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La geoquímica del petróleo responde una pregunta que tiene consecuencias directas sobre la crisis energética cubana: ¿por qué el crudo que produce la isla es mayoritariamente pesado y cargado de azufre?
Según un análisis publicado en Juventud Técnica por el Dr. Rafael Tenreyro Pérez, la respuesta está en millones de años de procesos geológicos que determinaron la composición de la roca madre de los grandes yacimientos del norte del país.
«En Cuba se han descubierto unos cincuenta yacimientos de petróleo, la menor parte de ellos de petróleo extrapesado. Sin embargo, por su volumen, el petróleo pesado y altamente sulfuroso representa la mayor parte de la producción», escribió Tenreyro Pérez, quien fue jefe de Exploración de la Unión Cuba Petróleo (CUPET) durante 16 años hasta su retiro en 2016.
Los estudios geoquímicos han identificado tres familias de crudos en la isla. La más importante por volumen —la Familia I— «proviene de una roca madre carbonatada del Jurásico Superior, depositada en ambiente extremadamente anóxico y materia orgánica marina rica en compuestos azufrados».
Esta familia está presente en los principales yacimientos de la costa norte, entre La Habana y Varadero, y tiene similitudes con crudos de México.
El factor decisivo es la temperatura a la que el crudo abandonó la roca que lo generó. «En los yacimientos, el crudo pesado escapó de la roca madre a bajas temperaturas (petróleo inmaduro) y conserva un alto contenido de azufre», explica el especialista.
Cuanto menor es la maduración térmica del petróleo, mayor su densidad y mayor su contenido de compuestos sulfurosos, lo que reduce su valor comercial y complica su refinación.
Las gravedades API de los principales campos del norte ilustran esta realidad: Varadero registra alrededor de 10,5° API; Boca de Jaruco oscila entre 11° y 14,7°; Puerto Escondido entre 11,3° y 13,4°; y Seboruco entre 8° y 12°. Solo Santa Cruz del Norte alcanza unos 19° API. Para referencia, un crudo ligero supera los 31° API.
Las Familias II y III de crudos cubanos, presentes en otras zonas de la isla, son más ligeras y con menor contenido de azufre, pero representan una fracción menor de la producción total. En algunos puntos se han hallado petróleos de la Familia I con mayor madurez, llegando incluso a 37° API, aunque mantienen altos niveles de azufre.
El propio Tenreyro Pérez señala una paradoja geológica: «La buena noticia es que, de haber tenido otro tipo de materia orgánica, esos yacimientos no existirían hoy». Fue precisamente esa materia orgánica marina rica en azufre, depositada en condiciones anóxicas, la que generó el volumen de crudo suficiente para sostener la producción nacional.
La historia de esa producción arranca en 1969, cuando el descubrimiento de los yacimientos Guanabo y Vía Blanca —ambos de petróleo pesado— abrió una nueva era.
La perforación de unos 12 pozos exploratorios a principios de los años setenta a lo largo de la costa norte llevó al hallazgo de ocho campos más, entre ellos Boca de Jaruco, Puerto Escondido, Yumurí, Camarioca y Varadero.
«Si hasta 1968 la producción total de la isla promediaba, en sus mejores años, unos quinientos barriles diarios, el desarrollo de los campos cercanos a la costa norte entre La Habana y Varadero permitió multiplicar por más de cien veces esos niveles de producción», recuerda el autor.
Esta realidad geológica tiene hoy consecuencias directas sobre la crisis energética. Cuba produce alrededor de 40,000 barriles diarios de crudo —mayoritariamente pesado y de difícil refinación—, frente a una demanda estimada de entre 90,000 y 110,000 barriles diarios.
El déficit estructural, agravado por la fuerte caída en las importaciones de petróleo y la reducción de los suministros venezolanos y rusos, está detrás de los apagones masivos que padece la población cubana.
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