
Vídeos relacionados:
Hay una verdad incómoda que el régimen cubano nunca ha querido mirar de frente, y que sus voceros disfrazan con eufemismos cada vez que la realidad los acorrala: la Revolución Cubana, desde su primer acto fundacional, decidió que Cuba viviría de limosnas. No es una consecuencia. No es un accidente de la historia. No es culpa del embargo. Es una decisión estructural tomada hace más de seis décadas, y sostenida con una terquedad ideológica que ha condenado a generaciones enteras a la mendicidad.
La destrucción deliberada de la base económica
Cuando Fidel Castro llegó al poder en 1959, Cuba era la perla del Caribe: una economía capitalista funcional, con base productiva real —ingenios azucareros, industria ligera, comercio, una clase media trabajadora— y pequeños negocios que sostenían barrios enteros. En cuestión de meses comenzaron las nacionalizaciones de las empresas norteamericanas. Pero el régimen no se detuvo ahí. En 1968, con la mal llamada "Ofensiva Revolucionaria", Castro arrasó hasta con el último puesto de fritas del chino de la esquina: barberías, timbiriches, cafeterías, talleres, puestos de venta de maní. Todo.
Mientras el régimen siga en pie, Cuba seguirá siendo lo que hoy es: el mendigo del mundo
Lo que quedó después no fue una economía socialista próspera. Fue un vacío. Un país sin tejido empresarial, sin capacidad de generar riqueza propia. Y ahí, exactamente en ese punto, surgio esquema que aún hoy pervive: Cuba ya no produciría nunca más lo que necesita; Cuba viviría de lo que otros quisieran regalarle.
La gran limosna soviética
Durante casi tres décadas, la Unión Soviética sostuvo a Cuba con subvenciones obscenas. Petróleo prácticamente regalado, compra de azúcar a precios artificialmente inflados, créditos blandos que nunca se pensó pagar, maquinaria, fertilizantes, tractores, Ladas, KamAZ, alimentos. Moscú transfirió a La Habana entre cuatro y seis mil millones de dólares anuales en los años ochenta. Una cifra escandalosa para una isla de diez millones de habitantes.
Eso no era una economía. Era una ficción sostenida desde el Kremlin. Cuba no exportaba productos: exportaba lealtad ideológica, soldados para guerras africanas y posición geopolítica frente a Estados Unidos. A cambio, recibía la limosna. Generosa, abundante, pero limosna al fin.
El "Período Especial": cuando se acabó el benefactor
En 1991 cayó el Muro y Cuba se quedó sin proveedor. No fue una crisis económica al uso: fue el descalabro brutal de un país que nunca había aprendido a sostenerse a sí mismo. El PIB cayó más del 35% en cuatro años. La gente comió gatos, se desmayaba en las paradas de guagua, perdió dientes por desnutrición.
El régimen llamó a aquello "Período Especial en Tiempos de Paz", una obra maestra del cinismo lingüístico castrista. No tenía nada de especial: era simplemente lo que ocurre cuando un país acostumbrado a la limosna se queda sin limosnero.
Venezuela: la sanguijuela en acción
Apenas Cuba olió la oportunidad, se enganchó como sanguijuela a Hugo Chávez. Y durante casi dos décadas chupó el petróleo venezolano hasta dejar a Venezuela en la ruina: más de 100.000 barriles diarios subsidiados, a cambio de "médicos" cuyos sueldos confiscaba el régimen, de asesores en represión, de inteligencia para perpetuar el chavismo en el poder. Cuba no salvó a Venezuela: Cuba se la comió.
Cuando los venezolanos despertaron, ya era tarde para ellos. Entonces el régimen saltó a México, a Rusia otra vez, a cualquier sitio donde pudiera tender la mano.
Las remesas: la limosna del cubano de a pie
Pero hay una limosna aún más grande, más constante y más humillante: la que mandan los propios cubanos desde el exilio. Miles de millones de dólares al año en remesas que sostienen el consumo interno, que llenan las MLC, que pagan las medicinas que el sistema de salud "gratuito" ya no entrega, que compran el pollo que la libreta no da. Los mismos a quienes el régimen llamó "gusanos", "escoria" y "apátridas" son hoy quienes mantienen viva la isla. Sin Miami, sin Madrid, sin Tampa, sin Houston, Cuba ya se habría desplomado hace años. La diáspora es, hoy por hoy, la principal subvencionadora del régimen que la expulsó.
El presente: barcos de donación y el sombrero en la mano
Y llegamos a 2026. El último barco de petróleo que entró a Cuba fue una donación Rusa. El anterior, otra donación Mexicana. El régimen ha admitido públicamente que necesita ocho barcos mensuales para sostener mínimamente al país, pero no tiene con qué pagarlos. ¿La solución oficial? Pedir. Pedir a México, pedir a Rusia, pedir a China, pedir a Vietnam, pedir a la ONU, pedir al Programa Mundial de Alimentos. Arroz donado, leche en polvo donada, medicinas donadas, azúcar donada —¡azúcar donada a Cuba!, el país que durante un siglo fue la azucarera del mundo—.
La perla del Caribe se ha convertido oficialmente en el mendigo del mundo.
¿Hasta cuándo?
¿Hasta cuándo vamos a aceptar que nuestro gobierno mantenga un modelo económico cuya única lógica de funcionamiento es la mendicidad internacional? ¿Hasta cuándo la "soberanía" se va a medir en cuántos barcos donados llegan al puerto del Mariel?
Un pueblo trabajador, emprendedor, talentoso —el cubano lo es, lo demuestra cada día en Miami, en Madrid, en Quito, en Houston, en cualquier lugar donde lo dejan trabajar en libertad— está condenado a la mendicidad porque un régimen ideológicamente fosilizado se niega a soltar el control. Porque mantener el poder es más importante que dejar producir. Porque permitir que el cubano prospere dentro de Cuba sería admitir que sesenta y siete años de "revolución" fueron sesenta y siete años de fracaso.
La verdad es esta, sin guapería pero sin eufemismos: Cuba no es pobre por el embargo. Cuba es pobre porque su régimen escogió el camino de la limosna por encima del camino de la producción. Y mientras ese régimen siga en pie, Cuba seguirá siendo lo que hoy es: el mendigo del mundo.
La pregunta no es si el modelo va a colapsar —ya colapsó—. La pregunta es cuánto tiempo más los cubanos vamos a aceptar vivir dentro de las ruinas de ese colapso, esperando el próximo barco donado, la próxima remesa, la próxima limosna.
Archivado en:
Artículo de opinión: Las declaraciones y opiniones expresadas en este artículo son de exclusiva responsabilidad de su autor y no representan necesariamente el punto de vista de CiberCuba.