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Estados Unidos ha enviado aproximadamente 30,000 barriles de combustible al sector privado cubano desde principios de febrero. La cifra, confirmada por Reuters, ha generado un debate que mezcla dos conversaciones completamente distintas — y conviene separarlas.
Lo que el combustible sí está resolviendo
El sector privado cubano se ha convertido, por defecto, en el verdadero sistema de distribución de alimentos en Cuba. Cuando el Estado ya no puede garantizar ni la harina ni el pan, son las mipymes las que de facto alimentan a una gran parte de la población: panaderías privadas, mayoristas que abastecen pequeños mercados, transportistas, refrigeración. Que esas empresas tengan diésel para operar no es una cuestión política menor — es una cuestión humanitaria concreta.
La crisis energética afecta al 96.4% de las 8,904 mipymes registradas en Cuba. Cualquier alivio en ese frente tiene impacto directo en la cadena alimentaria de millones de cubanos. Discutir si "la dictadura toma su tajada" o no es legítimo, pero no puede opacar el hecho de que esas empresas están trabajando, están produciendo, están llegando a familias que de otra forma no tendrían acceso a bienes básicos.
Lo que no puede resolver
El sistema eléctrico nacional es una dimensión completamente distinta. Las centrales termoeléctricas — máquinas soviéticas de más de 40 años de antigüedad operando al 34% de su capacidad — no se alimentan de isotanques de diésel llegando en portacontenedores. Necesitan grandes volúmenes de fuel oil pesado, infraestructura portuaria de escala, y sobre todo una inversión de entre 6,600 y 10,000 millones de dólares para ser rehabilitadas o reemplazadas. Cuba ha sufrido seis colapsos totales de la red eléctrica en año y medio. Eso no lo resuelve ningún esquema de exportación privada.
La escala lo dice todo: 30,000 barriles totales en casi dos meses equivalen a unos 500 barriles diarios. Cuba históricamente necesitaba 100,000. El combustible al sector privado representa el 0.5% de esa necesidad. Es oxígeno para que la economía informal respire — no es la solución al apagón.
La distinción que importa
El error del debate público es tratar ambas cosas como si fueran la misma. Los que critican la política de Washington por "apuntalar indirectamente al régimen" tienen razón en señalar los riesgos de desvío. Los que la defienden tienen razón en que las mipymes son hoy la columna vertebral del suministro alimentario cubano y necesitan combustible para funcionar.
Pero ninguno de los dos bandos debe confundir al lector: los apagones de 20 horas diarias que destruyen la vida cotidiana de los cubanos requieren una solución de otra magnitud — política, financiera y estructural — que excede completamente lo que cualquier esquema de exportación privada puede ofrecer.
El régimen construyó durante décadas un sistema eléctrico dependiente, centralizado e irrecuperable sin inversión masiva. Eso no lo arreglan 30,000 barriles. Lo que sí pueden hacer esos barriles es mantener con vida a las mipymes que hoy, en ausencia del Estado, le ponen comida en la mesa a muchos cubanos. Y eso, en el contexto actual de Cuba, no es poco.
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