El colapso económico de Cuba ha dejado de ser una crisis coyuntural para consolidarse como un problema estructural que no se resolverá con gestos aislados. Así lo advirtió el excongresista estadounidense Joe García, quien subrayó en una entrevista concedida a CiberCuba, que, sin garantías reales y reformas profundas, ni la diáspora ni la banca internacional estarán dispuestas a invertir en la isla.
Su diagnóstico es contundente: Cuba enfrenta una quiebra funcional. “Si los americanos le quitan el pie a Cuba, no se para… precisamente porque está en quiebra”, aseguró.
“La realidad es que la diáspora va a pedir tantas garantías o más que lo que pidieron inversionistas americanos”, afirmó García, desmontando la idea de que el capital cubano en el exterior acudiría automáticamente al rescate de la economía nacional.
Uno de los factores clave de esta desconfianza es la reciente actuación del sistema financiero cubano. Según García, inversionistas han sido directamente afectados: “Hace menos de seis meses le cerraron todas las cuentas de banco y le quitaron todos los depósitos que tenían en dólares”. Este tipo de medidas, recalca, destruye cualquier base mínima de confianza para atraer capital.
“En Cuba está todo por hacer… hay una devastación en cada esquina”, señaló, describiendo una economía paralizada que, paradójicamente, también representa una oportunidad de reconstrucción si existieran las condiciones adecuadas.
Sin embargo, el problema no se limita al embargo estadounidense. Aunque García reconoce que es un factor relevante —“es un problema esencial”, concedió—, insiste en que no es suficiente para explicar la crisis ni para resolverla. Incluso en un escenario hipotético de levantamiento inmediato, el país seguiría sin despegar si no se restablece la confianza institucional, dijo.
En este sentido, apuntó que el acceso a financiamiento internacional sigue bloqueado. Cuba necesita abrirse a organismos como el Fondo Monetario Internacional (FMI) y el Banco Mundial, así como a la banca internacional y a inversionistas en infraestructura. Sin ese respaldo estructural, la recuperación resulta inviable.
El análisis también apunta al factor político. García criticó la tendencia de algunos sectores a evitar negociar con quienes realmente detentan el poder en la isla. “Queremos negociar la solución… pero no queremos negociar con el que tiene poder”, señaló, cuestionando la falta de realismo en ciertos planteamientos.
Además, descartó cualquier escenario de intervención externa: “Yo no le puedo imponer a los norteamericanos que sus hijos… vayan a morir en Cuba”, afirmó, en referencia a los llamados a una solución de fuerza, que calificó como inviables.
La volatilidad de la política estadounidense añade otro nivel de incertidumbre. “Donald Trump… mañana puede cambiar y anunciar que no le importa Cuba”, advirtió, subrayando la fragilidad de cualquier estrategia que dependa de decisiones en Washington.
Ante este panorama, García insistió en que la única salida viable pasa por decisiones internas en La Habana. En su opinión, el régimen cubano debe ofrecer garantías claras, empezando por su propia población. “Primero al pueblo de Cuba: ¿cómo vamos a salir de este hueco?”, planteó.
También apuntó a la necesidad de señales creíbles, tanto económicas como políticas. Ni la comunidad internacional ni la diáspora confiarán en promesas sin respaldo. “Nadie pide inversión porque quiere… es porque necesitan algo”, dijo, dejando claro que el interés en atraer capital responde a la urgencia de la crisis.
García destaca que el momento es decisivo y, a su juicio, exige reglas claras, protección de activos y garantías verificables. Sólo así, añade, podría activarse la inversión y reabrirse el acceso a financiamiento internacional. De lo contrario, insiste, ni siquiera el levantamiento del embargo evitará la prolongación de una economía insolvente y una sociedad atrapada en el estancamiento.
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