Lis Cuesta volvió a aparecer como figura protocolaria en representación del régimen cubano, esta vez para recibir a Mónica Geingos, ex primera dama de Namibia, quien realizó una visita de cortesía a La Habana para fortalecer vínculos en temas de salud, educación e igualdad de género.
Vestida con un llamativo traje estampado y escoltada por la secretaria general de la Federación de Mujeres Cubanas, Teresa Amarelle Boué, Cuesta encabezó la bienvenida a Geingos en la sede de la organización oficialista, adoptando nuevamente el rol de Primera Dama, pese a que ella misma ha declarado públicamente que dicho cargo “no existe en Cuba” y lo considera una estructura patriarcal.

El gesto no pasó desapercibido. Mientras la prensa oficial de Namibia destacaba el “compromiso compartido” entre Cuba y la nación africana, la imagen de Cuesta como anfitriona diplomática reavivó críticas sobre su ambigua presencia en la esfera pública cubana.
A pesar de haber negado ser Primera Dama en entrevistas recientes, su presencia en eventos de Estado y giras internacionales ha sido constante desde la llegada de Díaz-Canel al poder en 2018.
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Insluco, en mayo de 2022, durante la visita oficial del expresidente mexicano Andrés Manuel López Obrador (2018-2024), el propio Díaz-Canel interrumpió el protocolo para corregir al presentador Froilán Arencibia en vivo por televisión nacional:
“Ni en México ni en Cuba tenemos Primeras Damas. Ellas son las esposas, que trabajan en sus trabajos, y de paso hacen sus presentaciones con nosotros…”, dijo el gobernante cubano, generando aplausos y dejando en evidencia la incomodidad del comunicador oficialista. Pese a esta aclaración, Cuesta ha seguido ejerciendo informalmente ese rol, como evidencia esta reciente visita diplomática.
Por su parte, Mónica Geingos, una abogada, empresaria y académica con una trayectoria respetada en el continente africano, aprovechó su visita para agradecer el respaldo recibido tras la muerte de su esposo, el expresidente namibio Hage Geingob. Hoy rectora de un centro universitario en Ruanda, Geingos ha sido reconocida por su trabajo en gobernanza, desarrollo económico e igualdad de género.
El contraste entre ambas mujeres es notable. Mientras Geingos construyó una carrera profesional sólida e independiente antes, durante y después de su paso por la presidencia junto a Geingob, Cuesta ha sido duramente cuestionada por ocupar espacios públicos sin una función oficial clara, además de protagonizar episodios polémicos en redes sociales.
Basta recordar cuando, en medio de la crisis energética de 2022, escribió en Twitter que tenía el “corazón en modo estropajo”, o cuando se refirió a Díaz-Canel como “el dictador de mi corazón”, generando una ola de indignación y memes.
A esto se suma el creciente escrutinio público sobre su hijo, Manuel Anido Cuesta, quien ha acompañado a Díaz-Canel en viajes oficiales y cuya relación con la actriz Ana de Armas despertó aún más sospechas de nepotismo y privilegios en medio del descontento generalizado en la isla.
Aunque Cuesta insiste en que no tiene por qué “estar detrás de la puerta”, lo cierto es que su presencia en actividades diplomáticas como esta contradice su propio discurso y alimenta la percepción de una élite política cubana que opera bajo sus propias reglas, mientras la mayoría de los cubanos enfrentan penurias cotidianas.
El encuentro con Geingos sirvió, al menos, para revelar otra capa del teatro político cubano: una en la que, aunque se nieguen los títulos, los roles se ejercen con toda la pompa que la narrativa oficial pretende rechazar.
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