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La publicación de CiberCuba sobre Abel Prieto y Amaury Pérez recordando a John Lennon provocó una reacción masiva de indignación en redes sociales, donde cientos de cubanos criticaron lo que consideran un ejercicio de “hipocresía” por parte de figuras vinculadas al aparato cultural del régimen.
El debate se desbordó rápidamente en Facebook, con una narrativa dominante: la contradicción entre el homenaje actual al ex Beatle y la persecución que durante décadas sufrió su música en Cuba.
“Prohibieron a los Beatles y ahora los lloran”, resumió un usuario, en una frase que se repitió en distintas variantes a lo largo de los comentarios y que sintetiza el sentir de muchos.
La crítica giró en torno a una idea clara: quienes hoy evocan a Lennon formaron parte —directa o indirectamente— del sistema que reprimió a quienes lo escuchaban.
Numerosos lectores recordaron que oír música de The Beatles no solo estaba mal visto, sino que podía acarrear consecuencias. “Había que oírlos bajito, con miedo, porque era ‘diversionismo ideológico’”, escribió un comentarista. Otro añadió: “Si te cogían con un disco, te buscabas problemas. Ahora vienen a llorarlos”.
Las referencias a castigos institucionales fueron constantes. “Conozco gente que fue expulsada de la escuela por eso”, afirmó un usuario. En la misma línea, otro relató: “A mí me tuvieron meses sin pase en el Servicio Militar por tener un disco de los Beatles. Hoy lo lloran, qué ironía”.
El tema de las Unidades Militares de Ayuda a la Producción (UMAP) también emergió con fuerza en la conversación. “Muchos terminaron en esos campos por escuchar música en inglés. Eso no se olvida”, señaló un lector. Otro insistió: “Eso fue real, no es cuento. Y nunca pidieron perdón”.
Más allá de los testimonios individuales, los comentarios reflejan una memoria colectiva profundamente arraigada. “En los años 70 había que esconder los discos en las fiestas. Si llegaba la policía, se los llevaban”, recordó un usuario. Otro agregó: “Nos cortaban el pelo en la calle por llevarlo largo. Todo era parte de lo mismo”.
Entre las voces destacadas, el cineasta cubano Lilo Vilaplana lanzó una crítica que también resonó entre los lectores: “¿Y por qué no lloró cuando Castro lo mató en vida, que era prohibido en Cuba?”. Su comentario fue respaldado por otros usuarios que señalaron lo que consideran una “memoria selectiva” dentro del discurso oficial.
La indignación no se limitó al pasado. Muchos comentarios cuestionaron que figuras como Prieto se pronuncien sobre Lennon mientras, según ellos, ignoran la crisis actual del país. “Que lloren por el pueblo cubano, por el hambre y los apagones”, escribió un lector. Otro fue más tajante: “No lloran por los cubanos, pero sí por un artista extranjero”.
La acusación de “doble moral” se repitió de forma insistente. “Primero lo prohibieron y después le hicieron una estatua”, resumió un comentario. En esa línea, otro usuario escribió: “Es la cultura de la hipocresía: lo que ayer era malo, hoy lo convierten en símbolo”.
También hubo críticas al uso político de la figura de Lennon en el post original de Prieto. “Ahora resulta que saben lo que pensaría Lennon hoy”, ironizó un comentarista. Otro añadió: “Siempre usan figuras externas, pero nunca reconocen sus errores”.
Aunque minoritarias, algunas voces intentaron relativizar el debate o llamar a pasar página, pero fueron rápidamente respondidas por otros usuarios. “No es olvidar, es que nunca se ha reconocido el daño”, replicó uno de ellos.
El intercambio evidenció el peso que aún tiene la censura cultural en la memoria de varias generaciones de cubanos. Para muchos, el problema no es que se recuerde a Lennon, sino quién lo hace y desde qué posición.
“Lo que molesta no es el homenaje, es la historia detrás”, resumió un usuario en otro de los comentarios más compartidos.
La figura de John Lennon, convertida en símbolo global de paz y libertad, se transforma en este contexto en un espejo incómodo del pasado cultural cubano. El intento de evocarlo desde el discurso oficial choca, para muchos, con una experiencia vivida de represión y control.
Más allá del caso puntual, la reacción a la nota de CiberCuba demuestra cómo las redes sociales se han convertido en un espacio donde emergen relatos, recuerdos y cuestionamientos que durante años quedaron fuera del discurso público.
Décadas después, esa memoria sigue viva. Y ante gestos como el de Prieto, no se diluye ni se acomoda: estalla.
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