El primer ministro cubano, Manuel Marrero Cruz, se sumó este martes a las críticas, tardías y ambiguas, contra las recientes declaraciones de la ministra de Trabajo, Marta Elena Feitó Cabrera, quien negó la existencia de mendigos en Cuba y criminalizó la pobreza en un discurso que ha provocado una indignación generalizada dentro y fuera de la isla.
En una serie de tuits publicados en su cuenta oficial, Marrero afirmó que la atención a personas vulnerables “siempre ha sido y será una prioridad de la Revolución” y llamó a no ser “superficiales” al analizar fenómenos como la indigencia.
También dijo que la sensibilidad ante la vulnerabilidad “no puede ser discurso, debe ser acción” y defendió que su gobierno trabaja para que ningún cubano quede desamparado.
Sin embargo, su intervención llega después de una ola de críticas en redes sociales y del pronunciamiento, igualmente vago, de Miguel Díaz-Canel, lo que muchos interpretan como una nueva línea de respuesta oficial para controlar los daños sin reconocer responsabilidad política ni aplicar consecuencias reales.
Un intento de “apagar el fuego” sin pedir perdón
El mensaje de Marrero ha sido percibido como un intento de apagar el incendio político que provocaron las palabras de Feitó, quien este lunes, durante una comisión del parlamento, aseguró que en Cuba no hay mendigos, sino personas “disfrazadas” que optan por una “vida fácil” en lugar de trabajar.
La ministra no solo negó la pobreza visible en las calles cubanas, sino que ridiculizó a quienes hurgan en la basura, limpian parabrisas en los semáforos o piden limosna, acusándolos incluso de “ilegales del trabajo por cuenta propia”.
Sus declaraciones contrastan con las cifras del Observatorio Cubano de Derechos Humanos, que estiman que el 89% de los hogares en la isla vive en pobreza extrema, y también con los datos oficiales que ella misma presentó en febrero ante Díaz-Canel, cuando reconoció que más de 1,200 comunidades cubanas viven en condiciones de miseria.
Las redes sociales han sido el escenario de un rechazo abrumador, no solo hacia la ministra, sino hacia el sistema político que permite este tipo de discursos deshumanizantes.
Intelectuales, artistas, periodistas y ciudadanos comunes han reaccionado con rabia y tristeza. El músico Dagoberto Pedraja publicó imágenes de personas durmiendo entre basura. El humorista Ulises Toirac denunció la criminalización de la pobreza. La activista Yuliet Teresa relató el encuentro con una mujer con trastornos mentales durmiendo en un portal, y sentenció: “No se duerme disfrazado de mendigo, sino con el alma rota por la pobreza”.
El actor Luis Alberto García apuntó al silencio cómplice del parlamento: “Ni un solo diputado le salió al paso a la ministra. Vamos muy mal, Camilo”.
La ciudadanía no solo exigió una disculpa pública, sino políticas reales, acciones concretas, y sobre todo, respeto a la dignidad de quienes sufren.
Pero ni Díaz-Canel ni Marrero han pedido disculpas al pueblo cubano. Ni uno solo de los altos funcionarios ha reconocido la existencia real de la mendicidad, ni ha anunciado programas efectivos de atención, mucho menos un proceso de rendición de cuentas para la ministra.
Como bien resumió la periodista Yirmara Torres: “¿Es que nunca van a pedir disculpas al pueblo cubano?”
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