¿Cómo los cubanos adaptan las franquicias estadounidenses a los negocios particulares?

Son negocios nacidos del ingenio y de la oportunidad, que adaptan el concepto, preservan los símbolos más reconocibles y los mezclan con la idiosincrasia habanera.

 ©

Vídeos relacionados:

En Cuba no existen franquicias estadounidenses, pero eso no ha impedido que en los últimos años un listado creciente de cafeterías y restaurantes particulares recreen, con acento local, la estética y los menús de marcas globales como Starbucks, Burger King o KFC.

Son negocios nacidos del ingenio y de la oportunidad, que adaptan el concepto, preservan los símbolos más reconocibles y los mezclan con la idiosincrasia cubana.

Sin embargo, para buena parte de la población estos lugares son poco menos que vitrinas: están ahí, se pueden ver en redes, pero resultan prohibitivos para un salario estatal promedio.

La llegada del internet móvil en 2018 y la reapertura del sector privado en 2021 han sido el terreno fértil para que, en barrios céntricos de La Habana, hoy sea posible pedir un frappuccino con el nombre escrito en el vaso, un combo de pollo frito en una pantalla táctil o una hamburguesa “coronada” sin salir de Cuba.

La imagen es aspiracional y, para muchos, se reduce a una fotografía en Instagram más que a la experiencia de consumo real.

El “Starcafé” que se volvió viral

Frente a la icónica Bodeguita del Medio, una barista llamada Melisa García viste un mandil verde con el logotipo de una sirena de cabello ondulado. Llama en voz alta el nombre escrito en un vaso y entrega un frappuccino. Podría ser un Starbucks, pero es Starcafé, inaugurado en 2023.


Lo más leído hoy:


La música es cubana, los platos de menú reemplazan los sándwiches fríos y la clientela viene más por la foto que por trabajar en su laptop.

“Se han viralizado bastante los videos (…) nos conocen por los ‘reels’. Muchísimos jóvenes, que son influencers, vienen y hacen reseñas tanto de los cafés como de las comidas”, cuenta Melisa en declaraciones a la agencia EFE.

Para los trabajadores del local, no fue sorpresa la avalancha de clientes menores de 35 años buscando su selfie con vaso en mano. Muchos lo hacen imitando a familiares en Florida.

Pero, fuera del marco fotogénico, los precios del Starcafé lo colocan fuera del alcance de miles de cubanos, salvo para quienes reciben remesas o trabajan en el sector privado con ingresos en divisas.

Copiar el formato, pero a la cubana

En 2024, además de Starcafé, abrió en La Habana un restaurante al estilo KFC -con pantalla táctil para pedir combos- y una hamburguesería llamada Burger Queen.

El socio del local, Andy García, lo explica así: “Pensamos en lo que hay en el mundo. ¿Qué hace que pienses en una hamburguesa? Por supuesto, está Burguer King”.

Para él, la clave es ofrecer experiencias que hasta hace poco eran imposibles.

“Para el cubano es difícil salir de Cuba. Y desde que tenemos internet, hemos tenido mucho más acceso a las redes sociales y a consumir cosas de afuera. Y eso siempre te crea curiosidad (…) De cierta manera, este tipo de negocios (…) le ofrecen una posibilidad al cubano de vivir esa experiencia”.

Sin embargo, esa “posibilidad” es relativa: el acceso no depende solo de la curiosidad o del gusto, sino de la capacidad económica.

El menú de Burger Queen, aunque más barato que su homólogo internacional, aún rebasa lo que muchas familias pueden pagar sin sacrificar otros gastos esenciales.

El atractivo aspiracional y las adaptaciones locales

Melisa y Andy coinciden: hay un componente aspiracional. El vaso con nombre, la pantalla de pedidos o el combo de hamburguesa no son solo productos; son símbolos de pertenencia global.

Estos locales conservan lo icónico -colores, rituales, estética- pero adaptan lo demás:

-Música y ambientación ajustadas a la cultura local.

Menús que cambian los sándwiches fríos por platos más acordes al gusto cubano.

-Ingredientes y recetas adaptados a lo disponible en el mercado.

-Marketing basado en influencers y “reels” virales.

Entre el aislamiento y la apertura

Tras 1959 y con las sanciones de Washington, las franquicias estadounidenses quedaron fuera del panorama cubano.

La apertura reciente del sector privado y el acceso a internet han permitido que emprendedores conecten con tendencias globales, a veces en tensión con sectores oficialistas que ven estas modas como “una práctica de colonización cultural ajena a nuestra idiosincrasia”, comoen cierta ocasión el diario Granma.

En Cuba, “vivir la experiencia” de una marca global no significa consumir su producto original, sino su interpretación local: un híbrido entre lo que se ve en redes y lo que se puede servir en una mesa habanera.

Para una minoría con poder adquisitivo, es una novedad atractiva; para la mayoría, sigue siendo un escenario que se mira de lejos, como escaparate de una globalización que no todos pueden pagar.

COMENTAR

Archivado en:

Redacción de CiberCuba

Equipo de periodistas comprometidos con informar sobre la actualidad cubana y temas de interés global. En CiberCuba trabajamos para ofrecer noticias veraces y análisis críticos.


Recibe las noticias de CiberCuba en WhatsApp: click aquí


¿Tienes algo que reportar?
Escribe a CiberCuba:

editores@cibercuba.com

+1 786 3965 689


Este artículo ha sido generado o editado con la ayuda de inteligencia artificial. Ha sido revisado por un periodista antes de su publicación.




Siguiente artículo:

No hay más noticias que mostrar, visitar Portada