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En 2012, Hugo Chávez subió a un estrado en Playa Grande, estado La Guaira, para celebrar la entrega del Urbanismo Hugo Chávez Frías, un complejo de viviendas construido con cooperación turca que prometía ser el símbolo de que los más pobres también podían tener una vida digna.
Catorce años después, ese mismo complejo es un campo de escombros tras los terremotos de magnitudes 7.2 y 7.5 que sacudieron Venezuela el 24 de junio de 2026.
El corresponsal de VPItv Johan Álvarez, quien recorrió la zona el martes —13 días después del sismo—, documentó la magnitud del desastre: de las aproximadamente 190 edificaciones del urbanismo, cerca del 80% colapsaron por completo.
«Este urbanismo de al menos 190 edificaciones, pues casi el 80% aproximadamente de las construcciones colapsaron en su totalidad», señaló Álvarez, quien además advirtió que la construcción «no responde a estándares internacionales» y que las edificaciones «han sido muy cuestionadas».
El complejo, levantado por la empresa turca Summa en el marco de un convenio bilateral firmado en 2011, albergaba a unas 3,400 familias. Según un reportaje de Milenio Televisión, los edificios de cuatro pisos fueron construidos con materiales ligeros —telgopor, aluminio y láminas delgadas— en lugar de hormigón y acero, sin cimentación adecuada y sin vigas ni columnas capaces de soportar el peso de la estructura.
«Ustedes pueden observar cómo todo esto es plástico, no tienen cimientos en la parte de abajo, no hay ningún tipo de cimentación, es nada más una muy leve capa de un material muy delgado», describió el reportero de Milenio TV al mostrar los restos de las viviendas.
Durante la inauguración, Chávez había celebrado la obra como un logro de la cooperación internacional: «Gracias a la cooperación con Turquía, que es una empresa turca que se llama Suma, trabajando, trayendo tecnología, trayendo maquinaria, construyendo junto con nosotros este conjunto residencial, frente al mar».
Lo que el entonces presidente no mencionó —y lo que investigaciones de Armando.info documentaron desde hace más de una década— es que el proyecto nació de una decisión personal de Chávez, quien quedó impresionado por obras de Summa en Libia, y que las construcciones nunca cumplieron las normas sísmicas venezolanas.
La promesa de viviendas «antisísmicas» resultó ser una de las mentiras más costosas del chavismo. Emanuel Figueroa, residente del complejo, perdió a su esposa y a su hija cuando el edificio colapsó.
«Aseguraron que estas viviendas iban a ser unas viviendas fuertes, pues eran antisísmicas y nosotros nos confiamos», declaró Figueroa en el reportaje de Milenio TV.
Sin familia y sin hogar, Figueroa ya no habla como simpatizante del gobierno. Su mensaje es directo: «No crean en palabras, ni en pajaritos preñados, porque le va a pasar lo mismo que a nosotros. Creímos y pensábamos que esto iba a ser bueno cuando era malo, era malísimo. Y los más pobres nuevamente se quedaron sin casa y la mayoría sin familia».
El colapso del Urbanismo Hugo Chávez reabrió además el debate sobre los contratos del empresario Alex Saab con la Gran Misión Vivienda Venezuela, programa que según un reportaje de Infobae estuvo vinculado a contratos millonarios con irregularidades documentadas.
El balance oficial del terremoto reportó más de 3,500 muertos y 16,740 heridos, mientras la ONU estimó más de 50,000 desaparecidos. En La Guaira, la zona más golpeada, más de 17,000 personas quedaron sin vivienda tras el colapso de 250 edificios.
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