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La presidenta interina de Venezuela, Delcy Rodríguez, enfrenta el mayor desafío político de su carrera: mantener la cohesión del chavismo tras la salida de Nicolás Maduro del poder, mientras negocia y ajusta políticas bajo la presión directa del presidente de Estados Unidos, Donald Trump.
Un reporte de la BBC señala que desde la operación del 3 de enero en la que Maduro y Cilia Flores fueron trasladados a Nueva York para enfrentar cargos federales, el país ha entrado en una etapa de transición marcada por tensiones internas y presiones externas.
Aunque Rodríguez ha reiterado públicamente su respaldo a Maduro y ha exigido su regreso, no existen señales concretas de que eso vaya a ocurrir, expresa el texto.
Analistas internacionales coinciden en que Rodríguez camina por una delgada línea política, en la que debe mantener el discurso antiimperialista para conservar el respaldo de la base chavista, mientras introduce cambios pragmáticos que respondan a las exigencias de Washington.
En sus primeras declaraciones tras la salida de Maduro, la mandataria interina denunció lo que calificó como una acción impulsada por la “voracidad energética” de Estados Unidos.
Sin embargo, poco después se anunciaron acuerdos que permitirían la entrega de millones de barriles de petróleo, en un giro que evidenció un tono más conciliador hacia la Casa Blanca.
Rodríguez ha combinado mensajes duros contra el “imperialismo” estadounidense con reuniones discretas con altos funcionarios de Washington.
Trump, por su parte, ha reconocido públicamente la compleja posición de la dirigente chavista, sugiriendo que ciertas declaraciones responden a la necesidad de sostener su base política interna.
En el plano interno, la presidenta interina ha apostado por un gabinete más técnico que ideológico y ha impulsado medidas orientadas a facilitar la presencia de compañías energéticas estadounidenses en Venezuela.
También se han producido liberaciones selectivas de presos políticos, interpretadas por sectores de la oposición como concesiones derivadas de la presión estadounidense.
La presión sobre Rodríguez no es simbólica. Expertos advierten que Washington —y especialmente el secretario de Estado, Marco Rubio— mantiene capacidad de intensificar sanciones, ampliar bloqueos energéticos o incluso escalar medidas de mayor alcance si considera que la transición no avanza en la dirección acordada.
Mientras tanto, el respaldo social al chavismo se ha reducido significativamente tras años de crisis económica, hiperinflación y migración masiva.
Más de siete millones de venezolanos han abandonado el país desde 2014, reflejo de un deterioro estructural que limita el margen de maniobra político.
En este escenario, BBC subraya que Delcy Rodríguez intenta sostener un delicado equilibrio: preservar la narrativa revolucionaria que mantiene cohesionada a la estructura chavista, sin desafiar abiertamente a la administración Trump, que hoy controla los tiempos y condiciones del proceso de transición.
La incógnita es cuánto tiempo podrá mantener ese doble juego sin que una de las dos fuerzas termine imponiendo su peso definitivo.
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