
Con apenas 16 años, el habanero Oreste Torres De la Rúa ya cumplió uno de los sueños más grandes para cualquier joven atleta y es el de debutar en la Primera División de baloncesto, aunque esta vez desde Argentina.
Llegó hace solo ocho meses a la ciudad de San Francisco, en la provincia de Córdoba, para incorporarse al Club El Tala, y en poco tiempo se ha convertido en una de las promesas que despierta ilusión fuera de la isla.
El adolescente cubano, de 1,91 metros de altura, se entrena y compite en la categoría U17, pero su talento y disciplina lo llevaron rápidamente a estrenarse en la primera división del club, un paso clave en su incipiente carrera deportiva.
Según relató en entrevista con el diario argentino El Periódico, el joven se formó en Cuba, donde fue distinguido como uno de los cinco jugadores más sobresalientes del torneo nacional antes de emprender viaje al sur.
Herencia de familia
Oreste lleva en la sangre la pasión por el baloncesto. Es hijo de Oreste Torres Quiroz, exjugador de la selección nacional de Cuba, quien lo acompaña en Argentina y ha compartido sus experiencias con los atletas del club cordobés.
En una actividad realizada en enero, Club El Tala destacó cómo el exbasquetbolista ofreció una charla sobre su carrera profesional y recibió un reconocimiento de la directiva.
“Desde pequeño viví el básquet en mi casa con lo que hacía mi padre en el club y en la selección de mi país, y eso me llevó a seguir ese camino”, confesó el joven a El Periódico, orgulloso de la influencia paterna.
Una nueva vida en San Francisco
Más allá del deporte, la experiencia migratoria ha marcado a Oreste. La tranquilidad, el orden y la limpieza de la ciudad lo impactaron desde el primer día. También ha debido adaptarse a un sistema escolar distinto y a un estilo de juego más físico e intenso que el cubano.
“Acá se defiende mucho el balón. Es muy diferente”, explicó, subrayando que busca reflejarse en figuras como Leandro Vildoza, capitán de Instituto de Córdoba.
El camino no ha sido sencillo: entrenamientos exigentes, lejanía de su tierra natal y el reto de hacerse un espacio en un baloncesto competitivo. Pero el joven asegura que cada minuto en la cancha lo vive como una oportunidad para crecer.
“Me esfuerzo para seguir mejorando como jugador y como persona”, dijo.
Orgullo dentro y fuera de la isla
Su debut en Primera División ha llenado de orgullo a sus padres y a la comunidad cubana que sigue con atención su carrera. “Ellos saben que desde muy pequeño siempre quise jugar al básquet y, al ver que me están saliendo las cosas muy bien en otro país, eso los hace sentir muy orgullosos de mi esfuerzo”, señaló el habanero.
Con apenas 16 años, Oreste Torres De la Rúa no solo representa el futuro del básquet cubano en tierras extranjeras, sino también la historia de un adolescente que, con sacrificio y herencia familiar, empieza a escribir su propio camino.
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