Las lágrimas de Anna Bensi, un poderoso mensaje a la conciencia de los miembros del Minint

Un régimen que teme a la palabra de una joven desarmada cuya única fuerza proviene del ejemplo de Cristo, es un régimen asustado y en fase terminal. Lo que lo hace más peligroso. La fiera herida da zarpazos a ciegas



Ana Bensi, tras el interrogatorio al que fue sometida durante horas. Foto © CiberCuba

Ayer, al ver a la joven cristiana Anna Sofía Benítez, conocida en las redes como Anna Bensi, salir llorando de una unidad policial después de horas de interrogatorio, sentí dolor, indignación y se fortaleció aún más mi esperanza. Dolor, porque nadie debería padecer ese tipo presión por expresar sus ideas, defender su fe o reclamar derechos. Indignación, porque la intimidación sigue siendo el recurso de un régimen incapaz de responder con razones y soluciones para los muchos y graves problemas que ha creado. Y esperanza, porque el terrorismo de Estado tampoco esta vez, logró silenciarla: rodeada de amigos, su fragilidad humana se convirtió nuevamente en sólido testimonio de valentía.

Reportes indican que esta talentosa joven acudió a una citación policial y permaneció retenida durante horas para recibir una supuesta “advertencia oficial”. Al salir, abrazó llorando a quienes la esperaban. Comprendemos el peso de una experiencia así: incertidumbre, interrogatorios, amenazas veladas o explícitas, presión sobre una joven decente por atreverse a hablar de la terrible realidad de Cuba.

Eso no es fortaleza. Ningún gobierno demuestra seguridad cuando necesita vigilar, citar, hostigar y amedrentar a una joven porque publica videos axiomáticos. Revela debilidad. Un régimen que teme a la palabra de una joven desarmada cuya única fuerza proviene del ejemplo de Cristo, es un régimen asustado y en fase terminal. Lo que lo hace más peligroso. La fiera herida da zarpazos a ciegas.

Mientras veía indignado a Anna llorar, recordé un video que me había enviado hace una semana alguien que se identificó como policía cubano y que acabo de publicar en mis redes. Su mensaje merece atención por lo que expresa: un llamado a sus compañeros a no reprimir, a ponerse del lado del pueblo y a comprender que la situación nacional se ha vuelto insostenible. También se dirige al dictador Raúl Castro y a su títere Miguel Díaz-Canel, con una invitación clara a abandonar el poder.

Ese mensaje encierra una verdad que ningún aparato de propaganda puede ocultar: quienes integran la Policía Nacional Revolucionaria, el Ministerio del Interior y otras estructuras del régimen no son una casta ajena a la realidad nacional. Son cubanos que tienen madres, padres, hijos, hermanos, vecinos; padecen la miseria extrema, el deterioro de los hospitales, la escasez, la inflación, los apagones y la falta de futuro. Muchos provienen de hogares humildes y conocen perfectamente el sufrimiento que produce el régimen castrocomunista.

Un uniforme no puede anular la conciencia de una persona de bien, una orden no transforma en justo lo injusto, un interrogatorio interminable no deja de ser cruel porque  le llamen “entrevista”. Vigilar, citar, detener, acosar, amenazar, golpear o torturar a un ciudadano pacífico no es defender a Cuba. Es defender a un grupo de poder que oprime a todo un pueblo.

Quienes hoy obedecen órdenes arbitrarias todavía están a tiempo de detenerse. Su misión es proteger al pueblo, no reprimirlo. Imaginen que sentirían viendo a su hija, hermana o madre, salir llorando de una estación policial después de horas de presión y amenazas. ¿Querrían para los suyos el trato que aplican a Anna Bensi y a tantos otros cubanos decentes?

Un policía puede y debe negarse a cumplir órdenes arbitrarias. No debe fabricar falsas acusaciones, ni prestar su firma para consumar una injusticia. Los policías deben y pueden tratar con dignidad a quien tienen delante. Pueden y deben  decidir que no serán la mano que apriete más el cerco sobre un pueblo ya exhausto.

Cuba necesita servidores públicos, no comisarios y represores políticos. Necesita agentes que protejan a los vulnerables, persigan el delito real y respeten la ley, no ejecutores de la venganza de un partido supremacista. Necesita instituciones que sirvan a todos, no mecanismos para castigar a quien piensa distinto.

Las lágrimas de Anna Bensi son una poderosa denuncia, pero también una pregunta dirigida a cada miembro de las fuerzas represivas: ¿hasta cuándo? La respuesta está en sus manos. No repriman al pueblo. Pónganse del lado de la dignidad, de la justicia y de Cuba. Porque cuando llegue la hora inevitable del cambio, nadie podrá decir que no tuvo la oportunidad de elegir, de hacer lo correcto.

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José Daniel Ferrer García

José Daniel Ferrer García (Palma Soriano, 1970). Coordinador de UNPACU y presidente del Partido del Pueblo.






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