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La organización ecologista Sea Shepherd denunció la muerte de 706 delfines en tres cacerías realizadas el pasado miércoles en las Islas Feroe, archipiélago autónomo situado en el Atlántico norte entre Islandia, Noruega y Escocia. Las imágenes difundidas por la ONG muestran playas repletas de personas, incluidos niños, contemplando cómo los animales eran conducidos a la orilla a la fuerza y sacrificados mientras el agua se teñía de rojo.
Según el reportaje de El País, se trata del llamado grind o grindadráp, método de captura que se remonta al siglo IX y consiste en rodear manadas de cetáceos con embarcaciones, bloquear la salida de las bahías y empujar a los animales hacia la orilla para sacrificarlos. Sea Shepherd advirtió que «la magnitud de estas matanzas supera ya los dos tercios del total de mamíferos marinos sacrificados en las islas durante todo el año pasado», cuando murieron alrededor de 1.000 animales.
Entre los cetáceos sacrificados había calderones, delfines de flancos blancos atlánticos y algunos delfines mulares, todas especies clasificadas como de «preocupación menor» en la Lista Roja de la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza. 406 de los 706 animales fueron abatidos en Tórshavn, la capital del archipiélago, indica el reporte.
Las condiciones en que se desarrollaron las cacerías agravaron aún más el cuadro. Valentina Crast, responsable de la campaña de Sea Shepherd en las Islas Feroe, denunció que «los propios cazadores reconocieron que había escasez de lanzas espinales, cuyo uso es obligatorio para sacrificar a los delfines. Como consecuencia, varios mamíferos marinos fueron abatidos únicamente con cuchillos». Dos integrantes de la organización fueron arrestados mientras documentaban los hechos y enfrentaban posible deportación, amplía el diario español.
Crast también cuestionó la justificación alimentaria que esgrimen las autoridades locales. «La demanda de carne de ballena y delfín ronda aproximadamente un kilo por persona al año. Con una población de 55.000 habitantes, eso supondría unas 55 toneladas anuales», señaló, recordando que un solo calderón puede proporcionar entre 1,5 y dos toneladas de carne y grasa, por lo que «no se necesitaría matar cientos de delfines y calderones al año».
El biólogo Bruno Díaz López, director del Instituto para el Estudio de los Delfines Mulares (BDRI), fue contundente: «Estamos hablando de delfines, que son mamíferos superiores altamente sociales, con similitudes enormes con especies como la nuestra, es el equivalente a un primate en el medio terrestre». Para el investigador, la práctica «no tiene ninguna justificación en la sociedad actual, tampoco desde el punto de vista biológico ni científico, solo es una forma de arrastrar tradiciones antiguas que se instauran como un símbolo de orgullo patrio». Añadió que el consumo de carne de cetáceo ha caído en el propio archipiélago por las altas concentraciones de metales pesados que acumulan estos animales.
Las Islas Feroe, aunque forman parte de Dinamarca, no pertenecen a la Unión Europea y no están obligadas a cumplir la normativa comunitaria ni los acuerdos internacionales de protección de cetáceos. Crast lamentó que «Bruselas ha criticado estas cacerías en varias ocasiones, pero sin que ello se traduzca en medidas de presión política o económica efectivas», añade el reporte de la periodista Esther Sánchez.
No es la primera vez que el archipiélago protagoniza un episodio de esta magnitud. En 2021, la caza de 1.423 delfines en un solo día desencadenó una condena internacional sin precedentes; las autoridades lo atribuyeron a un error de cálculo del tamaño de la manada. Encuestas posteriores indicaron que cerca del 70% de la población feroesa se oponía a la caza de delfines, aunque la presión social interna sigue siendo un freno para la disidencia abierta.
En Cuba, los cetáceos también han protagonizado episodios que llamaron la atención pública. En febrero de este año, una ballena apareció muerta en la playa de Santa Lucía, en Pinar del Río, y en abril de 2025, como parte de un esfuerzo por rescatar el sector turístico, el régimen cubano relanzó un programa de terapias asistidas con delfines en hoteles de lujo de Cayo Guillermo, con el fin de captar familias extranjeras interesadas en servicios médicos de esta índole.
Cuba no tiene tradición de caza de cetáceos, pero la precariedad de recursos para la conservación marina en la isla contrasta con la indiferencia institucional que denuncian los conservacionistas en otros contextos.
Para Díaz López, la única salida sostenible pasa por el cambio cultural desde adentro: «Hay que trabajar desde dentro, educar, no puede depender solo de que un político lo prohíba, porque luego puede llegar otro que dé marcha atrás y lo vuelva a autorizar».
Preguntas frecuentes sobre la caza de delfines en las Islas Feroe
CiberCuba te lo explica:
¿Qué es el grindadráp en las Islas Feroe?
El grindadráp es una antigua tradición de caza de cetáceos en las Islas Feroe, que se remonta al siglo IX. Consiste en rodear manadas de cetáceos con embarcaciones, bloquear la salida de las bahías y empujar a los animales hacia la orilla para sacrificarlos. Esta práctica es criticada por su crueldad y su impacto en las poblaciones de mamíferos marinos.
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¿Cuántos delfines murieron en el último grindadráp en las Islas Feroe?
En el último grindadráp, murieron 706 delfines en tres cacerías realizadas en un solo día. Este evento ha generado críticas internacionales y ha superado la magnitud de matanzas anteriores en el archipiélago.
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¿Qué especies de cetáceos fueron sacrificadas en las Islas Feroe?
Durante el grindadráp, fueron sacrificados calderones, delfines de flancos blancos atlánticos y algunos delfines mulares. Todas estas especies están clasificadas como de «preocupación menor» según la Lista Roja de la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza.
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¿Cuál es la postura de organizaciones como Sea Shepherd sobre el grindadráp?
Sea Shepherd, junto con otras organizaciones ecologistas, condena firmemente el grindadráp por su crueldad y la magnitud de las matanzas de cetáceos. Critican especialmente la falta de justificación alimentaria y la tradición de esta práctica, que consideran obsoleta y dañina para los ecosistemas marinos.
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