“Llevo años queriendo tomarme un vaso de leche… y no puedo”. Con esa frase, una mujer cubana resume lo que millones callan. No es una metáfora, es la vida diaria.
Los youtubers españoles del canal Black Mango recorrieron recientemente barrios de La Habana profunda, lejos de los hoteles de lujo de Varadero o el Vedado turístico. Lo que encontraron fue una Cuba más común: hambre, miseria, falta de medicamentos, represión y una dignidad humana que sobrevive entre los escombros.
En su visita al barrio de San Isidro, los creadores del canal mostraron viviendas donde seis personas viven con apenas dos libras de arroz al mes por cabeza. “Esto no va a cambiar. Llevamos 37 años sobreviviendo… pero en vez de ir para adelante lo que vamos es para atrás”, confesó una madre que revende chupa-chupas y cigarros al menudeo para poder alimentar a sus hijos.
En uno de los momentos más duros del video, una anciana muestra su refrigerador: contiene solo restos de pollo y pomos de agua. “No tengo duralgina para la fiebre, ni una pastilla para el dolor. Estoy llena de operaciones. Esto es caótico”, dice con la voz quebrada. Cobra 1,500 pesos de chequera al mes, menos de lo que cuesta un kilo de leche.
La precariedad no se limita a la alimentación. Las imágenes revelan viviendas sin agua corriente, donde los residentes deben cargar cubos para bañarse; casas sin electricidad donde se cocina a oscuras; y espacios reducidos donde dos adultos duermen cabeza con pies en una sola cama.
“Si te dan ganas de orinar de noche, tienes que bajar unas escaleras peligrosas sin luz”, relató uno de los vecinos. Y mientras todo eso ocurre, la libreta de racionamiento apenas garantiza arroz y azúcar cruda.
Otro de los testimonios más escalofriantes es el de una joven que fue encarcelada por participar en el 11J. “Aquí no hay libertad de expresión. Si hablas, te tienes que tragar lo que piensas”, explican los anfitriones del canal.
Los españoles también denunciaron la crisis del sistema de salud, donde médicos deben comprar medicamentos de su propio bolsillo para atender pacientes. La medicina, dicen, está reservada para quienes tienen poder o acceso a divisas.
El clímax emocional llega con un hombre desesperado, llorando frente a cámara: “Estoy comiendo en los tanques, duermo en los portales, vendo javitas para comer, ¡ayúdennos!”. Otro, visiblemente afectado, agregó: “Lo que tenía que perder, ya lo perdí. Mi mamá está muerta”.
El impacto de la visita de Black Mango no pasó desapercibido, siendo, incluso, interrogados por la Seguridad del Estado cubana. Oficiales acudieron al apartamento donde se hospedaban y revisaron sus teléfonos, publicaciones y pasaportes.
“Estábamos siendo vigilados. Nunca nos había pasado algo así, y hemos viajado por muchos países”, contaron. Aunque no fueron detenidos, relataron haber sentido temor hasta el último minuto antes de abordar su vuelo de regreso a Madrid.
En su pódcast, aseguraron que bastó una story de 40 segundos sobre la miseria en un barrio cercano al Capitolio para que “se activaran todas las alarmas del régimen”. Y se preguntaron: “Si a nosotros, siendo extranjeros, nos hacen esto, ¿qué no le harán al cubano de a pie?”.
Archivado en:
