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El discurso del presidente Trump del 4 de enero del 2026 me dejó atónito. En 15 segundos dijo que María Corina (Machado) no tenía el apoyo del pueblo venezolano y le puso la tapa al pomo dos veces con eso de que ella no tenía el respeto del pueblo.
Habló de petróleo, pero no de libertad ni de democracia. Más atónito me quedé cuando le dio empleo a Delcy Rodríguez, una de las principales causantes de la desgracia en Venezuela. Ella sigue siendo la vicepresidente, pues Trump es el presidente de facto de Venezuela pues dirige el país por control remoto. Más sorprendido sigo cuando meses después el Departamento de Justicia de Estados Unidos retira las investigaciones que llevaba a cabo contra ella.
Cuando EE.UU. extrae a Maduro, en uno de esos helicópteros debió ingresar al presidente electo, Edmundo González Urrutia. Estados Unidos tenía el poder de imponerlo con legitimidad democrática, en vez de a la vice-usurpadora. Todo estaba en su lugar. El líder del mundo libre restaurando así la democracia en el país latinoamericano de mayor historia democrática. Pero no, no fue así. La única respuesta que he recibido es que María Corina felicitó a Biden cuando este fue electo. ¿Y? Es normal que el que es electo presidente sea felicitado, es protocolar. Si de veras ésta fue la razón, quiere decir que un berrinche personal es capaz de sobreponerse a los intereses nacionales, pues, hasta ese momento, la promoción de la democracia era el pilar de la diplomacia norteamericana. No quiero esta salida para Cuba y me niego a aceptarla para Venezuela. Hay otras dos acciones que se pudieran tomar hoy para corregir esta situación.
Que el presidente electo se persone en Miraflores y fuerce la situación. Es como robarse el home en béisbol. No hay que hacer elecciones pues las actas se encuentran salvaguardadas en Panamá.
En su defecto, que se hagan elecciones inmediatas en Venezuela para que María Corina, por fin, se convierta en la líder indiscutible del pueblo venezolano. Si se pudieron hacer elecciones bajo Maduro ¿cómo no se podrán hacer bajo su vice?
Pero nada de esto va a suceder. Es notable que María Corina le haya dado la vuelta al mundo desde Oslo, por toda Europa, Washington y hasta Panamá, y que no haya visitado el sitio donde más venezolanos hay en Estados Unidos, el Doral.
María Corina se ha sacrificado tratando de no enojar a Trump por el bien de su país. Si viene a Doral, justo donde Trump tiene su hotel y campo de golf, Trump se enojaría al ver a los exiliados darle una recepción extraordinaria a la persona que él ha boicoteado. Sería una fiesta llena de fervor, amor y admiración hacia ella. Así que nos toca a los demás levantar nuestra voz para que cuando por fin vaya a Doral sea con la banda presidencial sobre su pecho, camino a la Casa Blanca para por fin entrar por la puerta ancha.
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