Hundimiento del remolcador 13 de Marzo: Un horrendo crimen que continúa impune 32 años después

En la madrugada del 13 de julio de 1994 María Victoria perdió a su hijo de 10 años de edad, Juan Mario Gutiérrez García, y a otros 13 miembros de su familia, víctimas de uno de los más horrendos crímenes protagonizados por el régimen castrocomunista. Eran 72 los que intentaban escapar de la opresión y la miseria y 41 murieron: 31 adultos y 10 niños, de entre 6 meses y 12 años. Sólo 31 sobrevivieron

Víctimas del hundimiento del remolcador 13 de marzo © Internet
Víctimas del hundimiento del remolcador 13 de marzo Foto © Internet

Vídeos relacionados:

María Victoria García Suárez falleció en la tarde del 4 de enero de 2024 en una sala de cuidados intensivos del Hospital de la Universidad de Miami. Había ingresado 15 días antes para someterse a un procedimiento cardiovascular. Durante un intento de implante de un marcapasos, se produjo una hemorragia. Estuvo bajo coma inducido y conectada a respiración artificial, hasta que su sufrido corazón dejó de latir. Tenía 58 años de edad y abandonó este mundo sin que se le hiciera justicia. 

En la madrugada del 13 de julio de 1994 María Victoria perdió a su hijo de 10 años de edad, Juan Mario Gutiérrez García, y a otros 13 miembros de su familia, víctimas de uno de los más horrendos crímenes protagonizados por el régimen castrocomunista. Eran 72 los que intentaban escapar de la opresión y la miseria y 41 murieron: 31 adultos y 10 niños, de entre 6 meses y 12 años. Sólo 31 sobrevivieron.

El niño Juan Mario subió al remolcador 13 de marzo, una vieja embarcación de madera con más de 100 años de servicio, sin comprender adónde iban. Su madre le había dicho que saldrían a dar un paseo. Nadie imaginaba el terrible destino que les aguardaba por la perversidad de un tirano empeñado en evitar las sustracciones de embarcaciones y en aterrorizar a los muchos cubanos dispuestos a arriesgar sus vidas tratando de escapar del infierno comunista.

Tres embarcaciones mucho más modernas, con casco metálico, de mayores dimensiones que el 13 de Marzo y con potentes bombas y cañones contra incendios -los remolcadores “Polargos 2, 3 y 5”-, envistieron a la vieja embarcación de madera y comenzaron a arrojar poderosos chorros de agua contra 72 personas indefensas. La bebé Hellen Martínez, de 6 meses era la de menor edad y Manuel Cayol, de 56 años, el más viejo. Dos patrulleras “Griffing” de las fuerzas guardafronteras, también estuvieron involucradas en la bárbara acción.

Al comenzar el ataque con chorros de agua, María Victoria cubrió a Juan Mario con su propio cuerpo, girándose continuamente para recibir ella los golpes y evitar que alcanzaran directamente al niño. El agua le impactaba con enorme violencia, mientras su hijo rezaba y le preguntaba qué estaba ocurriendo. Cuando una de las embarcaciones agresoras se montó sobre el 13 de Marzo, y lo abrió, el infante gritó que se rendían. 

Pero el ataque continuó como si los agresores imaginaran que estaban luchando contra un terrible monstruo marino y no contra un viejo remolcador con personas desarmadas encima. Al comenzar a hundirse la nave, María Victoria colocó al niño sobre su cuerpo y le pidió que abrazara sus piernas alrededor de su cintura, que se sujetara de su cuello, tomara aire y no la soltara. Juan Mario obedeció y su última respuesta audible fue: “Sí, mamá”.

Madre e hijo, como muchos otros, fueron tragados por el mar. María Victoria consiguió volver a la superficie con Juan Mario todavía aferrado a ella, pero había tragado mucha agua y ya casi no reaccionaba. Mientras ella trataba desesperadamente de alcanzar una caja flotante donde se sostenían otros sobrevivientes, varias personas se agarraron a sus piernas y su cuerpo buscando salvarse. 

En medio de aquella lucha colectiva por no ahogarse, el niño se desprendió de los brazos de su madre y desapareció en la profundidad. María Víctoria pidió auxilio, pero nadie pudo hacer nada para salvar al niño. Ella sobrevivió, pero nunca recuperó el cuerpo de su hijo. Antes de morir en enero de 2024, pidió que sus cenizas fueran arrojadas al mar, precisamente a 7 millas de Cuba, en el lugar donde había muerto su Juan Mario y otros 13 miembros de su familia.

María Victoria pasó gran parte de los 30 años posteriores a aquel horrible crimen, contando lo sucedido aquella infausta madrugada. Y cada vez que lo narraba, su herido corazón sufría un nuevo sismo que lo acercaba a su colapso final. 

Murió sin que se le hiciera justicia en la tierra. Pero estoy seguro de que Dios, en su inmensa bondad, la acogió en su morada santa, y ella espera paciente el fin del régimen que tanto dolor, sufrimiento y lágrimas ha provocado. Mientras,  el principal responsable de aquel crimen atroz, espera en el infierno a su diabólico hermano, responsable también de muchos crímenes. 

COMENTAR

Archivado en:

Artículo de opinión: Las declaraciones y opiniones expresadas en este artículo son de exclusiva responsabilidad de su autor y no representan necesariamente el punto de vista de CiberCuba.

José Daniel Ferrer García

José Daniel Ferrer García (Palma Soriano, 1970). Coordinador de UNPACU y presidente del Partido del Pueblo.






¿Tienes algo que reportar?
Escribe a CiberCuba:

editores@cibercuba.com

+1 786 3965 689


Este artículo ha sido generado o editado con la ayuda de inteligencia artificial. Ha sido revisado por un editor antes de su publicación.



Sigue leyendo

Sigue bajando para leer más noticias.

No hay más noticias que mostrar, visitar Portada