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El cinco veces campeón olímpico Mijaín López, considerado una de las máximas leyendas de la lucha grecorromana, rompió con la narrativa oficial del régimen cubano y reconoció abiertamente la profunda crisis que atraviesa el deporte en la Isla.
En una entrevista concedida a la AFP desde Sao Paulo, el Gigante de Herradura pidió la apertura del deporte cubano al mundo y defendió la profesionalización como vía para recuperar la grandeza perdida.
"El deporte cubano está pasando por un momento muy delicado", admitió López, de 43 años.
"El deporte es un negocio en el mundo entero"
López, de 43 años, se retiró en París tras conquistar su quinto oro olímpico consecutivo.
Un año después, es categórico: "El deporte a nivel internacional es un negocio. Hay sponsors, hay marcas, y en Cuba ese desarrollo no ha llegado".
El luchador pidió "un cambio pronto" para que los atletas puedan acceder a patrocinadores y espacios profesionales.
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Sus palabras confrontan directamente con el legado de Fidel Castro, que durante décadas mantuvo una postura de rechazo frontal al deporte profesional, al que calificaba de "mercantilista" y "corruptor".
Bajo esa lógica, se impidió a generaciones de deportistas cubanos competir en ligas internacionales o firmar contratos con clubes extranjeros, empujando a muchos a la deserción.
El costo de la intransigencia
Mijaín citó la emigración de atletas, el deterioro de los centros de entrenamiento y la falta de condiciones materiales como factores que han lastrado el rendimiento de Cuba en los últimos ciclos olímpicos.
"Hemos perdido muchos talentos (…) y los centros de entrenamiento se han deteriorado", admitió.
Miles de deportistas han abandonado el país en las últimas dos décadas, en busca de mejores condiciones y oportunidades profesionales.
Mientras tanto, el régimen intenta sostener un discurso de fidelidad y sacrificio.
Hace apenas unos meses, Raúl Castro y Miguel Díaz-Canel encabezaron un acto para condecorar a López como Héroe de la República de Cuba, exaltando su lealtad a los valores de la revolución.
Sin embargo, la realidad expuesta por el propio campeón contradice el triunfalismo oficial: el país no logra detener el desplome del rendimiento deportivo.
Del esplendor a la caída
Tradicional potencia deportiva en América Latina, Cuba cerró su participación en los Juegos Olímpicos de París 2024 con apenas dos medallas de oro, una de plata y seis de bronce, el peor resultado desde su regreso al escenario olímpico en 1992.
Muy lejos quedan los 14 títulos obtenidos en Barcelona, cifra que marcó la cúspide de un sistema deportivo que durante décadas fue orgullo de la propaganda oficial.
El retroceso no solo se refleja en la tabla de medallas.
Disciplina tras disciplina -desde el boxeo hasta el béisbol, pasando por la lucha- se hunden en resultados mediocres, agravados por la constante fuga de talentos y la imposibilidad de que los atletas se inserten en el mercado deportivo internacional.
Un ciclo olímpico cuesta arriba
A las puertas de un nuevo ciclo olímpico, las advertencias de López son contundentes: si no se produce una apertura real hacia la profesionalización y la captación de recursos externos, el deporte cubano continuará en declive.
Sus palabras, poco habituales en figuras de su nivel dentro del sistema, ponen sobre la mesa la contradicción entre el inmovilismo gubernamental y la urgencia de reformas.
El reconocimiento de la crisis por parte de un símbolo como Mijaín López deja al descubierto la responsabilidad del Estado cubano, que ha condenado al deporte a la precariedad al mantener cerradas las puertas del profesionalismo.
El mito de los atletas formados "solo con sacrificio y sin mercado" se ha derrumbado: el propio López, ejemplo máximo de constancia y disciplina, señala que sin apertura, el deporte cubano seguirá perdiendo su lugar en la élite mundial.
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