Cierre federal deja a aeropuertos sin controladores y paraliza vuelos en EE. UU.

Aeropuerto de Miami (Imagen de referencia) © X / Miami Int'l Airport
Aeropuerto de Miami (Imagen de referencia) Foto © X / Miami Int'l Airport

La escasez de personal en torres de control aéreo por el cierre del Gobierno de EE. UU. comienza a provocar suspensiones temporales en aeropuertos clave y demoras generalizadas en todo el país.

Según la televisora CNN, el cierre del Gobierno federal en Estados Unidos ya tiene consecuencias visibles en el transporte aéreo.

La Administración Federal de Aviación (FAA) ha advertido que varios aeropuertos enfrentan escasez crítica de controladores, lo que ha obligado a suspender operaciones, cerrar torres de control temporalmente y aplicar restricciones en tierra para decenas de vuelos en diferentes partes del país.

El Aeropuerto Internacional O’Hare de Chicago, uno de los más transitados de Estados Unidos, fue notificado el martes de que no contaría con suficiente personal en su torre de control durante al menos nueve horas.

La media de retrasos en tierra para vuelos con destino a O’Hare ya alcanzaba los 41 minutos en horas de la tarde.

Una situación similar se vivió en el aeropuerto de Nashville, donde la instalación de aproximación —encargada de guiar los aviones en sus llegadas y salidas— cerró durante cinco horas la misma noche.

Los vuelos con destino al aeropuerto debieron coordinar con el centro regional de control aéreo en Memphis. Se anticipaban demoras promedio de hasta dos horas.

El lunes, en California, la torre del Aeropuerto Internacional de Hollywood Burbank también tuvo que cerrar.

En su ausencia, los propios pilotos asumieron el control utilizando la frecuencia común de asesoramiento de tráfico (CTAF), un método utilizado normalmente en aeropuertos más pequeños y sin torre.

Este escenario, apenas una semana después del inicio del cierre del Gobierno, también afecta a otras instalaciones clave, incluyendo Houston, Newark, Las Vegas, Boston, Atlanta, Filadelfia, Dallas, y Jacksonville, Florida.

Todas ellas operan con personal reducido en sus torres de control durante parte de la noche, según los planes operativos de la FAA.

En Florida, la ciudad de Jacksonville fue una de las mencionadas como afectada por la falta de personal en sus instalaciones de control de tráfico aéreo.

Aunque no se especificaron cierres completos, sí se reconoce una dotación insuficiente en parte del turno nocturno, lo que puede provocar retrasos.

La causa de la crisis es la imposibilidad de cubrir todos los turnos debido al cierre del Gobierno federal, que impide nuevas contrataciones y afecta la moral del personal actual.

Muchos controladores son considerados empleados esenciales, por lo que deben continuar trabajando sin garantías salariales mientras dure la paralización presupuestaria.

Según la televisora citada, el secretario de Transporte, Sean Duffy, confirmó que se ha incrementado el número de controladores que se reportan enfermos desde que comenzó el cierre.

Aunque las acciones laborales organizadas, como huelgas, están prohibidas por ley, incluso un número reducido de ausencias no programadas puede provocar disrupciones debido a la escasez estructural de personal en la FAA.

“El sistema ya era frágil”, dijo Nick Daniels, presidente de la Asociación Nacional de Controladores de Tráfico Aéreo (NATCA), en entrevista con CNN.

“Tenemos una dotación crítica de personal y equipos poco confiables. Esta presión, este estrés, es una distracción innecesaria que conduce a la fatiga”, subrayó.

Los controladores todavía no han dejado de recibir sus salarios, pero la incertidumbre aumenta a medida que se acercan las fechas de pago.

Si el cierre continúa, el próximo 14 de octubre solo se pagará lo trabajado antes del primero de octubre, y el 28 de octubre sería el primer día en que no recibirían ingresos.

La situación también impacta directamente la seguridad aérea. En el caso de Burbank, donde los pilotos asumieron temporalmente la gestión del tráfico sin apoyo de la torre, se registraron más de dos horas y media de retrasos en vuelos durante ese periodo.

La medida obligó a los pilotos a coordinar sus movimientos por radio en una “línea de chat” común, lo que añade un margen de riesgo adicional.

“Es factible, pero no tan seguro como tener un control de tráfico aéreo completo”, advirtió la analista de transporte Mary Schiavo y añadió: “Es como la diferencia entre un guardia de cruce y una señal de alto”.

Aunque el sindicato NATCA desaconseja a sus miembros utilizar licencias médicas como forma de protesta, el temor a no recibir sus cheques está provocando incertidumbre creciente entre los trabajadores.

El Gobierno del presidente Donald Trump ha dicho que usará ingresos arancelarios para financiar programas prioritarios como WIC (asistencia alimentaria para madres y niños), pero no ha ofrecido garantías específicas para los controladores aéreos u otros empleados federales obligados a trabajar sin sueldo.

Solo el lunes por la noche, al menos 11 instalaciones de la FAA operaban con escasez de personal, entre ellas las torres de Phoenix, Denver, Newark, Jacksonville, Chicago, Washington e Indianápolis.

A medida que el cierre se extiende, los retrasos y cierres intermitentes podrían convertirse en la norma en la red aérea nacional, con afectaciones que impactan tanto la operación de vuelos como la seguridad del sistema en general.

El cierre del Gobierno federal en Estados Unidos ya comienza a generar consecuencias tangibles en varios sectores clave. 

El impacto del cierre se extiende al ámbito migratorio. Los trámites de inmigración están experimentando interrupciones en servicios como entrevistas para la residencia, renovaciones de documentos y audiencias de asilo.

Aunque agencias como USCIS permanecen parcialmente operativas al financiarse con tarifas, la incertidumbre ha ralentizado procesos cruciales para miles de migrantes, incluidos cubanos con procesos abiertos.

En medio de la creciente preocupación por los efectos acumulados del cierre, el presidente Donald Trump defendió la medida argumentando que su administración no está dispuesta a seguir financiando programas sin restricciones.

“No queremos regalar dinero a otras personas”, declaró en referencia a programas sociales y ayudas federales. Mientras tanto, sectores como el transporte, la seguridad aérea y la gestión migratoria continúan operando bajo presión, con personal agotado y servicios limitados.

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Este artículo ha sido generado o editado con la ayuda de inteligencia artificial. Ha sido revisado por un editor antes de su publicación.



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