El gobernante cubano Miguel Díaz-Canel afirmó en su reciente comparecencia especial que Cuba está dispuesta a dialogar con Estados Unidos “sobre cualquiera de los temas que se quieran debatir”, pero “sin presiones, sin precondiciones y en una posición de respeto mutuo”.
Sus declaraciones, difundidas por la Presidencia de Cuba, reiteraron la tradicional postura oficial de exigir soberanía y trato de iguales, una línea de continuidad con los discursos de Fidel y Raúl Castro.
“Bajo presiones no se puede dialogar”, sentenció Díaz-Canel, mientras defendía la idea de construir una relación “civilizada” entre los dos países, basada en el respeto a la independencia nacional.
Pero mientras el gobernante apela al respeto y al diálogo hacia el exterior, su propio gobierno intensifica la represión contra quienes intentan ejercer la libre expresión dentro del país, castigando toda forma de disenso, crítica o debate ciudadano.
En los últimos días, la detención de los jóvenes del proyecto independiente El4tico ha vuelto a exponer esa doble moral.
El grupo, conocido por sus videos de análisis político y crítica social, ha venido publicando unos originales video con mensajes que denuncian el carácter autoritario del sistema cubano, planteando agudas críticas al régimen desde la óptica de la economía, sociología, psicología y la filosofía política.
Por ejercer su derecho a la libertad de pensamiento y expresión, la Seguridad del Estado arrestó n Holguín a dos de sus integrantes, Kamil Zayas Pérez y Ernesto Ricardo Medina, durante un operativo en el cual sus equipos de trabajo fueron confiscados.
Una carta escrita por Kamil antes de su detención reveló su previsión ante el arresto. “No me arrestan por robar ni por agredir, me arrestan por el único crimen que una dictadura no tolera: pensar con cabeza propia”, dejó escrito.
El caso de El4tico no es aislado. Opositores, periodistas independientes, artistas y ciudadanos que se expresan pacíficamente continúan siendo hostigados, vigilados y detenidos por la Seguridad del Estado.
Jóvenes activistas como Anna Sofía Benítez han denunciado el mismo patrón de persecución y censura por ejercer el derecho a hablar libremente.
Informes del Observatorio Cubano de Derechos Humanos, Amnistía Internacional y Human Rights Watch confirman la persistencia de detenciones arbitrarias, vigilancia policial y juicios amañados contra manifestantes o comunicadores.
El discurso de Díaz-Canel sobre un “diálogo civilizado” con Washington contrasta, así, con la ausencia absoluta de diálogo social interno.
Mientras pide que no lo presionen desde el extranjero, presiona y silencia a su propio pueblo; mientras exige respeto a la soberanía nacional, viola los derechos soberanos de los ciudadanos cubanos a expresarse, organizarse y pensar sin miedo.
Resulta paradójico que el régimen invoque el diálogo cuando se trata de Estados Unidos, pero cierre todos los canales de conversación entre cubanos. El mismo gobierno que pide igualdad entre naciones no tolera la igualdad entre voces diferentes dentro del país.
Díaz-Canel dijo que “de un diálogo así se puede construir una relación civilizada entre vecinos”. Pero en Cuba —donde el diálogo social se castiga con cárcel—, los vecinos que piensan diferente son tratados como enemigos.
La distancia entre el discurso y la realidad es abismal: el régimen cubano no puede dialogar bajo presiones externas, pero vive de presionar a su pueblo.
Archivado en:
