Raúl Lora: un artista entre la escena, la música y la fe

“Grandes de la actuación no pueden sostenerse; me vi en su espejo y opté por la música”, confiesa el actor, cantante y presentador cubano Raúl Lora.



Raúl Lora © Cortesía a CiberCuba
Raúl Lora Foto © Cortesía a CiberCuba

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Hay trayectorias que no pueden encerrarse en una sola etiqueta. La de Raúl Lora es una de ellas: un creador que ha sabido moverse con naturalidad entre la actuación, la música y la animación, sin perder nunca la raíz espiritual que lo sostiene, Yemayá, deidad que guía su camino espiritual dentro de la religión yoruba.

Desde su infancia en Niquero, Granma, hasta su consolidación en la televisión y los escenarios cubanos, su vida es el reflejo de una vocación artística que se alimenta de disciplina, sensibilidad y una profunda conexión con su identidad cultural y religiosa. En cada proyecto, Raúl no solo interpreta personajes o canciones, sino que entrega fragmentos de su propia esencia.

Raulito, te conozco desde que eras casi un niño y me alegra mucho que hayas accedido a esta charla. ¿Qué estás haciendo ahora?

Julita, un placer poder conversar contigo. Hacía mucho tiempo que no lo hacíamos. Te cuento que llevo cuatro años como presentador animador en el segundo show de Tropicana de Cuba, tengo un espacio en las noches. Además, todos los sábados de 2 a 7 p.m., protagonizo «Sábado Diferente con Raúl Lora y su gente», algo muy bonito donde tengo la oportunidad de escenificar varias manifestaciones del arte: cantar, presentar, animar y estar a tono con los tiempos actuales; siempre con un invitado especial y con buenos amigos en el humor. También, de jueves a domingo, estoy en el bar restaurante Vitrola Social Club.

Siempre hablabas de tu natal Niquero. ¿Qué momentos de tu infancia consideras que más influyeron en tu sensibilidad artística?

Pues sí, en el año 1983, el 17 de octubre, nací en Niquero, Granma; ese municipio que con tanto amor y con tanto cariño sigo defendiendo a capa y espada, dondequiera que me paro.

Y por supuesto que Niquero ¡claro que influyó en mi persona! Mi barrio, mi familia, una bonita educación, una niñez de juegos con los niños, que por cierto, es una lástima que hoy los niños, por culpa de la tecnología, no tengan un trompo, una carriola y que todo se centre en los móviles, las tablets, las laptops.

De hecho, el tema donde le canto a Niquero se llama «Seguro que yo vuelvo», y ahí hablo del trompo, la carriola, el papalote, el barrio. Yo fui un niño sumamente feliz. No había aventura que yo no estuviera haciendo o interpretando.

¿En qué momento descubriste que querías dedicarte al arte y cómo reaccionó tu entorno familiar ante esa decisión?

Yo soy artista desde chiquito. Cuando había alguna fiesta del barrio, alguna historia, alguna comparsa, ahí estaba Raúl Lora también. De hecho, comienzo siendo parte de los actores del dramatizado de la Casa de la Cultura y posteriormente en la Radio Portada de la Libertad, cuando se fundó.

Radio Portada es la emisora municipal de Niquero, con una programación que incluye noticias, programas, revistas y que se ha ganado el reconocimiento nacional de la radio cubana. Yo me enorgullezco de ser uno de sus fundadores.

Y siempre recibí el apoyo familiar; es lindo reconocerlo. Guardo gratos momentos de aquel entonces.

Tu paso por la Escuela Nacional de Arte fue clave. ¿Cuándo llegaste a La Habana?

En el año 1998 vine para La Habana a estudiar en la Escuela Nacional de Arte. Había que hacer o firmar un documento que decía que uno tenía que regresar a fortalecer la cantera de la provincia de donde venía.

En la ENA tuve la oportunidad de superarme como ser humano, como artista, como persona.

Aprender esa savia de la parte dramática, de todos esos grandes dramaturgos, Stanislavski, entre muchos otros. Y por supuesto, compartir con estudiantes de toda la isla. Fue algo muy interesante, además de estudiantes internacionales que iban a estar ahí, a aprender, a crecer en el arte.

Al graduarme, regresé a mi tierra y estuve un tiempito haciendo mi servicio social pero… ¡ya el guajiro había probado La Habana! Así que volví a la capital. Yo había hecho cosas en la televisión como la novela «Doble juego», dirigida por Rudy Mora, y el programa musical «Colorama».

Después me cogió el servicio militar y tuve que regresar a Niquero. Y bueno, luego de vuelta a La Habana, nuevamente.

Hablando del arte dramático, de la actuación. El personaje de «Lizardo» en la telenovela «Oh, La Habana» te dio gran visibilidad. ¿Qué significó ese papel en tu carrera y qué retos te dejó luego de haber trabajado con Enrique Almirante?

¡Uff! ¿Qué decirte de compartir cámara con Enrique Almirante? Fue una clase continúa de profesionalismo, actuación, humanidad. Enrique era un ser humano especial; aprendí mucho de él y, por supuesto, tuve que experimentar lo que es estar encima de un ring.

Fue un casting muy especial el que tuve que pasar para interpretar al «Lizardo Camacho» en «Oh, La Habana», personaje que me dio gran visibilidad. Tuve que entrenar ocho meses boxeo en el gimnasio Rafael Trejo, de La Habana Vieja. ¡No fue fácil, Julita! Tú que has compartido tantos años con los púgiles cubanos en competencias y entrenamientos sabes lo que te digo. Tuve que incorporar en mi mente que yo era un boxeador y creo que no me salió mal, ¿verdad? Jajajajaja...

Puedo afirmar que ese personaje marcó un antes y un después en mi vida. De hecho, hoy día todo el mundo se ha quedado conectado con Lizardo, el joven boxeador llevado de la mano de un entrenador trabajador y amoroso como el interpretado por el gran Enrique Almirante.

A la par de la actuación, llevo mi vena musical, primero con la agrupación Suena Cubano y después, Los Ángeles de La Habana. Estando en Los Ángeles de La Habana, tengo que interrumpir ese tiempo con ellos, un año, un año y tanto para volver al arte dramático.

He hecho tres telenovelas cubanas: «Doble Juego», dirigida por Rudy Mora; «Oh, La Habana» bajo la dirección de Charles Medina, en la que interpreto el personaje de Lizardo, el boxeador, y «Añorado encuentro», con un papel negativo, el antagónico.

Además de las novelas, ¿qué otros papeles has desempeñado?

Después de «Añorado encuentro» vinieron los «Tras la Huella», en los cuales todo de cierta forma funcionó en la parte actoral. Así las cosas, hubo un momento que tuve que poner una pausa pues, realmente, tremendísimos actores no llevaban una vida acorde a su calidad y no quise mirarme en ese espejo.

¿Podría decirse que esa es la causa por la que te alejaste de las producciones dramáticas?

Pues, sí. No vi futuro en la actuación, más para los tiempos que se avecinaban (la vida me ha dado la razón). Y que se sepa que no estoy cerrado al tiempo televisivo, al tiempo actoral, pero el mundo musical y el mundo de la animación sí me ofrecen una base económica que respalde mi vida actual, esta que vivo como padre, como ser humano, como cubano de a pie, que sigue en esta hermosa isla antillana, ¿me entiendes?

Perfectamente te entiendo. En la música has explorado géneros como el reggaeton, la cumbia, el son, lo tropical... ¿Cómo defines tu identidad musical dentro de esa diversidad?

¡Buena esa! A mí me gusta todo, o casi todo. Me defino como un «todo terreno» musical: he cantado reggaeton, cumbia, estuve en el género tropical, salsa, merengue, bachata, entre muchos otros, y el son tradicional que me encanta; mención muy especial para el septeto santiaguero Moneda Nacional, que escribe muchas de mis canciones.

Llegué a tener un grupo de formato pequeño, pero tuve que interrumpirlo porque «se puso duro el pitcheo», hablando en términos beisboleros: estaba pegadito, bajitico el picheo y llegó el momento que estaba prácticamente trabajando más para los músicos que para mi propia persona y entonces decidí hacer mi carrera en solitario.

De hecho, he conocido varios países, Canadá, Líbano, Rusia, España, Polonia, Alemania, y ha sido gracias a que era yo solo. Me han dado la cobertura de salir solo y así, si aparece alguna propuesta de trabajo ahí voy.

¿Siempre acompañado de la madre de todos los orishas?

Mi vida espiritual, por supuesto, soy hijo de Yemayá, tengo coronado la Santísima Virgen de Regla, asentado en mi lerí.

Yemayá es la santa dueña del mundo. Tengo hecho Yemayá, acompañado de Changó, o sea, oní oní. Amo mi parte religiosa, donde por supuesto le pido a todas mis deidades que cada día me den la oportunidad de seguir adelante y luchando.

Raulito, aún eres muy joven, pero ¿cómo te gustaría ser recordado?

El legado que me gustaría dejarle a las nuevas generaciones es que todo lo hagan con amor, que no dejen de soñar; pero que mantengan los pies sobre la tierra y por encima de todo, en estos tiempos tan difíciles. Ser práctico y luchador, pero sin dejar de ser humildes.

El ego no trae nada bueno; el dinero hace falta, pero no es la finalidad de la vida, porque un día vinimos al mundo y un día nos vamos. Soy masón, mis hermanos me reconocen como tal, soy afrocubano, soy cubano, que es lo más importante; así que muchas bendiciones.

Raúl Lora se despide con la calma de quien ha aprendido a habitar distintos mundos sin perder el suyo propio. Entre la televisión, la música y los escenarios donde hoy continúa su labor como presentador y artista, deja claro que su camino no ha sido lineal, pero sí coherente con lo que es.

Su historia es la de un hombre que ha sabido reinventarse sin traicionarse, sosteniéndose en su fe, su origen y su amor por el arte. Y en esa mezcla de vivencias, queda una certeza: su voz, en cualquiera de sus formas, sigue siendo un puente entre lo que fue, lo que es y lo que aún está por crear.

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Julita Osendi

Graduada de Periodismo en la Universidad de La Habana 1977. Periodista, comentarista deportiva, locutora y realizadora de más de 80 documentales y reportajes especiales. Entre mis coberturas periodísticas más relevantes se hallan 6 Juegos Olímpicos, 6 Campeonatos Mundiales de Atletismo, 3 Clásicos






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Julita Osendi

Graduada de Periodismo en la Universidad de La Habana 1977. Periodista, comentarista deportiva, locutora y realizadora de más de 80 documentales y reportajes especiales. Entre mis coberturas periodísticas más relevantes se hallan 6 Juegos Olímpicos, 6 Campeonatos Mundiales de Atletismo, 3 Clásicos

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