El gobernante cubano Miguel Díaz-Canel saludó este viernes el Día Internacional de la Mujer Afrodescendiente con un mensaje en redes sociales que, lejos de representar avances, ha sido percibido como un acto de propaganda vacía frente a una realidad profundamente desigual.
“Más que celebrar, se precisan acciones que garanticen su avance, sus derechos y más”, escribió el mandatario en su cuenta oficial de X, mencionando el Programa Nacional para el Adelanto de las Mujeres como estandarte de las supuestas políticas inclusivas del régimen.
Sin embargo, la vida cotidiana de miles de mujeres afrodescendientes en la isla contrasta drásticamente con el discurso oficialista.
Marginación, pobreza estructural, racismo institucional y represión son parte del día a día de estas cubanas invisibilizadas, que enfrentan un contexto donde ser mujer, negra y pobre se traduce en una triple condena social.
Marthadela Tamayo, activista afrocubana y líder de la Red Femenina de Cuba, ha denunciado sistemáticamente la feminización de la pobreza en la isla y la represión contra mujeres negras que se atreven a cuestionar el statu quo.
“¿Qué avances celebra el gobierno si somos nosotras las que llenamos las colas para alimentar a nuestras familias, las más afectadas por la escasez, la violencia y el abandono estatal?”, se preguntó en una entrevista hace algunos años con nuestra publicación.
“A las negras nos quieren silenciosas, agradecidas, y cuando alzamos la voz nos llaman ‘negras de mierda’ y nos recuerdan que, sin la revolución, seríamos esclavas”, dijo la activista, quien en diciembre de 2024 se convirtió en la primera cubana en recibir el Premio Franco-Alemán de Derechos Humanos por su lucha a favor de las mujeres afrodescendientes y las poblaciones vulnerables.
Tamayo ha documentado casos de violencia institucional, arrestos arbitrarios, agresiones verbales y físicas, y exclusión social contra mujeres negras y mestizas que viven en asentamientos precarios y sin servicios básicos, especialmente aquellas que migran desde provincias orientales hacia La Habana.
A pesar de que el gobierno exhibe el Programa de Adelanto de la Mujer como muestra de voluntad política, no existe en Cuba una Ley Integral contra la Violencia de Género, ni políticas públicas enfocadas específicamente en el bienestar de las mujeres afrodescendientes, señalan otros activistas.
El racismo estructural sigue latente: las mujeres negras están sobrerrepresentadas en los trabajos más precarios, excluidas de puestos de liderazgo y sin acceso real a salud, empleo digno ni protección social.
Un reportaje publicado el pasado viernes por Artículo 14 señalaba que “La pobreza tiene rostro de mujer en Cuba”.
Asimismo, que la "tragedia caribeña, pautada por hambre, escasez y falta de libertades, afecta de manera desproporcionada a las mujeres, lo que exacerba las desigualdades de género preexistentes y añade carga adicional a sus vidas", pues la tarea de conseguir alimentos es una odisea cotidiana que recae sobre todo en las mujeres, así como el cuidado de adultos mayores y niños en el contexto de la crisis migratoria.
Para muchas activistas, el saludo de Díaz-Canel no es más que una maniobra cosmética que maquilla una estructura patriarcal y racista sostenida por décadas de centralismo autoritario.
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