desde el Palacio de la Revolución, el gobernante cubano volvió a poner el foco en el enemigo externo como principal responsable del desastre interno. Según dijo, Cuba “vive y resiste hace más de 60 años bajo condiciones de guerra”, una guerra compuesta por “bombas económicas” y “bombas de desinformación, de distorsión y de odio”.
“El propósito más perverso, afirmó, es que la nación se fracture y que la víctima termine culpándose a sí misma y no al victimario.”
En esa lógica de “plaza sitiada”, Díaz-Canel cargó con dureza contra el gobierno de Estados Unidos, acusándolo de aplicar un “remedo del memorando Mallory” a través de un nuevo Memorando Presidencial de Seguridad Nacional, que, según él, persiste en “endurecer la guerra económica” y aislar a Cuba del mundo.
El mandatario cubano denunció que Washington busca provocar un “estallido” social en los meses de verano. Una acusación recurrente en su discurso desde las protestas del 11 de julio de 2021, y que ahora se presenta como amenaza latente.
“Otra vez el imperio apuesta a una crisis política y social que desemboque en un estallido durante el verano”, dijo, al tiempo que advertía sobre campañas de “subversión, confusión y desorientación” contra el pueblo.
No ofreció cifras, ni resultados, ni plazos concretos. Pero sí reiteró que todas las soluciones dependen de Cuba misma, aunque el panorama sea, en sus palabras, “en extremo retador”.
Resistencia, ideología y juventud
La palabra “resistencia”, más de una decena de veces en todo el discurso, volvió a ser la bandera del relato oficial. Esta vez, acompañada del adjetivo “inteligente”. Según Díaz-Canel, no se trata solo de aguantar, sino de imaginar soluciones “con creatividad y coraje”.
Llamó a una participación activa del pueblo y, especialmente, de los jóvenes, en los “procesos decisivos para el sostenimiento y desarrollo de la sociedad”. Al mismo tiempo, insistió en reforzar la “formación patriótica y revolucionaria” y prometió no tolerar la corrupción, la indisciplina, ni el uso de drogas.
Mientras tanto, la mayoría de los cubanos dentro de la isla siguen lidiando con un sistema energético colapsado, salarios insuficientes, servicios públicos deteriorados y una migración que no cesa.
Pero para Díaz-Canel, el Partido es el escudo. Y en su cierre, convocó al IX Congreso del PCC como un nuevo hito de “resistencia heroica”.
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