El encargado de Negocios de la Embajada de Estados Unidos en La Habana, Mike Hammer, aseguró que 2026 podría marcar un punto de inflexión en la historia reciente de Cuba.
En declaraciones concedidas al diario español ABC, el diplomático afirmó: “Yo diría que sí, que va a haber un cambio. ¿En qué forma? Ya veremos cómo”, y añadió que se trataría de un “cambio histórico”.
Las declaraciones se producen en un contexto de creciente presión de la administración del presidente Donald Trump sobre el régimen cubano, tras el recrudecimiento de sanciones energéticas y la inclusión nuevamente de Cuba en la lista de países patrocinadores del terrorismo al inicio del actual mandato en enero de 2025.
Uno de los aspectos más relevantes de la entrevista fue la confirmación de que existen comunicaciones con actores dentro del sistema cubano. Aunque evitó ofrecer detalles, Hammer señaló que “hay comunicaciones con ciertas personas”, en línea con afirmaciones previas del presidente Trump.
También sugirió que no todos dentro del aparato de poder estarían al tanto de estos intercambios: “Que algunos miembros del régimen digan que no hay nada; a lo mejor ellos no están informados, a lo mejor no es con ellos…”.
El diplomático apuntó que dentro del sistema hay individuos conscientes de que “el proyecto ya está finalizando” y que podrían estar interesados en facilitar una salida.
Según explicó, Washington busca “una salida pacífica donde no haya derramamiento de sangre”, insistiendo en que el objetivo es una apertura económica y política que beneficie al pueblo cubano.
Uno de los ejes centrales de la actual estrategia de Washington ha sido el bloqueo al suministro de petróleo procedente de Venezuela, medida que ha agravado la crisis energética en la isla. Hammer defendió que estas decisiones buscan impedir que el régimen obtenga recursos para sostener su aparato represivo.
“Nuestra política siempre ha sido intentar impedir darle oxígeno, energía y capacidad a la máquina represiva del régimen cubano”, afirmó. Sostuvo además que buena parte del petróleo que llegaba a la isla no se destinaba a aliviar las carencias de la población, sino que era revendido en mercados internacionales.
Al mismo tiempo, dejó abierta la posibilidad de evaluar mecanismos de asistencia que no fortalezcan a la cúpula gobernante. Sobre eventuales envíos limitados de combustible, indicó que el tema está siendo revisado por el Departamento de Estado. “Vamos a tomar decisiones basadas en cómo podemos apoyar al pueblo cubano sin que se aproveche el régimen”, subrayó.
En esa línea, recordó que tras el huracán Melissa Estados Unidos anunció ayuda humanitaria canalizada a través de la Iglesia Católica y Cáritas Cuba, con el objetivo de garantizar que los recursos lleguen directamente a los damnificados.
Hammer aseguró además que Washington contempla planes para el “día después” de un eventual cambio político en la isla. “Hemos estado pensando en una transición a una Cuba libre durante mucho tiempo. Tenemos todo tipo de planes de cómo se puede realizar de la manera menos caótica”, afirmó.
El diplomático describió un país con infraestructuras energéticas, sanitarias y de transporte deterioradas, y criticó que los ingresos del turismo no hayan sido reinvertidos en beneficio de la economía nacional. En su opinión, una apertura permitiría canalizar inversión y apoyo internacional hacia la reconstrucción.
Si bien evitó establecer plazos concretos, sostuvo que las condiciones actuales son distintas a las de años anteriores. “Cuando yo llegué, no se hablaba de eso. Ahora la gente no pregunta si va a pasar, sino cuándo”, afirmó, aludiendo a un cambio de percepción tanto dentro como fuera del país.
Hammer fue especialmente crítico con la situación de los derechos humanos en la isla. Insistió en la necesidad de liberar a los presos políticos y defendió que el régimen cubano funciona como una dictadura.
“Si en un país uno no se puede expresar libremente y te encarcelan por sacar un letrero, que me digan que no es dictadura”, sostuvo.
También cuestionó las prioridades del gobierno cubano en medio de la crisis energética, al señalar que mientras la población enfrenta apagones y escasez de combustible, las fuerzas encargadas de la vigilancia y la represión mantienen recursos para operar.
Las declaraciones del diplomático apuntan a un año decisivo en la relación bilateral y en el futuro político de la isla. Aunque no ofreció detalles sobre los próximos pasos de la Casa Blanca, reiteró que la actual coyuntura representa “una oportunidad histórica” tras más de seis décadas de sistema socialista en el poder.
“Nunca ha habido una administración que se haya enfocado tanto en el hemisferio y en Cuba”, concluyó.
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