Un nuevo proceso de acercamiento entre Cuba y Estados Unidos avanza en las sombras, con señales públicas cuidadosamente administradas y negociaciones que, según analistas, van mucho más lejos de lo que ambas partes reconocen oficialmente.
El jurista y politólogo Roberto Veiga, director de Cuba Próxima, analizó la entrevista que Miguel Díaz-Canel concedió al periodista brasileño Breno Altman, fundador de Opera Mundi, y compartió con CiberCuba sus consideraciones.
Veiga fue categórico: "Esta entrevista que él está dando forma parte de la gestión de las negociaciones que están teniendo entre la Plaza de la Revolución y la Casa Blanca."
Veiga advirtió que las apariencias engañan: "Dicen que van en los temas de manera preliminar, pero en estas negociaciones siempre se va más adelante de lo que se dice."
El uso de Opera Mundi como canal no es casual. El medio brasileño de izquierda progresista, con acceso privilegiado a La Habana, refleja la tradición del régimen cubano de usar intermediarios ideológicamente afines para enviar señales diplomáticas sin comprometerse formalmente ante su propia base política.
El paralelo con el proceso Obama-Castro es inevitable. Aquel deshielo, anunciado el 17 de diciembre de 2014, incluyó el restablecimiento de relaciones diplomáticas, la reapertura de embajadas y la visita histórica de Obama a La Habana en marzo de 2016.
Sin embargo, fracasó en producir cambios políticos reales: el régimen no liberalizó, no hubo elecciones, y la represión continuó. La llegada de Trump en 2017 revirtió gran parte de las medidas.
La diferencia estructural más importante en 2026 es que Washington no negocia con el gobierno formal, sino directamente con la familia Castro.
El elemento más revelador del nivel real de las conversaciones fue la reunión paralela y separada que un alto funcionario del Departamento de Estado sostuvo el 10 de abril con Raúl Guillermo Rodríguez Castro —nieto de Raúl Castro, conocido como "el Cangrejo"—, confirmada tanto por Washington como por el Ministerio de Relaciones Exteriores cubano.
Rodríguez Castro, de 41 años, no tiene cargo oficial en el gobierno, pero actúa como hombre de confianza de su abuelo.
Esa misma jornada del 10 de abril marcó otro hito: el primer vuelo gubernamental estadounidense a La Habana desde 2016, con una delegación del Departamento de Estado que se reunió con funcionarios cubanos en lo que el subdirector general del MINREX para Estados Unidos, Alejandro García del Toro, describió como una conversación "seria, respetuosa y profesional".
Desde febrero de 2026, Rodríguez Castro mantuvo contactos sorprendentemente amistosos con el secretario de Estado Marco Rubio, y en abril envió una carta secreta al propio Trump —vía el empresario Roberto Carlos Chamizo González— proponiendo acuerdos económicos y eliminación de sanciones.
El plan estadounidense, según Bloomberg, apunta a una "Cubastroika": convertir a Cuba en un país financieramente dependiente de EE.UU. sin intervención militar, con alivio de sanciones, apertura al turismo y acuerdos en puertos y energía.
Las exigencias concretas de Washington incluyen la liberación de presos políticos como Luis Manuel Otero Alcántara y Maykel Osorbo, compensación por propiedades confiscadas, acceso a internet vía Starlink y levantamiento de restricciones políticas.
Este deshielo 2.0 ocurre desde una posición de máxima debilidad cubana: el PIB cayó un 5% en 2025, el peso se devaluó un 47,8% en un año —de 345 a 510 pesos por dólar— y el PIB per cápita alcanza apenas 1,082.8 dólares, el más bajo de América Latina.
Veiga observó también un cambio en el lenguaje corporal de Díaz-Canel como posible indicador de que algunas decisiones ya fueron tomadas.
"Haberse decidido ya por la familia Castro y el entorno de la Casa Blanca marchar en algún rumbo y entonces ya él está implicado. Algunas decisiones ya se tomaron, él está implicado, sabe que estará en el momento inmediato, sabe qué se quiere hacer, cree que podrá manejarlo. Está mínimamente empoderado en el proceso."
Sin embargo, el propio Díaz-Canel dejó clara la posición del régimen en su entrevista a Opera Mundi: está dispuesto al diálogo "siempre y cuando sea desde una posición de respeto a nuestra soberanía e independencia".
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