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Mientras el transporte público en Cuba atraviesa uno de sus peores colapsos en décadas, con rutas suspendidas, trenes reducidos al mínimo y una escasez extrema de combustible que ha paralizado gran parte del país, en el Aeropuerto Internacional José Martí de La Habana opera al menos una alternativa de traslado para viajeros que llegan del exterior.
Según un testimonio difundido en Facebook, un ómnibus cobra cinco dólares por llevar pasajeros hasta zonas céntricas de la capital.
La existencia de ese servicio, sin embargo, no ha sido presentada como una solución estable ni ampliamente informada, y ha generado controversia entre usuarios que afirman que no siempre está disponible o que solo funciona en una terminal específica.
La denuncia implícita en ese contraste apunta a una desigualdad cada vez más visible en la isla: no hay transporte suficiente para la población que se mueve a diario por trabajo, estudios o necesidad, pero sí aparecen opciones relativamente organizadas para quienes aterrizan en La Habana con divisas en el bolsillo.
Esa percepción cobró fuerza a partir de la publicación del internauta Rick Reyna, quien relató que al llegar desde Monterrey en un vuelo de Vivaaerobús a las 8:30 de la noche encontró, “saliendo a mano derecha”, un bus estacionado frente a la puerta 7.
Según su testimonio, pagó cinco dólares y el vehículo lo dejó en el Parque Central en 42 minutos, mientras otros pasajeros siguieron hasta el Habana Libre.
Desde allí, añadió, tomó un bicitaxi por 500 pesos cubanos, aproximadamente un dólar, por lo que todo el trayecto hasta su destino le costó seis dólares. También aseguró que los taxistas particulares estaban cobrando entre 50 y 70 dólares.
Pero el propio intercambio en redes sociales desmonta la idea de que ese servicio resuelva el problema o esté garantizado para cualquiera que llegue al aeropuerto.
Entre los comentarios de los internautas, varios contradicen esa visión y aseguran que el ómnibus “no siempre está” y que tampoco existe información suficiente dentro del aeropuerto ni en oficinas oficiales para orientar a los pasajeros.
Uno de ellos resume la situación así: “para quien lo necesite es un misterio”. Otro precisa que esa opción estaría disponible en la Terminal 3, pero no en la Terminal 2.
Y un tercero rechaza abiertamente la imagen de normalidad, afirmando que “es extremadamente difícil coger un transporte” y que, si se consigue, resulta “excesivamente caro”.
Ese episodio se vuelve especialmente significativo cuando se lo coloca frente al panorama general del transporte en Cuba.
El propio ministro de Transporte, Eduardo Rodríguez Dávila, reconoció en el programa oficial Mesa Redonda el fuerte deterioro del sector, aunque atribuyó gran parte de la crisis al llamado “cerco energético” de Estados Unidos.
Sin embargo, incluso en esa explicación oficial quedaron expuestos problemas estructurales internos: baja disponibilidad técnica, falta de lubricantes, infraestructura deteriorada y un sistema incapaz de sostener servicios básicos.
El resultado práctico, según el documento, ha sido una reducción drástica de los servicios en todo el país.
Rodríguez Dávila detalló que los ómnibus nacionales operan con una sola salida diaria, los trenes apenas circulan una vez cada ocho días y el ferry hacia la Isla de la Juventud quedó reducido a dos frecuencias por semana.
Muchas otras transportaciones, directamente, fueron suspendidas. A nivel local, las autoridades han intentado paliar el derrumbe con medidas improvisadas, como el uso de “medibuses” para mover a más de 70 mil pasajeros, la reorganización de triciclos eléctricos y la incorporación de actores privados.
También se han priorizado algunos servicios considerados esenciales, entre ellos el traslado de más de 12.800 estudiantes de escuelas especiales y cerca de 2,900 pacientes de hemodiálisis.
El gobierno ha acompañado ese reconocimiento del desastre con nuevas promesas.
Entre las proyecciones para 2026, el ministro anunció el ensamblaje de 50 microbuses y 50 carros fúnebres, la distribución de 150 triciclos eléctricos para municipios, la llegada de los primeros ómnibus eléctricos urbanos con estaciones de carga alimentadas por energía renovable, 400 autos eléctricos para servicios de hemodiálisis y la instalación de estaciones de carga con paneles solares en la autopista nacional y otras zonas de alta demanda.
Pero esas promesas contrastan con una realidad marcada por años de deterioro sin soluciones estructurales visibles.
No es reciente la crisis
Más allá del discurso oficial, el colapso del transporte no es un fenómeno reciente ni puede explicarse únicamente por factores externos.
Durante décadas, la falta de mantenimiento, la obsolescencia del parque automotor, la escasez de piezas de repuesto y la mala planificación fueron debilitando progresivamente el sistema hasta llevarlo al punto actual.
Los datos son contundentes: el transporte estatal de pasajeros en Cuba se desplomó un 93 % entre enero y septiembre de 2025, una caída que retrata la dimensión del derrumbe.
En la práctica, eso significa que moverse dentro del país se ha convertido en una odisea cotidiana. En muchas ciudades, los servicios han desaparecido casi por completo.
En La Habana hubo momentos recientes en que todas las rutas urbanas quedaron suspendidas por falta de combustible.
En Ciego de Ávila, de 135 rutas de autobuses apenas funcionan dos, mientras los trenes fueron paralizados por completo debido a la falta de diésel.
A nivel nacional, las cancelaciones también alcanzan a los viajes interprovinciales: en Las Tunas se suspendieron prácticamente todas las salidas de ómnibus, dejando solo un servicio nocturno hacia La Habana.
Las consecuencias para la población son severas. Las esperas de varias horas se han vuelto habituales y, en muchos casos, ni siquiera pagando es posible encontrar transporte.
El encarecimiento de los pasajes, que en ocasiones se multiplica en pocos días, ha convertido la movilidad en un lujo inaccesible para buena parte de los cubanos.
Ante la falta de soluciones reales, muchas personas terminan caminando largas distancias, usando bicicletas o dependiendo de un mercado informal donde los precios pueden representar una porción enorme del salario mensual.
Preguntas frecuentes sobre la crisis del transporte en Cuba
CiberCuba te lo explica:
¿Cuál es la situación actual del transporte público en Cuba?
El transporte público en Cuba está en una crisis severa, marcada por la escasez de combustible, la suspensión de rutas y la reducción drástica de servicios. Esta situación ha dejado a muchos ciudadanos sin opciones para moverse dentro de sus ciudades y ha convertido el transporte en un lujo inaccesible para la mayoría.
¿Cómo se compara el servicio de transporte desde el aeropuerto al resto del país?
Existe un contraste significativo, ya que en el Aeropuerto Internacional José Martí de La Habana, hay un servicio de ómnibus para viajeros que llegan del extranjero, mientras que el transporte público en el resto del país se encuentra en colapso. Esto ha generado críticas debido a la desigualdad en el acceso al transporte.
¿Qué medidas está tomando el gobierno cubano para enfrentar la crisis del transporte?
El gobierno ha anunciado varias medidas, como la proyección de ensamblar microbuses y carros fúnebres, distribuir triciclos eléctricos y priorizar servicios esenciales. Sin embargo, estas promesas contrastan con la falta de soluciones estructurales y el deterioro continuo del sistema de transporte en el país.
¿Cómo afecta la crisis del transporte a la población cubana?
La crisis del transporte ha convertido la movilidad diaria en una odisea para los cubanos, quienes a menudo enfrentan largas esperas, altas tarifas y la necesidad de caminar largas distancias. La escasez de combustible y el deterioro del parque automotor han agravado esta situación, dejando a muchas personas sin opciones viables para desplazarse.
¿Qué papel juegan los transportistas privados en la crisis del transporte en Cuba?
En medio de la crisis del transporte, los transportistas privados han asumido un papel importante al ofrecer servicios alternativos, aunque a menudo a precios elevados debido al alto costo del combustible y la escasez de recursos. Sin embargo, esta alternativa no siempre garantiza condiciones óptimas ni es accesible para todos los ciudadanos.
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