Cuba: El 11J cinco años después

“¡Lo mataron!”  “¡Lo mataron!”  “¡Asesinos! Era la tarde del 12 de julio de 2021 y el subteniente Yoennis Pelegrín, acababa de vaciar el cargador de su pistola contra ciudadanos que pedían libertad, y que se encontraban, según su propia declaración, a una distancia aproximada de 30 o 40 metros, en La Güinera (Arroyo Naranjo). La bala entró por la espalda y el esbirro afirmó que disparó en legítima defensa



Imágenes de las protestas en 10 de Octubre y de los operativos represivos del 11 de julio de 2021 en ese municipio habanero. Foto © CiberCuba

“¡Lo mataron!”  “¡Lo mataron!”  “¡Asesinos! Era la tarde del 12 de julio de 2021 y el subteniente Yoennis Pelegrín, acababa de vaciar el cargador de su pistola contra ciudadanos que pedían libertad, y que se encontraban, según su propia declaración, a una distancia aproximada de 30 o 40 metros. La bala entró por la espalda y el esbirro afirmó que disparó en legítima defensa.

Dijo este jefe de sector de la PNR en Mantilla, Arroyo Naranjo, que escuchó a alguien gritar: “Le diste a uno”. Y sí, uno de los 8 proyectiles de su pistola Makarov entró por la espalda de Diubis Laurencio Tejeda, atravesó el tórax y lesionó el tronco de la arteria pulmonar, provocándole una hemorragia interna mortal.

Diubis Laurencio, alias Pikirí, o simplemente Piki, no fue el único baleado en esa jornada de masivas protestas contra el régimen Castrocomunista, pero sí fue la única víctima mortal reconocida por la dictadura. Luego del asesinato, la policía política se impuso arbitrariamente durante todo el funeral y hasta obligaron a la familia a cremar el cadáver. Los medios oficiales de comunicación, como siempre hacen, mintieron y lo presentaron como un vulgar delincuente.

Cinco años después este crimen continúa impune. La familia espera justica para Piki. Un cubano humilde de 36 años de edad, aficionado al reguetón, cuyo delito consistió en filmar con su móvil la protesta del pueblo indignado, en La Güinera, municipio Arroyo Naranjo, en la capital de la Mayor de las Antillas. El oficial asesino sigue libre y en la policía, según fuentes consultadas durante los últimos días.

Pero todo comenzó en la mañana del día anterior en San Antonio de los Baños, Artemisa. El pueblo de esa localidad del Occidente cubano decidió salir a las calles a protestar contra el colapso sanitario, la miseria extrema y la falta de libertades. Las protestas se extendieron rápidamente por La Habana, Santiago de Cuba, Palma Soriano, Holguín, Bayamo, Camagüey, Santa Clara, Cárdenas y decenas de localidades más. Cientos de miles de personas salimos a gritar: “¡Libertad!”, “¡Patria y Vida!”, y “¡Abajo la dictadura!”.

Ante las más grandes protestas en seis décadas, asustados, los Castro indicaron a su títere, Miguel Díaz-Canel, que diera la orden de reprimir brutalmente: “La orden de combate está dada, a la calle los revolucionarios”, dijo el administrador de la familia real, y policías, tropas especiales, militares vestidos de civil y brigadas parapoliciales, atacaron a los manifestantes. Hubo golpes, disparos, heridos, miles de detenciones violentas, muchas desapariciones temporales y cortes de internet.

Yo había amanecido trabajando y consensuando un documento con varios líderes opositores, sobre la grave crisis que estaba viviendo el país y la necesidad de hacer llegar ayuda humanitaria urgente a los más vulnerables. Me acosté sobre las 7 am con la intención de descansar unas horas. 

Mi esposa Nelva Ortega me despertó, me explicó lo que estaba pasando y decidí salir a la calle a unirme a las manifestaciones. Poco después mi hijo José Daniel Ferrer Cantillo y yo éramos detenidos. Durante un mes fui testigo en la unidad de la policía política de Versalles, Santiago de Cuba, de cómo entraban y salían centenares de detenidos, muchos muy golpeados. 

Organizaciones independientes documentaron más de 1.500 detenciones. Otras estimaciones ubican el número entre 5.000 y 8.000. La fiscalía del régimen reconoció 790 procesados. Hubo sanciones de 20, 25 y más años de prisión. En aquel centro de detenciones, durante los primeros días, los agentes de las fuerzas represivas no podían ocultar el miedo reflejado en sus rostros. Luego fueron sintiéndose más seguros, como morador de vivienda vulnerable a tormentas, al ver que el huracán se alejaba. 

Centenares de jóvenes condenados a prisión, también mujeres y menores de edad. Comenzaba una nueva etapa, la más terrible, del presidio político cubano en mucho tiempo: Hambre extrema, desnutrición severa, pésima higiene, alto riesgo de contraer enfermedades infecciosas como la tuberculosis, chinches, sarna, casi nula atención médica, golpizas, torturas físicas y psicológicas, largos confinamientos en celdas de castigo, incomunicación a los más rebeldes y acoso a familiares. Seis han muerto y se han reportado muchas denuncias de amenazas de muerte y de violación sexual. Al menos tres violaciones reportadas.

Cinco años después del 11 de julio de 2021, más de 300 de los condenados arbitrariamente por aquellas protestas, continúan entre rejas en las peores prisiones del hemisferio occidental. En total, hay hoy en Cuba cerca de 800 prisioneros políticos en las cárceles del régimen y más de 1.300 personas sancionadas. La represión y la miseria extrema que impone la dictadura ha producido un éxodo de más de un millón 300 mil cubanos en este tiempo.

Pero ni la brutal represión, ni la constante emigración, han podido eliminar las ansias de libertad y de vivir con dignidad del pueblo cubano. Hoy la Nación continúa bajo una crisis más profunda aún que la vivida bajo la pandemia de la COVID-19 en aquellos días del verano de 2021. Los interminables apagones, la pobreza y el hambre extremas, la crisis sanitaria, la falta de libertad y de oportunidades, continúan afectando a la mayoría de la población. Esto, unido a la creciente crisis de credibilidad de los dirigentes del Partido Comunista, hace que las calles del país sean escenario de crecientes protestas ciudadanas. 

A un lustro que aquellas protestas históricas, Cuba es un polvorín a punto de estallar. Hasta muchos que sirvan a la dictadura, están convencidos de que solo profundas reformas políticas y económicas, pueden salvar a la Nación. La mayoría de los cubanos, deseamos un urgente y serio proceso de democratización que concluya en la Patria libre, “con todos y para el bien de todos”, soñada por Martí.

O los Castro y su camarilla abandonan el poder, o pronto veremos un nuevo y definitivo 11 de julio desde Maisí hasta San Antonio, y quien de la orden de masacrar al pueblo, terminará como Nicolás Maduro o Alí Jamenei. 

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José Daniel Ferrer García

José Daniel Ferrer García (Palma Soriano, 1970). Coordinador de UNPACU y presidente del Partido del Pueblo.






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