
Una madre cubana vive desde hace meses un verdadero calvario tras la pérdida del pasaporte de su hija en el aeropuerto internacional José Martí de La Habana, un documento que contenía una visa mexicana con validez por 10 años.
Betsaida Castillo relató en redes sociales que el pasaporte se extravió en la Terminal 3 del aeropuerto y, desde entonces, no ha logrado encontrarlo a pesar de haber acudido en repetidas ocasiones a la oficina de objetos perdidos y de haber presentado denuncias ante la policía y la embajada mexicana.
“Ya he ido mil veces y he llamado, llevo meses en esto”, contó la madre, desesperada por la imposibilidad de recuperar el documento que garantiza la entrada legal de su hija a México.
Otros usuarios en Facebook le recomendaron insistir en la denuncia del extravío o intentar transferir la visa a un nuevo pasaporte. Sin embargo, Castillo explicó que esto no es posible: “La visa es única, si la pierdes no hay doble. Hay que hacerlo todo nuevamente”.
El caso ilustra la enorme vulnerabilidad en que quedan los cubanos cuando pierden un documento de viaje, en un contexto donde conseguir una visa resulta casi imposible. La desesperación de esta madre refleja también los obstáculos burocráticos que enfrentan quienes deben rehacer todo el proceso, con costos económicos y emocionales muy altos.
Situaciones como esta no son aisladas. En julio de 2024, una joven de Mayabeque perdió su pasaporte con visa y ofreció una recompensa en dólares para recuperarlo.
Meses después, en mayo de 2025, otra familia prometió 100,000 pesos cubanos por la residencia norteamericana extraviada de una niña de cuatro años.
Estos antecedentes muestran cómo muchas familias, ante la urgencia y la falta de soluciones institucionales, recurren a la solidaridad ciudadana e incluso a incentivos económicos.
Una súplica pública
Castillo difundió la foto del pasaporte perdido e incluyó su número de contacto en redes sociales para pedir ayuda. Aunque reconoce que la probabilidad de recuperarlo es mínima, confía en que alguien pueda haberlo encontrado y devuelto.
Su llamado resuena entre cientos de cubanos dentro y fuera de la isla que conocen lo difícil que es perder no solo un pasaporte, sino también la oportunidad de viajar, reunirse con familiares o construir un futuro mejor lejos de Cuba.
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