
Vídeos relacionados:
Cuba vive una crisis epidemiológica sin precedentes, pero la información oficial sigue siendo parcial y opaca.
El ministerio de Salud Pública (MINSAP) ha reconocido la circulación simultánea de tres virus —chikungunya, dengue y oropouche— en todo el país, con miles de enfermos y decenas de menores hospitalizados.
Sin embargo, las autoridades no han explicado con transparencia cuáles son los riesgos específicos que estas arbovirosis representan para la población infantil, ni las posibles secuelas que pueden dejar en los niños afectados.
Mientras el doctor Francisco Durán admite que “la mayoría de los casos graves de chikungunya” corresponden a menores de 18 años, la televisión cubana no ofrece información científica sobre los daños que estos virus pueden causar en el organismo infantil.
En contraste, estudios publicados por la Organización Mundial de la Salud (OMS), la Organización Panamericana de la Salud (OPS) y el Centro para el Control y Prevención de Enfermedades (CDC) de Estados Unidos alertan desde hace años sobre las complicaciones severas y las secuelas a largo plazo que estas infecciones pueden provocar en niños y adolescentes.
Chikungunya: Una enfermedad “invalidante” que golpea fuerte a los más pequeños
El chikungunya —una infección viral transmitida por el mosquito Aedes aegypti— se caracteriza por fiebre alta, dolor muscular y articular intenso, y erupciones cutáneas.
Lo más leído hoy:
Aunque suele considerarse una enfermedad autolimitada, la OMS ha confirmado que puede ser grave en lactantes, niños pequeños y personas con enfermedades previas.
Un estudio realizado en Brasil entre 2014 y 2024 (Emerging Infectious Diseases Journal, CDC, 2025) concluyó que los niños menores de seis meses son especialmente vulnerables a complicaciones neurológicas y cardíacas, y que uno de cada diez desarrolla dolor articular crónico tras la fase aguda.
Otro trabajo del Journal of Tropical Pediatrics (India, 2024) halló que los menores infectados durante el embarazo o el parto tienen alto riesgo de transmisión vertical, con posibles daños cerebrales y fallo multiorgánico.
En Cuba, donde los pediatras carecen de recursos básicos, el riesgo de complicaciones se multiplica.
El virus provoca dolores tan intensos que los propios funcionarios del MINSAP lo califican como “extremadamente doloroso”, pero omiten informar que en niños pequeños puede causar encefalitis, hepatitis viral o deshidratación severa, y que muchos requieren ingreso prolongado en unidades de cuidados intensivos.
Dengue: Una vieja enfermedad con nuevas amenazas
El dengue, endémico en Cuba desde hace décadas, también representa un peligro creciente para la infancia. La OPS reportó que los niños son más propensos que los adultos a desarrollar formas graves, como el síndrome de choque por dengue o la fuga capilar, en el que los líquidos del cuerpo se filtran fuera de los vasos sanguíneos provocando colapso circulatorio.
Según la OMS, la coinfección de distintos serotipos del virus —una situación presente actualmente en la isla— aumenta el riesgo de dengue grave hasta diez veces. En contextos de crisis sanitaria, sin hidratación adecuada ni vigilancia hospitalaria, esos cuadros pueden ser letales.
Un metaanálisis publicado en The Lancet Regional Health – Americas en 2023 advierte que la mortalidad por dengue grave en menores puede llegar al 20% en sistemas sanitarios sin recursos suficientes.
En Cuba, donde hay escasez de sueros, antibióticos y camas pediátricas, la falta de transparencia en torno a las cifras de fallecimientos infantiles preocupa cada vez más.
Oropouche: Un virus emergente con secuelas neurológicas
Menos conocido que el dengue o el chikungunya, el virus oropouche —también transmitido por mosquitos— ha sido identificado por la OPS como un patógeno emergente en el Caribe.
En América del Sur, varios estudios (Brasil, Perú, Ecuador) han documentado casos de meningitis y encefalitis asociadas a esta infección en niños y adolescentes.
El Journal of Medical Virology (2024) señaló que el 15% de los pacientes pediátricos infectados por oropouche presentaron complicaciones neurológicas moderadas o graves, incluyendo pérdida auditiva y alteraciones del comportamiento.
Aunque el MINSAP asegura que “ya no se registran casos”, la falta de vigilancia molecular en Cuba hace que no pueda descartarse la circulación silenciosa del virus.
La infancia, la gran víctima del silencio oficial
Los organismos internacionales son claros: las arbovirosis no son “fiebres pasajeras” en los niños, sino amenazas potencialmente graves que requieren vigilancia intensiva, seguimiento médico prolongado y políticas de prevención sostenidas.
Pero en Cuba, la información pública es mínima. No existen boletines epidemiológicos accesibles, no se publican estadísticas por edad ni provincia, y las autoridades evitan reconocer los fallecimientos.
El ministro José Ángel Portal Miranda, máximo responsable del sistema de salud, sigue sin presentarse ante los medios ni ofrecer un plan nacional de emergencia pediátrica, mientras sus subordinados se limitan a pedir “autocuidado” y “tranquilidad”.
Esta falta de transparencia tiene consecuencias reales: los padres no saben cuándo acudir al hospital, los médicos trabajan a ciegas y las familias tratan los síntomas en casa, exponiendo a los niños a deshidratación o complicaciones neurológicas.
La urgencia de informar y proteger
Cuba encabeza hoy las tasas de incidencia de chikungunya y oropouche en el continente americano, según la OPS. Sin embargo, la población apenas conoce los riesgos que estas enfermedades implican para los menores.
La niñez cubana —que alguna vez fue símbolo de orgullo para el discurso oficial— es ahora el grupo más desprotegido. Callar las cifras y maquillar la crisis no salva vidas. Al contrario: ocultar información científica, negar recursos y reprimir la crítica médica solo multiplica el dolor.
Los niños cubanos no necesitan propaganda ni eufemismos. Necesitan sueros, camas, medicamentos… y la verdad.
Archivado en: