El psicólogo cubano Raidel Martínez, residente en Estocolmo y autor del libro "4x4: Un Compás a Contratiempo. Memorias del Movimiento Cubano de Hip Hop", lanzó una pregunta que sintetiza décadas de exclusión estructural: «¿Quién reparará esta deuda histórica con los afrodescendientes cubanos?» La interrogante surgió durante una entrevista con Tania Costa, en CiberCuba, al reflexionar sobre qué ocurriría con las desigualdades raciales en un eventual proceso de transición democrática en la isla.
Martínez fue directo al trazar el mapa de la desigualdad. «En Cuba todos somos pobres de manera general, apartando la casta del gobierno, pero la pobreza tiene un color y fundamentalmente es un color negro».
Para ilustrar la profundidad del problema, el investigador recurrió a su experiencia directa. Durante su participación en censos de población en Cuba, observó que personas visiblemente negras o mestizas se autodescribían como «no negras». Detrás de esa respuesta, explicó, hay un factor psicológico: la negritud sigue asociándose históricamente a la pobreza, la delincuencia y la marginalidad.
Martínez trazó una cronología del problema que arranca en la esclavitud. Los afrodescendientes llegaron a Cuba desposeídos de sus tierras de origen y, según sus palabras, «posteriormente no tuvieron acceso a generar capital». La Constitución cubana de 1940 abordó la discriminación racial en sus artículos 10 y 20, pero sin resolver los problemas históricos de fondo.
El golpe definitivo al debate llegó con la Revolución. «Cuando Fidel Castro llega al poder en 1959, decretó casi en el año 1960 que la discriminación racial era un tema ya resuelto, sin haber dado una solución real», señaló Martínez. El resultado fue que «este tema quedó bajo el tapete y no se habló de discriminación racial nunca más en Cuba hasta la década del 90, donde sí sobresalieron todas estas diferencias».
Fue precisamente en esa crisis de los noventa cuando el hip hop cubano emergió como espacio de denuncia. «El hip hop aparece como una excusa en la cual se puede denunciar la sociedad», afirmó Martínez, vinculando ese legado con el Decreto 349 de 2018 —que amplió el control estatal sobre el arte independiente— y con el surgimiento del Movimiento San Isidro, articulado por artistas y activistas en rechazo a esa norma.
El rapero Maykel Osorbo, coautor de Patria y Vida e integrante de ese movimiento, permanece preso desde mayo de 2021 y fue condenado a nueve años de prisión. Para Martínez, su caso ejemplifica cómo el régimen reprime a quienes usan esa plataforma para denunciar.
El análisis de Martínez no se detiene en el pasado. Su advertencia apunta al futuro. Si Cuba avanza hacia una apertura económica sin atender esta desigualdad estructural, el resultado será predecible. «Las personas que mayor acceso tienen al capital son personas mayoritariamente blancas, con lo cual mi temor es que se vuelvan a reproducir estas diferencias sociales», advirtió. Y remató con una imagen contundente: «No es lo mismo comenzar una carrera desde el mismo punto que con 100 metros de retraso».
Esa brecha ya es medible. Según un informe del Observatorio Cubano de Derechos Humanos, el 68% de la población afrocubana tuvo dificultades para adquirir bienes básicos, frente al 61% de la población general. Cubalex documentó además que los afrodescendientes representan el 56% de la población carcelaria en Cuba y reciben penas promedio más altas por sedición.
El régimen cubano presentó ante la ONU su programa «Color Cubano» afirmando haber cumplido 35 de 38 recomendaciones del Comité para la Eliminación de la Discriminación Racial, pero la distancia entre ese discurso oficial y la realidad documentada es precisamente, advierte Martínez, un problema pendiente, a resolver en la transición.
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