En medio del deterioro, el abandono y la desidia que arrastra el Acuario Nacional de Cuba, la llegada de dos tortugas verdes representa un respiro simbólico para sus trabajadores y visitantes.
La entrega fue realizada por el proyecto “Las Mar-tinez”, liderado por Jorge Félix Martínez, y forma parte de una acción colaborativa para impulsar la conservación de especies marinas, a pesar del estado crítico en que permanece el principal centro oceanográfico del país.

Según informó esta semana el perfil de Comunicadores del Acuario Nacional de Cuba en Facebook, los ejemplares de Chelonia mydas fueron donados en coordinación con especialistas de la institución, como parte de los esfuerzos conjuntos por fortalecer la protección de especies en peligro.
Esta acción llega semanas después de que la propia institución anunciara sus intentos por recuperar especies marinas afectadas por años de desatención.
En esa ocasión, se hizo referencia a una estrategia para rescatar parte del patrimonio vivo del Acuario, que por años fue insignia científica y educativa en el país.
No obstante, los problemas de fondo persisten. En mayo pasado se reportó las denuncias de visitantes que lamentaban el profundo deterioro del lugar: estanques vacíos, estructuras oxidadas, techos con filtraciones y animales en condiciones cuestionables, todo como resultado de una prolongada desidia institucional.
A pesar de ese panorama, la llegada de estas dos tortugas verdes representa una pequeña victoria para los trabajadores del centro y los grupos vinculados a la protección ambiental, que insisten en que aún es posible rescatar parte del valor educativo y científico del Acuario.
La tortuga verde es una especie en peligro de extinción, incluida en la lista roja de la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN).
Su presencia en el Acuario no solo enriquece la colección biológica del centro, sino que puede convertirse en una herramienta para promover conciencia ambiental y educación científica, sobre todo entre niños y jóvenes.
Aunque aisladas, iniciativas como esta muestran que aún existen voluntades activas que apuestan por salvar lo poco que queda de uno de los espacios naturales más importantes del país.
Pero sin una estrategia real de inversión y mantenimiento, el gesto corre el riesgo de quedar sepultado bajo la misma rutina de abandono que lo rodea.
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